
Es tarde soleada en La ciudad de los rascacielos, en un día festivo y tradicional de beisbol profesional.
Los fanáticos vienen de todas partes de Nueva York y se apresuran a llegar raudos al majestuoso Yankee Stadium, para no perder ningún detalle de un nuevo juego de Grandes Ligas, que protagonizará su querido Yanquis.
La ceremonia se vuelve rutinaria, pero la verdad es que la jornada deportiva paraliza a los neoyorquinos, en un deporte que adoran los estadounidenses,cuya versión moderna se desarrolló claramente ahí, aunque el origen exacto del juego es difícil de determinar.
La mayoría de los historiadores sostienen que el béisbol evolucionó desde una variedad de juegos similares.
Existen evidencias de que se practicaron juegos con un palo y una bola desde los primeros albores de la civilización y la Edad Media en Europa, que a su vez los introdujo en sus colonias de América hacia el siglo XVI. Pero lo que conocemos hoy como baseball se originó, casualmente, en Nueva York, en el siglo antepasado.
Una leyenda popular cuenta que Abner Doubleday, un oficial del ejército de la Unión durante la Guerra Civil estadounidense, inventó el beisbol en 1839 en Cooperstown, Nueva York, donde hoy, precisamente, se encuentran ubicados el Salón de la Fama y el Museo Nacional de Béisbol. Otro hecho pone a la ciudad de Nueva York como pionera en este deporte.
El primer equipo organizado de béisbol fue formado en 1842 por un grupo neoyorquino de jóvenes, encabezados por Alexander Cartwright, quien llamó a su club Knickerbocker Base Ball Club. Se encargó de implementar un conjunto de 20 reglas, publicadas por primera vez en 1845, que se convirtieron en la base del béisbol moderno.
A finales de esa distante década, la popularidad de la nueva disciplina deportiva se extendió más allá de la ciudad y empezó a conocerse como New York Game (El Juego de Nueva York), un nombre que poco después desapareció y se llamó simplemente baseball.
“El beisbol es un deporte de paz”, resumió en julio el comisionado de las Grandes Ligas, Bud Selig, a la cadena ESPN.
“Los últimos cinco años han sido los mejores en la historia del beisbol, a pesar de la crisis económica, logrando marcas que nunca pensamos podíamos alcanzar. Eso no quiere decir que no sigamos buscando la superación y hacerlo cada vez mejor”, subrayó.
De ahí el interés de observar un juego con el equipo más ganador en las Mayores. Esa ocasión se presentó al autor de este artículo en la fecha sabatina del pasado 14 de julio, con el duelo entre los Yanquis de Nueva York y los Angelinos de Los Ángeles.
Para llegar al Yankee Stadium, se viajó a la estación Grand Central, en la calle 42, para tomar la abarrotada línea del Metro Norte;la número cuatro, de color verde–, que condujera en pocos minutos al destino elegido: la estación “Yankee Stadium”, en la calle 161 del condado de Bronx, uno de los cinco distritos metropolitanos situado más al norte de la Gran Manzana. Poco antes, dentro del metro, se palpitó el juego.
Prevalecieron las gorras, las bufandas y las camisetas azules y blancas de sus ídolos: el panameño Mariano Rivera, el dominicano Robinson Canó y los estadounidenses Derek Jeter, Mark Teixeira y Alex Rodríguez.
Al bajarse del tren resplandece el grandioso hogar de la popular franquicia de Estados Unidos. ¡Qué enorme impresión! La estructura del nuevo estadio es espectacular; se inauguró el 16 de abril del 2009 y en su construcción se usó piedra caliza y muros de granito.
La dirigencia yanquista invirtió $1.500 millones, con la más avanzada tecnología, para convertirse en el estadio de beisbol más caro que jamás se haya edificado y la segunda infraestructura deportiva más costosa en la historia, detrás de Wembley, en Londres (Inglaterra).
Es capaz de transformarse y acondicionarse para que, en poco tiempo, reciba un juego de futbol americano, hockey sobre hielo, un partido de futbol o un concierto musical, como pasó recientemente con Paul McCartney, Madonna, Roger Waters y los dos duelos inaugurales en futbol: Chelsea-París Saint Germain y Real Madrid-AC Milan.
El estadio es maravilloso. Creo que la palabra es majestuoso y realmente increíble”, describió en el 2009 un aficionado yanquista, Mike Generose, de 39 años, junto a su esposa Lori, ambos procedentes de Allentown, Pensilvania.
