Don Carlos Páez lo recuerda bien. En los años 50 un diputado de la zona sur -cuyo nombre no retiene-, irrumpía en la casa de su infancia buscando algo que solo su padre podía proporcionarle.
Todos sabían a lo que venía y la familia entera corría a atenderlo. El ‘padre de la patria’ necesitaba comunicarse urgente con San José y el equipo de radio que tenía su papá era su única esperanza.
“En ese tiempo vivíamos en San Isidro de El General y yo tenía como 9 años. Pasaba que en esos años la comunicación era muy escueta, había poco acceso a teléfonos y los telegramas eran una de las pocas opciones. Entonces en la casa teníamos un receptor y un transmisor para poder comunicarnos”, rememora don Carlos.
“Entonces, si había un derrumbe en la carretera Interamericana y no había paso o había un temporal, se interrumpía todo y era complicado. Por eso es que el diputado llegaba a la casa, seguro para hablar asuntos importantes de su gestión”, agregó Páez, quienhoy tiene 70 años de edad, vive en Santa Ana y es uno de los radioaficionados costarricenses más veteranos.
Lo cierto es que las singulares visitas del diputado, unos aparatos electrónicos que sonaban raro y la pasión de su padre por contactarse con personas desconocidas -incluso al otro lado del mundo-, hicieron que a Páez se le encendiera la chispa y en 1959 se iniciara en el apasionante mundo de los radioaficionados.
Desde entonces han pasado 61 años, en los cuales Páez ha hecho amigos entrañables, realizado contactos remotos con prácticamente todo el planeta y participado en las que considera las experiencias más apasionantes de su vida: con su radio pudo salvar vidas en misiones de emergencia en México, El Salvador y Nicaragua, donde se suscitaron espantosos terremotos.
“Hemos hecho infinidad de amigos en todas partes del mundo, contactándolos con nuestros radios. Es por eso que nosotros decimos que esta afición fue la primera red social de la historia, sin duda alguna”, comentó Páez.
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“Sin embargo sabemos que no solo sirve para eso. Aquí estoy, si en Costa Rica sucediera una catástrofe, Dios no lo quiera, estoy disponible y se que el resto de mis colegas radioaficionados también”, proclama Páez con orgullo.
Páez sabe que la Comisión Nacional de Emergencia (CNE) cuenta con ellos. Si en un desastre nacional el internet se cae, la red celular sucumbe y el país se queda sin luz, ellos tendrán que ponerse la capa y convertirse en los héroes.
Experiencias que no se olvidan
Apunte la fecha: 30 de octubre, de 1959, 7:53 p. m.
Esa fue el preciso momento en que Carlos Páez, a sus 9 años, estableció el primer contacto radiofónico con otra persona, a miles de kilómetros de su natal Pérez Zeledón.
Como prueba de tan inolvidable evento -extraordinario para cualquier niño de la zona rural-, Páez todavía guarda lo que se le conoce como QSL, que es un tipo de tarjeta postal que los radioaficionados se intercambian para certificar la exitosa recepción.
“El QSL dice la fecha exacta en que todo sucedió. Ese, que fue mi primer comunicado (transmisión recibida) la logré desde San Isidro de El General con la zona sur, específicamente con La Cuesta de Puntarenas, imagínese usted”, comentó Páez.

Pero el QSL no es el único recuerdo que don Carlos guarda de esa experiencia. De hecho, el QSL es poca cosa, comparado con el amigo que cosechó en aquella transmisión: el señor Olmedo Chan.
Aquella noche de octubre Chan escuchó al niño Páez y posteriormente le contestó. Nunca imaginaron, que 60 años después, su amistad perduraría.
“Él todavía vive, en Paso Canoas. En los últimos años, de hecho, nos hemos visto en varias ocasiones y compartido mucho. Es una gran amistad que conservo”, mencionó Páez.

Pero la máxima satisfacción que la radioafición le ha dejado a Páez, no son las charlas con su amigo Chan. Para él, el haber participado en misiones de rescate en el extranjero son recuerdos que lleva en el corazón.
Primero fue en Nicaragua, en 1972, donde acudió con su radio a ayudar en labores de rescate. Luego, en 1985, partió a México, un día después de registrarse en la capital azteca un movimiento sísmico de 8.1 grados en la escala de Richter.
Más de 3.000 personas perdieron la vida en ese terremoto, que dejó a la ciudad devastada.
