22 febrero
Janet Gaynorr fue la primera actriz en ganar un Oscar, en el año 1929, por su extraordinaria actuación en tres películas: 'El séptimo cielo'; 'El ángel de la calle' y 'Amanecer'. Fotografía: Canal TCM para La Nación
Janet Gaynorr fue la primera actriz en ganar un Oscar, en el año 1929, por su extraordinaria actuación en tres películas: 'El séptimo cielo'; 'El ángel de la calle' y 'Amanecer'. Fotografía: Canal TCM para La Nación

Salió de donde otras acaban. Su ascenso fue lento, si bien en el amanecer del cine, las estrellas se apagaban con las sombras de las primeras arrugas.

Más que muchas princesas, princesa parecía. Una mirada dulce; sonrisa pícara; barbilla partida; cabello arremolinado; cuerpo frágil y un aspecto ingenuo. El destino hizo el resto.

Suena fácil pero no fue así. Probó como figurante en varias cintas; una fue La represa de la muerte. Con tal de pescar un papel actuó gratis.

En algún momento pensó en volver a Filadelfia, Pensilvania, donde nació el 6 de octubre de 1906. Pasó la niñez en California con sus padres, Laura Buhl y Frank de Witt Gaynor; estudió para maestra y decidió emigrar a Los Ángeles.

Luego de alejarse de las películas, Janet Gaynorr a la pintura, con la que realizó una gran exhibición. Fotografía: TCM para La Nación
Luego de alejarse de las películas, Janet Gaynorr a la pintura, con la que realizó una gran exhibición. Fotografía: TCM para La Nación

Le costó mucho colocarse. Fueron muchas las jovencitas inmoladas, en los años 20, en los altares paganos del celuloide; la mayoría de polillas cayó en la prostitución, las drogas o la muerte.

Con 18 años llegó a la tierra de los sueños fáciles y ancló en una zapatería. Ganaba 18 dólares a la semana; creía que su cara de niña la convertiría en otra Mary Pickford.

Un año después la raptó el cine. El director alemán Friedrich Wilhelm Murnau salió a la calle a cazar un rostro para su película Amanecer. Y la luz se hizo. Laura Augusta Gainor, más tarde Janet Gaynor, alcanzó la eternidad.

La hoja de trébol

El impacto mató en el acto a Ben Washer, representante de su amiga Mary Martin, madre del actor Larry Hagman. Resultaron heridos su tercer marido Paul Gregory, Mary, el conductor del taxi y Janet quedó como la tortuga habladora.

Tenía 76 años y el cuerpo partido por dentro: once costillas rotas, una clavícula astillada, la vejiga reventada, un riñón lacerado y una seguidilla de fracturas en la pelvis.

Quedó llena de costuras como una vieja muñeca de trapo. Vivió dos años más; el 14 de setiembre de 1984 murió de pulmonía, derivada de los múltiples tratamientos médicos.

En su veloz carrera fílmica grabó doce películas; se retiró en 1938 y tuvo una breve aparición en 1957 en la cinta Bernardina, de Henry Levin.

Alejada de las marquesinas y de los focos de las cámaras Janet se entregó a pintar. La critica alabó sus óleos y en 1977 organizó en Nueva York una sonada exposición, con sus mejores obras.

Con 20 años, Janet Gaynor fue elegida como una de las Wampas Baby Stars, una campaña para galardonar y promocionar a 13 prometedoras jóvenes actrices. Fotografía: TCM para La Nación
Con 20 años, Janet Gaynor fue elegida como una de las Wampas Baby Stars, una campaña para galardonar y promocionar a 13 prometedoras jóvenes actrices. Fotografía: TCM para La Nación

Cuando el cine sonoro –como si fuera un meteorito– devastó a los dinosaurios de la pantalla muda, incapaces de acomodarse a los nuevos tiempos, surgieron actrices como Janet, quien tenía buena voz y podían memorizar largos guiones.

Esa versatilidad la llevó a la cima y a ser la primera, y única mujer hasta la fecha, en ganar un Oscar –en 1929– por su extraordinaria actuación en tres películas: El séptimo cielo; El ángel de la calle y Amanecer.

Con 20 años –en 1926– fue elegida como una de las Wampas Baby Stars, la campaña promocional financiada por Western Association Of Motion Pictures Adverstisers, para galardonar y promocionar a 13 prometedoras jóvenes actrices.

Una chica de provincias

Bonita sin ser bella, aún así tuvo sus arrumacos con apetecidos galanes de aquellos días, lujuriosos como gatos callejeros.

El Oscar de 1929 vino acompañado de su primer marido, Jesse Lydell Peck, guionista, prominente abogado de California, jefe estatal de bomberos y hombre público. Después de cuatro años se dieron la mano y cada uno siguó por donde vino.

Nadie podia decir que Janet era una mujer ligera de cascos, solo porque a los años hizo yunta con Gilbert Adrian, diseñador del estudio Metro Goldwyn Meyer –MGM– en más de 250 películas.

El “star system” de los años 20 opacó los aportes de genios como Adrian, quien fue el creador de la imagen glamurosa de estrellas como Natacha Ramboba –mujer de Rodolfo Valentino– o Greta Garbo, Joan Crawford, Jean Harlow o Katharine Hepburn.

La Gaynor dejó el plató y se dedicó a las tareas domésticas como esposa y madre de Robin, no el joven maravilla por supuesto. Vivieron juntos dós décadas; Adrián murió a los 56 años, debido a un fulminante ataque cardíaco.

Cerca de los 50 años volvió a las andadas y se casó con Paul Gregory, el archicélebre productor de La Noche del Cazador. Ella le llevaba 14 años de diferencia.

Los malvivientes de Hollywood regaron la especie de que era un matrimonio por conveniencia, dado que Paul tenía gustos sexuales poco ortodoxos. Solo la muerte de Gaynor los separó y Gregory se casó dos veces más.

Despacio Janet Gaynor logró ser una estrella de estrellas, porque su letanía preferida fue: “Las buenas cosas llegan, a quien sabe esperar.”

Ha nacido una estrella

Amanecer. Drama lacrimógeno en el que un buen hombre de campo, casado y con un hijo, se enamora de una mujer de la ciudad y abandona a su familia. El infiel logra superar ese amor pasajero y regresa, en un nuevo amanecer, a su hogar.

Ángel de la calle. Una humilde muchacha escapa de la policía y se esconde en un circo ambulante; conoce personajes bohemios y extravagantes, entre ellos Gino, un pobre artista. que la usa como modelo para pintar una Madonna.

El séptimo cielo. La desgraciada víctima de los abusos de su atrabiliaria hermana mayor es rescatada por un limpialcantarillas de París; él se la lleva a su buhardilla, en el sétimo piso de un edificio de Montmartre.