
En mi pueblo no pasaba nada. Cuando desapareció el tren y no regresaron los barcos de Chiquita Banana, si acaso bajaban los buses de Puriscal, de Zacarías Madrigal. Aparte de El Miramar, había otro salón de baile: el Maraviz, donde los sábados tocaban Apolo 12 y Los Satélites.
Un día hubo noticia en Quepos: el Maraviz presentaría a Jenny Castillo y… Gloria a Dios en las alturas, ni siquiera recogieron las basuras. Algunos pagaron la entrada y otros se amontonaron tras las rejas de las ventanas para ver a la niña cantante. Qué lindo era mi pueblo, ingenuo y fugaz; ahí la gente no la pasaba tan mal. Ahí estuve tras las rejas y aquella imagen se quedó conmigo.
Jenny Castillo y sus canciones o plegarias de niña marcaron a una generación enamorada de su voz, de su inocencia y de sus inmensos ojos verdes como el mar.
¿Por qué se retiró de los escenarios tan pronto? Tenía una voz privilegiada y un oído único.
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De acuerdo con Ricardo Sáenz, arreglista de los temas de Jenny, cuando llegaba al estudio a grabar, cantaba la canción una sola vez (toma uno), su afinación e interpretación eran perfectas en la primera toma y no tenían que volver a grabar, algo que logran pocos artistas. “Tenía oído perfecto, de eso estoy seguro, era muy cuidadosa con la afinación, yo podría atribuir eso a su alto intelecto, el cual nunca reveló debido a su gran humildad”, recordó Sáenz.
El pasado 7 de julio, a los 55 años, su corazón dejó de latir y ya nunca más la oiríamos cantar. De ella quedaron bonitos recuerdos, sus recortes amarillos y los vídeos de sus frecuentes apariciones en Las Estrellas se Reúnen, con Santiago Ferrando, Inés Sánchez de Revuelta y Evita Arguedas.
En radio Libertad, Musical, Reloj, Columbia Estéreo, Sonora, Centro y también en Sinfonola, escuchábamos una y otra vez Plegaria de una niña, Pobre gorrión, Páginas del alma, Brindo por tu cumpleaños y ¿Por qué te fuiste? También oíamos su voz en las rockolas, radiograbadoras y en tocadiscos; todavía no se conocían los discos compactos ni los modernos aparatos; eso sí, reinaba la autenticidad, la humildad y las ganas de oír a una niña infinita y tierna. Entre 1978 y 1982 grabó 22 sencillos y cuatro elepés.
Nacida el 4 de enero de 1965, hija de Olman Castillo y María Cecilia Chaves, tuvo dos hijos: Catalina y Jesús Alejandro. Jenny empezó a brillar en la escena musical a finales de los 70, tras ganar el primer lugar en Telegatunas, dirigido por Hugo El Gato Araya.
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Al llegar a la mayoría de edad, se alejó de los escenarios, de los estudios de grabación y también del programa de Ferrando. Su destino estaba en la cátedra universitaria y cuando bajó el telón y se apagaron las luces, lo hizo en serio, solamente apareció una vez más, en el 2017, en Tu Cara Me Suena de Canal 7, donde Vanessa González recordó uno de sus éxitos. En el 2015 también intervino en un concierto junto a La Banda, Los Hicsos, Vía Libre, La Pandylla y Abracadabra.
Jenny Castillo fue durante ocho años directora académica de la Escuela de Relaciones Públicas y de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Latina. Ahí los millennials no tenían la más remota idea de que aquella bonita señora, de niña enamoró a toda una nación.
También trabajó en el Cuerpo de Bomberos como Coordinadora de Proyectos Educativos, donde cosechó múltiples satisfacciones pues siempre llevó a esa organización en un lugar especial de su corazón.
“Nos deja un gran vacío, pero también un gran legado. Comprometida con su profesión y sus estudiantes, Jenny fue siempre muy querida por todos y la recordaremos por su carisma, respeto, compromiso y entrega”, escribieron las autoridades universitarias el día de su partida.
No todo fue fácil: “Tuve que estar visitando lugares donde se reunía gente adulta, que ingería licor y tras de eso tenía que cantar canciones para adultos siendo una niña. Entonces fue una incongruencia entre lo que era mi edad y los escenarios en los que tenía que irme desenvolviendo”, recordó con dolor en una entrevista.
El periodista Luis Rojas, profesor universitario y compañero escribió unos párrafos que revelan su madura personalidad y su consolidado intelecto: “Tuve el privilegio, por muchos años, –dichoso yo– de compartir con doña Jenny Castillo, señora linda y cantante, aunque esto último, ya no era tan importante en su vida, aún así, reconocía que de vez en cuando cantaba solita en su casa y se oía muy linda, mientras dejaba sonar otra carcajada y sus ojos verduzcos, a veces más intensos, brillaban llenos de una escondida felicidad. Muchas veces, mientras compartíamos un café dejábamos pasar los minutos hablando de política –lo que amaba– pero, también de la marcha del Estado, pues Jenny era cuestionadora y ponía sus argumentos sobre la mesa para defenderlos a sangre y fuego, pero sin enojarse… esta mujer linda, trabajadora y enamorada de la vida, sembró en sus amistades y en sus alumnos semillas de paz, de encanto y de amor”.
El autor es periodista.