
Una sonora carcajada salió de la boca de Mélida Chaves cuando, con su natural jocosidad, nos reveló que se dedica a confeccionar ropa íntima para mulas. Ella, su hermana Sandra y dos sobrinas (Lilliana Chaves y Zeneida Sosa), dedican la mayor parte de su tiempo desde hace seis años a la elaboración de pañales equinos, una labor poco común.
Estas emprendedoras tienen su pequeño taller en la parte trasera de la casa de doña Mélida en la comunidad de Villa Franca de Guácimo, en Limón; allí se reúnen para hacer estos pañales para mulas que se emplean en una finca bananera de la zona. Y aunque para ellas al inicio la idea les sonó más a broma que a una propuesta seria, lo cierto es que ahora ese trabajo es su principal fuente de ingresos.
La gesta de Mélida, Lilliana, Sandra y Zeneida es un oasis en un cantón golpeado por la falta de oportunidades laborales y la violencia; en un reportaje publicado por La Nación en octubre de 2025 se expuso la forma en que grupos criminales ejercen un control ilegal al cobrar “impuestos” a comerciantes a cambio de “protección”.
De amas de casa a empresarias
“Vino a nuestra casa una señora que se llama Sadi y nos trajo a los representantes de la bananera y nos pusimos de acuerdo para tener este trabajito que hacemos desde la casa y ganarnos un poquito de sustento”, relató doña Mélida, quien antes era ama de casa y dependía del salario de su esposo.

“Algunas veces vendo empanaditas o tamales, pero ocasionalmente. Estos pañales han sido una gran bendición”, agregó la emprendedora, quien junto a sus compañeras confecciona entre 200 y 250 piezas en la semana de mayor producción.
El proceso de confección es laborioso: el material lo solicitan por encomienda desde San José y para confeccionar todo completo se pueden durar, quizás, una semana o semana y media. “Hay que empezar a traer el fieltro, que lo traemos por encomienda, luego aquí trabajamos, cortamos la cuerda y los demás materiales”, explicó doña Mélida.
Cada pañal es un saco de gangoche completo al que se le une y se le pega el fieltro, que mide un metro; de este sacan cuatro piezas y lleva una cuerda de 90 centímetros. “La empresa que está a cargo nos da las recomendaciones, por ejemplo, de qué material se debe utilizar. Son muy exigentes con el tipo de cuerda, tiene que ser el número exacto y el material para que no se chime la mula”, detalló Lilliana, de 27 años.

“Al principio fue una risa”
Lilliana recuerda que al inicio, el proyecto les causó gran curiosidad. “Me hizo mucha gracia porque no sabía que se podía hacer ropa íntima para un animal, pero sí ha sido muy linda la experiencia”, señaló la joven, quien empezó hace seis años sin saber coser.
Doña Mélida coincide: “Para todas fue una risa al principio, recuerdo cuando nos trajeron varias cosas para cotizar y le digo a las güilas, ¡uy están muy raros estos pañales de las mulas! Vieras qué vacilón, hemos gozado, nos hemos reído, ha sido una gran bendición, es un trabajo muy bonito y accesible que hacemos desde la casa”.
Con el tiempo, Lilliana fue perfeccionando su técnica, ya que “antes podía tardar más de media hora haciendo una pieza, ahora de 15 a 20 minutos”, señaló la costurera, quien aprendió el oficio pensando en emprender.
”Empezamos llevando cursos básicos de costura, desde cero, de cómo utilizar la máquina, ya de ahí fuimos elaborando ropa íntima para hombre, mujer, niños, confeccionando diferentes prendas, pero terminamos haciendo ropa íntima para mulas, para eso no llevamos un curso, pero lo aprendimos desde casa con mucho amor", relató.
Ayudar a otros
El emprendimiento no solo ha transformado la vida de estas cuatro mujeres, también les ha permitido ayudar a su comunidad. “Hemos bendecido a otras personas con lo que nos da el Señor, hemos podido ayudar a personas con discapacidades, gente que necesita para un funeral, que ha pasado una necesidad y otras donaciones que aunque puedan ser poquito, lo hacemos con todo el amor del mundo”, manifestó doña Mélida.
Las emprendedoras confiesan que, además, han desarrollado un gran afecto por las mulas. “Les tenemos mucho cariño, hay una que se llama Shakira, hasta tenemos las fotitos, se ven todas sexy con las nalguillas, todas tapadillas”, dice doña Mélida entre carcajadas.
Sin embargo, el negocio enfrenta desafíos, debido a que las máquinas de coser que utilizan son caseras y de viejo modelo. “Las ideales serían las máquinas industriales, para hacer más rápido el producto y mayor facilidad, porque las que tenemos son caseras y a cada rato nos fallan, tenemos que estar llamando al técnico para que venga por el mínimo fallo y a veces cuesta conseguir las piezas porque nuestras máquinas ya son muy viejitas”, señaló Lilliana.
A pesar de las dificultades, estas cuatro mujeres continúan adelante con su emprendimiento, demostrando que con creatividad, trabajo y amor, se puede salir adelante incluso en las comunidades más golpeadas por la falta de oportunidades.
Idea innovadora
Para la médico veterinaria Raquel Arana, esta forma de protección de los equinos resulta una buena idea sin “lado negativo”. Eso sí, la experta hizo la salvedad de que se debe tener cuidado para evitar la irritación de la piel de las mulas “principalmente por el cordón que les atraviesa el lomo y alrededor del rabo. Guácimo es una zona muy húmeda y caliente, y eso puede generar que en la región perianal de la mula se vaya a producir algún tipo de lesión”.
En esa misma línea, las emprendedoras explicaron que, apegadas a los lineamientos de la empresa bananera, al momento de confeccionar los pañales se toman las medidas necesarias para evitar que se lastimen las bestias de carga.

El uso de los pañales también es solicitado por países europeos que aplican normas de sanidad animal en la producción de banano, en el entendido de que los residuos orgánicos recolectados luego son empleados en la elaboración de abono orgánico.
“Si las están limpiando constantemente o por lo menos una vez al día, es una buena opción, inclusive, para controlar moscas o la contaminación alrededor, entonces lo veo bien”, agregó Arana.
La Nación quiso conocer la posición de la compañía exportadora del fruto, pero el día de la visita a la zona el encargado de la finca dijo que no se iban a referir al tema por orden superior.