“Yo viajé con otros radioaficionados ticos y nos instalamos en la embajada de Costa Rica. Ahí mismo pusimos nuestras antenas en los árboles de alrededor y comenzamos a operar. Nos comunicábamos con Costa Rica y otras partes del mundo en pleno apogeo, porque ahí siguió temblando varios días”, recordó Páez.
“Nosotros ayudamos porque ahí todas las comunicaciones se cayeron, no se sabía nada. Fue una experiencia increíble. En Costa Rica muchos querían saber de sus familiares y nos dedicamos a eso, principalmente, hacíamos un puente y les dábamos respuestas” agregó.
En ese viaje a México, Páez vio imágenes que aún guarda en su retina. Principalmente recuerda la visita a un estadio mexicano, donde miles de personas que habían perdido la vida en el terremoto, yacían apiladas en el terreno de juego.
También le da orgullo decir que Costa Rica fue uno de los pocos países que pudieron sacar una transmisión desde suelo azteca en medio del caos. Pues según él cadenas de radio estadounidenses, con antenas parabólicas incluidas, no pudieron establecer contacto con sus sedes.
Siempre indispensables
Pero lo de México sucedió hace 35 años, dirían algunos, tratando de insinuar que en la época de los celulares inteligentes, el internet de alta velocidad y el WhatsApp, los radioaficionados ya no tendrían ninguna funcionalidad efectiva.
Nada más lejos de la realidad.
En el 2017, durante el paso del huracán María en Puerto Rico, los radioaficionados sacaron la casta y tal como lo tituló el diario ibérico El Español, “salvaron al país”.
Con una isla completamente devastada, sin electricidad y telecomunicaciones, los radioaficionados puertorriqueños tomaron un papel protagónico para emitir señales en toda la isla. Transmitir mensajes sobre posibles peligros, informes diarios o hacer llamados de emergencia en las zonas de desastre, fue su misión.

“Es irónico que la radio se esté olvidando de esta manera. Puede ser nuestro mejor aliado en situaciones de emergencia, pero hemos migrado a sistemas más avanzados -y complicados de mantener- según ha aumentado nuestro consumo. Quizás deberíamos pensar más en ella”, reflexionó El Español.
Roberto Feigenblatt es más que consciente de eso. El costarricense, quien es un radioaficionado radicado en Hatillo, es fiscal de la junta de directiva de Radio Club de Costa Rica y coordinador en el país de la Red de Emergencias y Desastres Tango India.
“Eso es así, los radioaficionados conformamos una red robusta que nos permite responder a todo tipo de circunstancia. En el caso de Puerto Rico, dos días después de los hechos, nuestros colegas lograron establecer una transmisión a un nodo en México y fue la única manera que Puerto Rico pudo conectarse con el mundo”, explicó Feigenblatt.
Roberto Feigenblatt tenía 12 años cuando se vio inmerso en el universo de los radioaficionados. Apenas dos años después hizo el examen necesario para obtener la licencia y siendo un adolescente comenzó a operar con todas las de la ley. Corrían los años 80.

En Costa Rica, para poder ser radioaficionado, se deben aprobar unas pruebas básicas de conocimiento, que aplica la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel). Basados en Reglamento General para la Regulación de los Trámites del Servicio de Radioaficionados y Afines, del 2017, las categorías de licencia a las que puede optar un radioaficionado son: novicio (clase C), intermedio (clase B) y superior (clase A).
Luego, el radioaficionado debe obtener un permiso de uso del espectro radioeléctrico, los cuales se habilitan según la categoría de la licencia solicitada.
En ese tiempo Roberto no entendía mucho de eso. Para ser franco, a los 14 años solo pensaba que “era chiva” tener un aparato y poder comunicarse con otras persona a larga distancia.

“Es que antes las comunicaciones eran un privilegio, no son un derecho como ahora. Ahora vos escribís un WhatsApp a un compa que está estudiando en China y de inmediato te responde; antes eso era imposible, por lo que era una cuestión un poco más romántica”, comentó Roberto.
“Entonces bueno, uno se mete en ese patín y no sale. Yo prefiero mil veces comunicarme con alguien en Europa, vía radio, que enviar un WhatsApp”, agregó.
Otro detalle que enamoró a Roberto fue conocer la forma en que ese “compa”, que vive en Europa, puede llegar a escucharlo por medio de su radio. La ionosfera tiene que ver con ello, gracias a las leyes naturales de la física.