Se ubica al frente del antiguo parque de pelota, en el Bronx, donde estuvo el primer histórico estadio yanquista que se levantó en 1923 y que se le conoció como “la Catedral del beisbol” o “la Casa que construyó Babe Ruth”, en homenaje a la leyenda de las Grandes Ligas.
Hay que llegar temprano para explorar un poco todo lo que tiene y ofrece al aficionado el nuevo recinto, un museo viviente de cinco pisos, con recuerdos antiguos de los campos antecesores y fotografías de sus héroes legendarios, como el mismo Ruth, Joe Di Maggio, Mickey Mantle, Lou Gehrig, Ron Guidry y Reggie Jackson.
De entrada, el edificio es un 63 por ciento más grande que el anterior, con novedosas secciones que incluyen el Monument Park, dedicado a la memoria de los mejores jugadores del club; el museo del New York Yankees, con una colección de objetos sobre la historia de los Yanquis y del beisbol; y el Great Hall, un amplio espacio que aloja opciones en tiendas y restaurantes.
El boleto más caro, para ver a los Yanquis, se valoró en $2.625 (¢1.320.375). De hecho, el promedio del precio de una entrada, para ver la apertura de la temporada, es el más alto de las ligas mayores: $72,97 (¢36.700).
Dentro y fuera del estadio, con casi el doble de espacio que en el viejo recinto, se consiguen en las tiendas “los productos oficiales de marca del equipo”, detalló el vendedor Ariel Guzmán, dominicano de 23 años.
Una camiseta original de su estrella panameña, Mariano Rivera, se obtiene al cancelar $19 (¢97.080), mientras que bates de beisbol se adquieren a $10 (¢5.030), gorras a $25 (¢12.575), bolas autografiadas a $10 (¢5.030), camisetas entre $25 (¢12.575), $30 (¢15.090) y $34 (¢17.100), y las apetecidas tarjetas de colección a $10 (¢5.030).
Es muy difícil que un fanático del equipo se vaya a su casa con las manos vacías.
Al enseñar el boleto, tras ingresar al coliseo, uno de los empleados, el dominicano Joe Giuliano, de 23, dijo en español: “¡Bienvenido al Yankee Stadium!”.
No hubo forma de perderse, primero al tomar un amplio ascensor hasta el tercer nivel y luego para llegar al asiento asignado (el 4, nivel 22 y fila 6, de la sección 324), gracias a la ayuda del acomodador, otro dominicano, Hilario Arias, de 24.
Todo listo. Solo queda poner la gaseosa (¢2.515), el agua (¢2.515) o la cerveza (¢4.530) en el soporte; disfrutar de un balde de palomitas de maíz, una orden de manís (¢2.515) o de nachos (¢2.010); papas fritas, deditos de pollo o aros de cebolla, con abundante salsa de tomate; o el esencial perro caliente (¢3.020), una comida clásica del beisbol, que nunca debe faltar.
Conozco a un tico que trabaja en el Empire State. Siempre quise conocer Costa Rica, pues me hablan bien de su país. Tal vez viaje en octubre”, dijo el vendedor de comidas rápidas, Norberto Santillán, de 63 años y con 32 de vivir en Nueva York.
Lo más exclusivo son 4.500 asientos de primera clase, que están en las 25 secciones más cercanas al campo. Allí el aficionado millonario disfruta de asientos acolchados y un servicio directo de meseros, recintos exclusivos y suites de lujo.
El juego empezó a la 1:05 p. m. y finalizó a las 3:58 p. m., tras casi tres horas de un emotivo duelo sin errores y 15 hits, en el cual los Yanquis doblegaron por cinco carreras a tres a los Angelinos de Los Ángeles.
Aquella tarde, el segundo base dominicano Robinson Canó y el guardabosques Curtis Granderson sacudieron sendos jonrones de dos carreras ante el pitcher abridor Jerome Williams; el primero con batazo de vuelta entera y dos en la primera entrada, y el segundo al pegar de cuatro esquinas, en el tercer episodio.
El abridor venezolano Freddy García y tres relevistas contuvieron la ofensiva del rival y aseguraron que, por segunda campaña seguida, superaran a los Angelinos en la serie particular.
