Revista Dominical

¿Quién da más? Joyas del narco y el crimer organizado se subastarán para financiar la lucha antidrogas

Desde un reloj marca Rolex que vale $19.000 hasta un collar de plástico que no alcanza ni un dólar en su precio, conozca aquí la historia detrás de las más de 5.000 alhajas incautadas al hampa que el Instituto Costarricense sobre Drogas subastará, este año, en una puja única en su estilo

El oro tradicional y culturalmente ha sido relacionado con el dios Sol por su color y su resplandecer. Por miles de años en la historia de la humanidad se ha ligado a este metal precioso con el estatus económico, con la posición en la sociedad y hasta con el poder; tres aspectos que el crimen organizado valora, y mucho.

Justamente son las joyas hechas a base de oro –en su mayoría– las que narcotraficantes y miembros de organizaciones criminales utilizan para mostrar su poder adquisitivo y social en el mundo. No es extraño relacionar las pesadas cadenas de oro o los relojes finos y ostentosos con los más notorios mafiosos de la historia; Costa Rica no está exenta de esta extravagancia.

A finales del 2018 el Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD), anunció que realizaría una subasta única en su estilo: la institución pondrá a la venta más de 5.000 joyas que están en su poder tras haber sido incautadas a decenas de criminales.

Relojes, anillos, cadenas, pulseras, aretes y dijes figuran en la lista de artículos que el ICD tiene resguardados desde hace 18 años, cuando se fundó la institución; también hay joyas que estaban bajo la vigilancia del Centro Nacional de Prevención contra Drogas y del Centro de Inteligencia Conjunto Antidrogas, oficinas que funcionaban antes del ICD y que se fusionaron para la creación del mismo.

Aunque todavía no hay fecha para dicha puja, el ICD espera que se lleve a cabo durante el segundo semestre de este año. El cómo se va a realizar tampoco está definido, podría ser por medio de ofertas hechas en sobres cerrados o, como se hace con vehículos y propiedades incautados, por el procedimiento ordinario de ofrecer los montos en una subasta abierta; el procedimiento lo decidirá el Consejo Directivo del ICD, según confirmó Guillermo Araya, director del instituto.

Lo que sí está claro es en qué se va a utilizar el dinero de las ganancias de esta subasta. “Vemos una gran oportunidad dentro de la función que hace el ICD de convertir estos bienes en dinero para financiar programas y proyectos que van a contribuir con el fortalecimiento del sistema nacional de tratamiento contra las drogas, el fortalecimiento de los cuerpos policiales y trabajar en la prevención del delito y del consumo de drogas”, explicó Araya.

Parafernalia y extravagancia

Entre las 5.190 joyas en poder del ICD y que estarán a la venta, hay piezas de gran valor, extravagantes y, en muchos casos, exageradas; pero también existe una que otra “alhaja” de fantasía que bien podría conseguirse en un mercado de pulgas o en la pulpería de la esquina. Lo que tienen en común es su procedencia ilícita.

De acuerdo con Araya, las joyas decomisadas corresponden en su mayoría a casos relacionados con legitimación de capitales, pero también hay incautaciones hechas a narcotraficantes. Según explicó el director, en el caso de los primeros, el dinero ilícito de sus ganancias lo canjean en joyas y también en lingotes de oro para que se preserve con el tiempo. “Es más fácil esconder o guardar un lingote de oro o joyas que el dinero que al final de cuentas es papel que se puede estropear con el tiempo, se humedece y se pudre. El oro vale más cada día”, aseguró Araya.

Con respecto a los integrantes de estructuras narco, utilizan las joyas para llamar la atención sobre sus posiciones en la organización.

Entre estas joyas figuran desde un reloj de la marca Rolex que en el mercado legal podría costar $19.000, un rosario hecho de tres oros (blanco, amarillo y rosado) que se valoró para la subasta en $2.000, una esclava para hombre con una piedra ónix elaborada en oro de 14 quilates y con cinco diamantes incrustados que valdrá $1.397; hasta relojes de bolsillo que no superan el medio dólar de precio o gargantillas de plástico que fueron valoradas también en menos de un dólar.