“Los comunicados internacionales o transmisiones vía radio se pueden hacer de varias formas, pero la más común es por medio de la ionosfera. La señal que uno emite viaje en línea recta hacia la ionosfera, que funciona como un espejo, la señal rebota ahí y puede pegar en la Tierra nuevamente o en el mar. Vuelve a pegar otra vez en la ionosfera y comienza a dar saltos, y así es como logramos darle la vuelta al mundo”, explicó Roberto.

Otras modalidades para establecer transmisiones aficionadas es por medio de satélites -tales como el Irazú y el Morazán-, por contacto digital (computadora conectada a una antena) y también por rebote lunar, entre otras. Para todas hay que estudiar, pues cada uno requiere conocimientos técnicos específicos.
Por ejemplo, si usted está en Costa Rica y quiere hacer contacto radial con un amigo en Italia, no lo puede hacer a cualquier hora y en cualquier circunstancia. Las condiciones atmosféricas, y hasta climáticas, tienen que estar dadas para establecer la conexión.
“Son muchas las técnicas que utilizamos. Es impresionante porque el invento de la radio se creó en 1888 y 30 años después, en Francia, se funda el primer radio club aficionado”, comentó Roberto.
“Es decir, que los radioaficionados siempre hemos utilizado tecnología de punta. Para hacer una analogía es como que Franklin Chang patente ya el motor de plasma, y 30 años después, ya unos locos aficionados tengan uno en su cochera”, agregó.
Efectivamente, a principios del siglo XX la radioafición se desarrolló muy rápido y cobró popularidad. Cuenta Feigenblatt que, debido a que en aquel entonces las comunicaciones eran un privilegio, los gobiernos solían otorgar a sus diplomáticos licencias de radioafiocionado, con el objetivo de que pudieran comunicarse con sus países de forma directa.
Esa costumbre caló tanto en la cultura, que las personas más adineradas enviaban a sus hijos a estudiar al extranjero, pero no sin antes dotarlos de un equipo de radio. En la familia se preparaban para establecer el contacto y, de esa manera, se ahorraban teléfono -que era muy caro y poco accesible- o las esperas interminables por una carta.
Pero Roberto nunca se fue a estudiar a Europa, ni siquiera lo hizo un familiar suyo. Él solo sabe que la primer “red social del mundo” le ha otorgado horas de emociones indescriptibles y amigos entrañables.
Admira también a los amigos eternos, que tal como le sucedió a don Carlos Páez, estrecharon lazos que no se apagan.
“Incluso hay unos que, tras 50 años de amistad, nunca se han visto, nunca se han dado la mano. Quizá ahora, con las nuevas tecnologías se conozcan por foto, pero nada más”, comenta emocionado.
Y aunque Roberto Feigenblatt nunca ha utilizado su radio en una situación de emergencia extrema, como lo tocó a don Carlos en los años 80, sí está preparado para hacerlo.
Como se mencionó antes, Roberto es el coordinador en el país de la Red de Emergencias y Desastres Tango India, y llegó a ese puesto gracias a su experiencia en la Cruz Roja.
“Desde chiquitillo me conecté a la Cruz Roja, gracias a la misma radioafición. Entonces allí fui técnico permanente por varios años. Cuando llegué al Radio Club, pues tenía la forma de aportar en esa área”, explicó.
¡Siempre listos!
“Sí pasara algo en Costa Rica yo tengo todo listo. Una planta, mis antenas y mi radio. Si me dicen que me necesitan allá voy. Nosotros no dependemos de nadie para transmitir”, dice con entusiasmo Carlos Azofeifa, un radioaficionado tico cuya identificación en el aire es TI2CDA (Tango India Charly Delta Alfa).
Azofeifa, al igual que Roberto Feigenblatt y Carlos Páez, comenzó en la radiodifusión cuando apenas era un niño. Unos walkie-talkies, que pudo conseguir, fueron la puerta al fascinante mundo de la radio.
Pero a Charly, como se le conoce en el mundo de los radioaficionados, no le bastaba con utilizar los walkie-talkies para charlar con un amigo. Un día, de travieso, comenzó a conectar los aparatos a la antena del televisor y comenzó a oír voces y conversaciones que nunca había escuchado.
