
¿Qué pesimista mal informado afirma que en este país casi no hay lectores? Cualquiera que lea con atención en el diario los avisos de solicitud de amistad “y quizás una bonita relación”, se dará cuenta de que aquí la mayoría de los ciudadanos, nomás sea los solitarios, son amantes declarados del arte, la música, la literatura y el teatro, y desean, a todo trance, compartir lecturas. Eso sí, con jóvenes muy jóvenes, esbeltas y atractivas (ellos), con caballeros honrados, cultos, decentes, profesionales, respetuosos, sin compromisos, sensibles (ellas).
Cuando los susodichos caballeros, por su parte, solicitan además que la dama sea “de mente abierta”, no podemos evitar leer entre líneas que lo que esperan es la apertura de otra parte de su anatomía.
No falta el desinhibido que de una vez exige color de ojos (claros), pelo (claro) y piel (clara), no sabemos si porque sus intenciones son nacionalsocialistas y frívolas, o porque aspiran a fundar una familia étnicamente pura y sus intenciones son nacionalsocialistas y serias.
O, llegando a extremos de franqueza, buscan a “una mujer servicial, ahorrativa y que no hable mucho”. (¿Por qué no piden de una vez a alguien como el personaje que describen en una obra de García Lorca: Fue educada para sufrir, hará feliz a cualquier hombre?)
Algunas damas no se quedan atrás: detallan con prolija exactitud las veintisiete cualidades de un candidato que debe ser más deslumbrante que una encerrona de arcángeles, y de ellas no dicen ni mu, con lo que generan gordas y calculadoras sospechas.
Están aún pendientes la sección “Él busca a él” y “Ella busca a ella”. Alguna vez me tocó leer en un país extranjero, bajo la primera sección que cito, el anuncio curioso de un varón fastidiado de ambigüedades: “Se busca pareja gay con vistas a relación duradera. Quien no haya concluido aún su psicoanálisis, abstenerse”.
El punto es que el tico lee, y si no lee, le resulta imperativo fingirlo para conseguir amor, amor eterno, una bonita relación, o amorío. Debería leer, en todo caso, nomás fuera para redactar solicitudes de compañía algo más imaginativas, o para comprender que piel blanca y ojos claros no son sinónimo de belleza, que la belleza ni perdura intacta ni se equipara al amor, y que el amor y la amistad deberían fundamentarse en valores menos primarios y pueriles.
Pero basta: hay libertad de expresión, soñar es gratis y siempre resulta divertido tratar de adivinar quiénes en realidad somos, cuando hacemos públicos nuestros deseos.