Jorge Hernández S.. 9 febrero
Vivía una fantasía, un coctel de 'glamour' y polvo de estrellas que la elevó al altar de las favoritas del modisto de Givenchy. Fotografía: Wikimedia Commons
Vivía una fantasía, un coctel de 'glamour' y polvo de estrellas que la elevó al altar de las favoritas del modisto de Givenchy. Fotografía: Wikimedia Commons

Todas las mañanas la marquesa de Maintenon recibía del Rey Sol –Luis XIV– un buqué de flores amarillas, rojas o anaranjadas, traídas del Perú por los monjes capuchinos.

De ahí tomó el nombre Capucine, la preciosa, quebradiza, frágil y delicada actriz francesa Germaine Hélène Irène Lefebvre; famosa por encarnar a Simone Clouseau, en los tres emblemáticos filmes sobre La Pantera Rosa, de Blake Edwards.

Un día de 1990, sin saber cómo ni por qué salió al balcón del octavo piso, de su departamento en Lausana, Suiza; tomó aire, voló y cayó al piso convertida en una flor de sangre.

Quienes la conocieron quedaron con la boca abierta. ¿Qué si era bipolar? ¿Depresiva? ¿Uno, o varios, amores frustrados?¿ Qué esto o aquello?

La belleza y aires misteriosos de Capucine despertaron los rumores más viles y las pasiones más bajas. Dijeron que era lesbiana, bisexual, transexual, ególatra, comehombres y sepa Dios que más, con tal de arrastrar al fango su figura perfecta, elegante y alargada como un junco.

Por donde pasó, brilló. Tal vez carecía de talento para la actuación, pero alcanzó el éxito como maniquí, descolló en Hollywood y en Europa, y hastiada de la vida y muerta de tedio se refugió en su casa, con sus tres gatos y plantas.

Llegó a Laussana en 1962. Salió espantada de la fábrica de celuloide, porque era un pantano de pervertidos y trepadoras, así que buscó los aires de la vieja Europa, tranquilos y reposados para sus cambios de humor.

Su amigo Yul Bryner le consiguió un departamento; exclusivo y seguro. Tenía ascensor privado, puertas con llavines dobles, jardín interior, balcones, iluminado por el sol y una vista espectacular al Lago Lemán.

La gata negra

La familia de Capucine vivía bien y sus padres le ofrecieron las ventajas de una educación burguesa, primero en la escuela de Saint Raphaël, ciudad donde nació el 6 de enero de 1928, día de los Reyes Magos.

Era una niña de revista. Estudió dibujo en el Museo de Bellas Artes, después se graduó en idiomas y cuando todos la veían casada y pariendo hijos como una coneja, dio el esquinazo y se armó el cotarro.

De un pronto a otro mandó todo al canasto; cambió de planes y se fue a París, donde se abrieron a sus graciosos pies las puertas de las mejores casas de costura, en especial los talleres de Hubert de Givenchy, Pierre Balmain y Christian Dior.

Tenía un porte andrógino, pómulos pronunciados, el óvalo de la cara como el de una cariátide y una mirada egipcia, melancólica y glacial.

Vivía una fantasía, un coctel de glamour y polvo de estrellas que la elevó al altar de las favoritas del modisto De Givenchy: Jackie O y Audrey Hepburn, con las cuales revivió a las Tres Gracias.

Sol rojo

Hay un debate galáctico en torno a una duda trascendental, para unos casi teológica y para otros apenas deportiva: ¿Con cuál película debutó Capucine? Pudo ser L’aigle à deux têtes –en vernáculo El águila de dos cabezas– (1948) de Jean Cocteau, o Rendez-Vous de Juliette (1949) de Jackes Becker.

La respuesta es irrelevante salvo para los lengualarga, dado que en la de 1949 Capucine conoció a Pierre Trabaud, un actor con quien se casó a los 21 años.

El matrimonio resultó un soberano fracaso; al cabo de seis meses ella decidió deshacerse del marido. No tenían hijos y la actriz deslumbraba con su belleza sobrehumana, pero un poco ambigua para la moral norteamericana.

A los 36 años conoció en el plató de El León a William Holden y sostuvo una intensa relación de dos años. Holden fue el “golden boy” del cine americano, apresado por el alcohol y sus frustraciones, tanto que en una de sus “tandas” pegó contra una mesita y murió desangrado sobre la alfombra.

Pasaba muy atareada entre el cine, la televisión y el modelaje, por lo que su vida privada era un desastre. Fotografía: Wikimedia Commons
Pasaba muy atareada entre el cine, la televisión y el modelaje, por lo que su vida privada era un desastre. Fotografía: Wikimedia Commons

Entre 1950 y 1955 Capucine grabó cuatro cintas más, sin descuidar su carrera de modelo, hasta que en 1957 el productor Charles Feldman le sugirió estudiar arte dramático y pulir su inglés en Hollywood.

Una vez instalada en la ciudad de las marquesinas consiguió su primer gran papel junto a Dirk Bogarde, en Sueño de Amor, y fue nominada al Globo de Oro como mejor actriz.

Las comidillas faranduleras la hastiaron y regresó a Europa para filmar 13 obras de mayor calibre, entre ellas: La gata negra, Satiricón y la trilogía de La pantera rosa.

Pasaba muy atareada entre el cine, la televisión y el modelaje, sin que nadie notara el insondable abismo que se abría tras sus ojos.

Los días de vino y rosas jamás volverían a Capucine. El 17 de marzo de 1990 saltó al vacío, porque flores tan bellas no pueden durar.

Perfume de mujer

Modelo en flor. Fue la maniquí favorita de Hubert de Givenchy, quien la conectó con sus mejores clientas; entre ellas Audrey Hepburn y la reina de Camelot: Jackie O.

Personajes extraños. En el cine interpretó señoras mundanas, casquivanas, prostitutas y mujeres ambiguas, lo que despertó procaces comentarios en el mundillo de Hollywood.

Fragancia de película. Después del estreno de La pantera rosa, la española Carmen Vidal creó la marca de cremas Germaine de Capuccini, que evoca el nombre de la actriz y de la exótica flor.