Los motivos religiosos y la evocación a diferentes animales están muy presentes en estas joyas. ¿Por qué? En el caso de los rosarios, de las cruces o imágenes de vírgenes, en la “cultura criminal” se impone la doble moral. Los delincuentes muchas veces son personas creyentes en diferentes religiones y deidades, según afirmó Araya.

En cuanto a las joyas en forma de animales o que tengan alusión a estos, existe una identificación entre las personalidades de los dueños de las alhajas con ciertos animales fuertes y dominantes, por ejemplo los leones, las serpientes cobra o los toros; aunque también se pueden encontrar otros detalles más delicados como una pequeñísima, fina y delicada tortuga elaborada en tres oros, con sus extremidades, cabeza y cola movibles y dentro de su caparazón, otra diminuta tortuga.

Este dije, por ejemplo costará $160, un precio muy barato para el detallado trabajo manual que conllevó su elaboración, pero que tras de ella hay una estela de dolor. “Las joyas tienen un origen ilícito con un morbo detrás de sus historias. La legislación nos obliga a resarcir el daño que provoca el crimen organizado en la sociedad por medio de programas de abordaje preventivo al flagelo de las drogas, por ejemplo”, agregó Araya.

Otra de las joyas más llamativas de este lote que se subastará es un dije con forma de un fusil de asalto AK-47, hecho en oro con diamantes incrustados. Al consultársele por los dueños de estas joyas, el funcionario del ICD aseguró que muchos se encuentran en proceso de juicio o ya cuentan con una sentencia, pero por temas de confidencialidad, prefirió no referirse a casos o grupos delictivos en específico. “En términos generales puedo asegurar que muchas de las joyas pertenecen a los casos más sonados del narcotráfico de nuestro país”, aseguró.

Aquí cabe aclarar que existen dos clasificaciones de los objetos incautados, según explicó el director. La primera de ellas es la de decomiso, donde los bienes todavía dependen del titular (o dueño) porque el caso está abierto; la segunda es el comiso, cuando un juez decide que el bien se traslade al Estado para que disponga de él cuando la sentencia esté en firme.

“El tema de la subasta va de la mano con los procesos judiciales por legitimación de capitales o narcotráfico que son muy largos”, afirmó Araya.

¿Cuál es su origen?

Esta es otra de las preguntas que un posible comprador podría hacerse. El experto comentó que dentro de las prioridades del crimen organizado, el oro y las joyas no están en las primeras escalas de interés y prefieren incorporar el dinero obtenido dentro de cuentas del sistema financiero, además invierten en propiedades y vehículos, pues dentro de su vida delictiva muchos tienen presupuestado ir a la cárcel en algún momento.

Empero, en allanamientos por casos de legitimación de capitales y narcotráfico, si se les llega a detener se les quitan las pertenencias y se les busca la vinculación con el delito, así que la mayoría de estas joyas que se subastarán fueron de uso personal.

También se reportan bienes decomisados en allanamientos en sitios de compra y venta de drogas, pero estas son de valores mucho menores, ya que se cambian por bienes de uso cotidiano como, por ejemplo, relojes de marcas comerciales.

Otra de las cuestionantes que más llaman la atención es dónde se elaboran estas joyas que, en muchas ocasiones, son tan detalladas y representativas que bien podría decirse que se hacen al gusto del dueño.

En el ICD afirman que no hay una manera todavía para encontrar dónde se elaboran, pero confirman que muchas de ellas se hacen en el país y otras son exportadas desde joyerías de renombre de países como Italia, donde existe un gran oferta en la orfebrería de oro y plata. “Por el origen del dinero con el que se paga a hacer la joya no existe una trasabilidad tributaria, no existe una claridad o transparencia y esto provoca un vacío para saber dónde o cuándo se hicieron”, agregó el director.