“Me di cuenta que era la famosa banda ciudadana. Que es una banda pública donde en aquella época hablaban los traileros y todo el mundo. Luego cuando crecí me compré mi propio equipo para comunicarme”, recordó.
“Es una banda muy peculiar. Pues por allí se vacilaba mucho y se conocía mucha gente, cuando no existían las redes sociales. Incluso conozco gente que terminó hasta casada. Es que por las noches los papás les prestaban los equipos a los hijos y ahí uno hasta podía ligar”, agregó Charly entre risas.
Luego Charly comenzó a profesionalizarse en el tema. Siguió adquiriendo antenas y equipos más sofisticados, hasta convertirse en uno de los pocos ticos que trasmite desde Costa Rica con la técnica de rebote lunar.
En la técnica de rebote lunar, la señal no es enviada a la ionosfera, sino que se dirige a la Luna, que funciona como un satélite natural.
“La señal llega a la Luna, a 364.000 kilómetros de distancia, y de ahí rebota a la Tierra, donde es recibida por otros radioaficionados. Se trata de una comunicación espacial”, señala Azofeifa.
“Eso sí no es audio lo que se envía, es una comunicación de texto digital. Donde se pone CQ, que es un llamado general para que me conteste cualquier persona, mi indicativo TI2CDA y después responden con más códigos estándar, por ejemplo 73, que significa ‘abrazos'. Así me he contactado con países como Suiza, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Uruguay y Japón, entre varios más”, explicó.
Así pasa las horas Charly: construye antenas, experimenta con sus equipos y entre transmisión y transmisión ‘colecciona’ el contacto de muchos países, lo cual es una de las mayores satisfacciones de los radioaficionados.
Pero este entusiasta, quien tiene 38 años de edad, tiene claro que ser radioaficionado es más que un hobby. Cuenta que, cuando era jovencito y navegaba por la banda ciudadana, una de las cosas que más valoraba era el espíritu de solidaridad que allí se respiraba.
“La gente, si es que tenía radio en el carro, pedía ayuda en el caso de que se hubiera varado o necesitara algo importante. Nunca faltaba quien se ofreciera a ayudar. Eso era muy bonito”, comentó.
Quizá por eso, Charly no dudaría en decir ‘presente’ en el caso de que Costa Rica o alguien lo necesite.
“Ahí tengo mi equipo, que por medio de ondas de radio puede mandar correos electrónicos sin necesidad de internet. Eso es efectivísimo”, explica Charly.
Específicamente, Charly se refiere a la tecnología Winlink, la misma que podría hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
El Winlink salvavidas
En el 2018, en Costa Rica, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT), el Benemérito Cuerpo Bomberos de Costa Rica y Radio Club de Costa Rica, pusieron en funcionamiento la Red de Telecomunicaciones de Emergencia Regional Alterna en la Región Américas.
Tiene un nombre rimbombante, pero justo, debido a la tarea vital que tal programa pretende: comunicarse en casos de emergencias de cualquier tipo, sobre todo en el caso de que las redes tradicionales de telecomunicaciones dejan de funcionar.
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Los radioaficionados, como ya lo hemos venido adelantando, son los principales protagonistas de este programa, que emplea la tecnología Winlink 2000 para operar.
Según el MICCIT, el Winlink 2000 es un sistema global para el envío y recepción de correos electrónicos, por medio de ondas de radio en las bandas de aficionados. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue el ente que donó el equipo.

Tal como lo explicó Charly, los sistemas Winlink no necesitan internet para funcionar. Con una computadora -que podría operar con una planta eléctrica-, los aparatos respectivos y antenas de radio, comunicarse por medio mensajes escritos es posible.
Sin embargo, es importante aclarar que el sistema Winlink 2000 -instalado en una de las estaciones de Bomberos de Costa Rica-, es una especie de nodo, cuyo poder de transmisión asegura que las comunicaciones a nivel internacional estén garantizadas.
“Funciona así. Los radioaficionados del país, si es que tenemos el sistema Winlink, podemos contactar con el nodo de Bomberos de Costa Rica donde quiera que estemos. Luego, el nodo conecta con otros nodos afuera del país y así se reproduce el mensaje”, explicó Roberto Feigenblatt, quien siguió de cerca el proceso de instalación de este sistema.