Este año tuvieron cerrada marca de 5-4 sobre los visitantes. Un día antes, el 13 de julio, los Yanquis ganaron 6-5 a los Angelinos y un día después, el 15 de julio, cayeron 8-10 con el mismo rival, ante la presencia de sus dos seguidores más apasionados, el actor y comediante Billy Crystal y el director de cine Spike Lee, quien atrapó con sorpresa un bate que perdió por error la primera base Mark Teixiera.
Es impresionante lo bien que estuvo organizado el espectáculo sabatino.
Todos los detalles estuvieron contemplados para que el público se mantuviera ocupado y vibrara de emoción mientras duró el encuentro; con bares privados donde abundan los televisores de alta definición, tomas al público en la pantalla electrónica, para felicitar al fanático que tiene su cumpleaños ese día y captar sonrisas en los niños y a parejas de enamorados, además de realizar concursos y promociones de sus patrocinadores, en medio de cada entrada.
Antes de cualquier cosa, se entonó con patriotismo el himno nacional de los Estados Unidos, con la imagen de la Estatua de la Libertad en su moderno marcador electrónico, que, por cierto, a lo largo del juego sabatino ilustró al espectador con toda clase de estadísticas de los protagonistas.
Como ya es habitual en el Yankee Stadium, en la quinta entrada el personal de la limpieza del campo dejó lo que estaba haciendo y bailó con júbilo mientras sonaba la pegajosa canción –en el género disco– YMCA (data de 1978), del grupo neoyorquino Village People.
Los fanáticos los animaron, danzaron e hicieron los clásicos movimientos de brazos para formar esas letras.
Para el sétimo episodio, volvió a relucir el fervor de los simpatizantes locales, con un canto en pro de la paz de la nación. Se trató de la interpretación de la conocida pieza God Bless America. “Esta canción despierta el patriotismo en los aficionados y se incluye en todos los partidos de los Yanquis, luego de los atentados terroristas del 11 de setiembre del 2001”, explicó Xavier, un mesero venezolano de un restaurante francés cercano a la Quinta Avenida, en Nueva York.
También se presentaron aplausos continuos de apoyo al abridor venezolano Freddy García y los tres relevistas, para que lograran el tercer out en cada entrada; o ritmos musicales tradicionales cuando anotaron cada carrera, con el tono de Westminster Chimes.
Además, figuraron las famosas arengas a la caballería y otras habituales melodías como Zorba el griego, Take Me Out to the Ballgame y Workaholic.
Al darse el último out, el número 27, el 5-3 fue definitivo a favor del equipo casa y así se resaltó en la pizarra, en tanto que los triunfadores jugadores yanquistas salieron en fila india del diamante, luego de ser felicitados por sus compañeros, al sonido en los altavoces de la célebre canción New York, New York, interpretada por Frank Sinatra.
Con esa marcha triunfal, el objetivo es claro: conseguir un cupo en los play-off entre los 10 mejores equipos de Estados Unidos, de las dos ligas, la Americana y la Nacional.
Se avecina octubre y el Clásico de Otoño pinta que será nuevamente emocionante para sus seguidores.
A pesar de su irregular campaña, los Yanquis procuran enderezar el barco en la recta final, pues no pueden darse el lujo de faltar a la fiesta en la conocida Gran Carpa.
“Hemos tenido lesiones todo el año, pero el equipo ha sabido sobrevivir. Todos esperamos cosas grandes de los muchachos. Estoy seguro de que lo harán”, expresó un optimista Hal Steinbrenner, máximo ejecutivo y dueño principal del equipo.
Al cierre de edición, el jueves pasado, y previo al final de la temporada regular, el próximo miércoles, los Bombarderos del Bronx no habían asegurado su presencia en las Series Divisionales de la postemporada, que arrancan el viernes 6 de octubre, seguidas por las Series de Campeonato y la apetecida Serie Mundial, desde el 24 de octubre.
Frente a este reto, los New York Yankees casi siempre llegan a la postemporada y esta vez van por su anillo 28.
Ya ganaron 27 Series Mundiales de las 40 que jugaron y poseen 40 banderines de Series de Campeonato.
Allá son el equipo con más títulos de las cuatro ligas profesionales de baloncesto, beisbol, futbol americano y hockey sobre hielo,seguido por los Montreal Canadiens, de hockey, con 24 ganados.
Así son los Yanquis y su majestuoso Yankee Stadium, un escenario donde se respeta la ilustre historia de la franquicia del béisbol profesional de las Grandes Ligas más importante y que más títulos tiene en el mundo, situada en una ciudad de rascacielos que nunca duerme.