Valoración, resguardo, venta y usos

El ICD contrató a un gemólogo para la revisión y el avalúo de las joyas. Por temas de confidencialidad no se pudo contactar a este experto para saber cuáles fueron los aspectos que tomó en consideración al ponerle precio a las diferentes joyas; sin embargo, un funcionario del ICD encargado del trámite de estos bienes –que también pidió no ser identificado, por seguridad– explicó algunos de los detalles.

“Las joyas pueden llegar a tener dos valoraciones, una de materiales o composición y la otra a nivel de gema o de joya integral”, explicó.

Uno de ellos es más bajo que el otro porque es meramente de composición, de cuánto vale en el mercado por sus quilates; pero si son muy antiguas, si están labradas o si son parte en conjunto con una piedra preciosa el avalúo también toma en consideración estos aspectos.

“Visualizamos en este proceso de venta que las joyas son meramente de reconstrucción o readecuación, se ven como un insumo para construir una nueva joya. No vemos dentro de las altas probabilidades que exista una persona que quiera guardar o conservar una joya que le perteneció a una persona vinculada con el narcotráfico o el crimen organizado, más que todo por los estigmas y las concepciones de violencia que se manejan en estos temas”, explicó Araya.

Durante el proceso de valoración también se realizó una remoción de los artículos para verificar la calidad y el estado de los mismos y, de paso, darles un mantenimiento básico de limpieza.

Las joyas están guardadas “por medio de un tercero” especializado en la custodia y resguardo de estos bienes, y se mantienen bajo procedimientos de seguridad y clasificación.

Para participar como oferente en la subasta, los interesados deben de registrar en la página web del ICD y cumplir con los requisitos ahí descritos, entre ellos, que no pueden tener antecedentes en la ley 8204 (Estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado, actividades conexas, legitimación de capitales y financiamiento al terrorismo).

Cuando la joya se adjudica a un comprador pasa a ser propiedad privada y el dueño dispondrá del bien para lo que desee, ya sea construir otras joyas, venderlas o exhibirlas. “El comprador asumirá los riesgos individuales del uso de las joyas porque pasan a ser un patrimonio privado”, explicó Araya.

¿Puede incluso un comprador verlas como un tesoro? “Sí, claro, por eso es que hemos aprovechado los medios de comunicación para comentar sobre los riesgos de exhibirlas y el cómo se consiguieron”, respondió el director.

En el instituto han recibido información de clientes diversos interesados en la compra de las joyas, que en su mayoría son personas que les gusta trabajar el oro. Según explicaron, existen piezas que tienen altos quilates y mucho volumen con lo que se pueden realizar varias joyas más pequeñas a partir de ese material.

El precio es competitivo, más bajo que el valor que tienen en el mercado porque cargan con un estigma social al provenir del crimen o porque fueron utilizados como parte de un delito.

El mensaje más importante que da el ICD a la sociedad costarricense es que, aunque estos bienes están cargados de morbo porque han provocado perjuicio en contra de la salud nacional, el dinero resultante de esta venta servirá para cambiarle la vida a personas que recibirán tratamiento para la enfermedad de la drogadicción.

“Sumemos, además, la ayuda para los compañeros de las fuerzas policiales que serán dotados de mayor capacitación, equipamiento, tecnología y herramientas para enfrentar una lucha más justa en contra del crimen organizado que no tiene limitación de recursos contrario a los cuerpos policiales. El crimen organizado es el producto de haber lucrado con la salud y la integridad de nuestra juventud, esto es darle un contrapeso", concluyó el director del ICD.

Jessica Rojas Ch.

Jessica Rojas Ch.

Bachiller en periodismo de la Universidad Internacional de las Américas. Cubre temas de música nacional e internacional, además de informaciones de entretenimiento.