Desde TI0RC transmision de email via Winlink en modo Winmor, Banda 17m@20watts antena NVIS a 1m de altura, la conexion gateway fue hecha por KB5HCD en Houston
Posted by Radio Club de Costa Rica on Saturday, May 19, 2018
Actualmente, Radio Club de Costa Rica, por medio de un convenio de cooperación, capacita a Bomberos de Costa Rica para hacer un uso eficiente de Winlink 2000. Todo sea por estar listos, en el caso de un indeseado pero siempre posible caos.
“Eso fue un gran paso, que se dio en pro de establecer sistemas de comunicación fiables, utilizando una mezcla de tecnologías analógicas y digitales en caso de comunicaciones de emergencias”, dijo Hugo Soto, presidente de Radio Club de Costa Rica, al firmar el convenio.
“Es muy importante para el país el mantener sistemas y protocolos operativos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, ya que nunca se sabe cuándo va a ocurrir algo. Los equipos a instalar bajo Winlink permiten esta operatividad permanente y desatendida”, agregó Soto en aquella oportunidad.
Olvidados en el tiempo
Aunque para las autoridades gubernamentales es clara la importancia de los radioaficionados, las nuevas generaciones han venido olvidando el legado de estos personajes y, más aún, no hay manera que dimensionen su singular poder.
Incluso, con el celular en la mano y el Facebook abierto, muchos desconocen de su existencia.
“¿Qué es eso de radioaficionados? No entiendo. ¿Corresponsales? ¿gente con emisoras independientes? Ni idea”, contestó un joven conocido de mi familia, quien a sus 18 años suele escuchar Radio Disney o piezas de reggaetón en su celular.
Para Jorge Rovira, Director de Gestión del Riesgo del CNE, ese desconocimiento es lastimoso.
“Los millenials no solo no conocen sobre los radioaficionados sino de un muchas otras cosas. Eso no puede ser. Los radioaficionados han generado muchísimos aportes a nivel mundial, sobre todo en emergencias. Muchas personas me dicen, para qué tener radio, si tenemos teléfono, pero si se corta la llamada hasta ahí llegó la comunicación”, comentó Rovira.
“Entonces potenciar y rescatar eso que se ha olvidado es sumamente importante. Más bien yo incentivo a las personas a que se hagan radioaficionados, no solo porque es una actividad muy bonita sino porque nos va a permitir tener un soporte en el caso de que haya una condición de desastre”, agregó.
Incluso, como detalle, Rovira mencionó que durante la emergencia del huracán Nate, en Upala, fue un radioaficionado el que pudo mantener comunicado al pueblo en las primeras etapas de la crisis.
Finalmente el jerarca sentenció: “en la actualidad la tecnología cambia muy rápido, es cierto. Pero nada, según mi experiencia, puede reemplazar las estaciones de radioaficionados. La organización, o incluso el país que se niegue a reconocerlo, está condenado”.
Así que si usted quiere “estar en todas” nunca menosprecie a un radioaficionado. Si las cosas se ponen feas, el iPhone no sirve, ni mucho menos la computadora; pues no hay de otra: el ‘loco’ de las antenas raras y los mil radios en la cochera podría salvarte la vida.
Recordando al precursor
El 17 de mayo de 1976, a la edad de 95 años, murió en Heredia Amando Céspedes Marín, considerado el pionero de la radiodifusión en Costa Rica.
En 1923, el Benémerito de la Patria captó las primeras señales radiales recibidas en el país, por lo que es considerado el primer radioaficionado. Don Amando, habría recibido las señales gracias a una antena elevada, colocada sobre un mástil de bambú.

El 24 de diciembre de 1927, don Amando llevó a cabo la primera transmisión radial de onda larga; comunicándose entre San José y San Pedro mediante un transmisor de 5 watts.
Posteriormente fundó una emisora, que operaba con las siglas TI4NRH. Esa radioemisora, de onda corta, fue la primera de América Latina y una de las primeras cinco del mundo.
Dice una popular leyenda que, por medio de su radio, en 1928 don Amando se comunicó con el almirante Richard Byrd, quien habría sido uno de los primeros hombres en volar a la Antártida. Desde las tierras del hielo, el explorador habría tenido una pequeña conversación con el tico.
Pero Amando Alfaro no solo fue amante de la radio. Fue un fotógrafo y cineasta reconocido, quien, junto a Manuel Gómez Miralles, fungió como pionero del cine en Costa Rica.
De hecho, el premio nacional a las artes audiovisuales, que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud, lleva su nombre.
