
A sus 93 años, don Miguel Ángel “Felo” Segura pasa buena parte de sus días sentado en un banco, tomando un poco de sol frente a su casa en Los Itabos, una de las comunidades de Aserrí donde los vecinos aseguran que la falta de agua se ha vuelto especialmente difícil.
“Ahora sí está terrible esto”, dice. Don Miguel vive solo y, a diferencia de otras familias de la comunidad, cuenta con dos estañones. Uno lo utiliza para almacenar agua cuando el servicio llega y el otro para el sanitario.
Cuando no hay suficiente presión en la tubería, tiene que recurrir a un tarro para bañarse.
“Yo no tengo dificultades porque tengo esos estañones. Vivo solo. Pero hay mucha gente que sí las tiene. Nunca había visto una crisis así”, explica.
Su preocupación está especialmente puesta en las familias numerosas que viven en las partes altas de la comunidad. “Hay casas donde viven cinco o seis personas y no tienen una gota de agua”, cuenta.
“Muchas de estas personas no tienen ni para comprar arroz, menos para un estañón”.
Para don Miguel, tener recipientes donde almacenar agua se ha convertido en una ventaja que no todos pueden permitirse. Él logró conseguir los suyos antes de que la situación se agravara, pero sabe que muchos vecinos dependen de los camiones cisterna y de las pocas horas en que el agua vuelve a las tuberías.

El hombre de 93 años también tiene dudas sobre la calidad del líquido que llega a algunas viviendas.
Dice que ha escuchado reportes sobre contaminación y residuos en el agua y que, por precaución, ahora prefiere hervirla antes de tomarla.
La preocupación ocurre mientras Aserrí enfrenta un brote de hepatitis A. El Ministerio de Salud confirmó 14 casos entre Aserrí y San Juan de Dios de Desamparados y, tras inspeccionar los sistemas de abastecimiento, encontró en el Sistema Lourdes del Acueducto Municipal de Aserrí niveles de cloro por debajo de lo recomendado, sedimentos y presencia de coliformes fecales.
Don Miguel mira la situación desde la tranquilidad de sus 93 años, pero dice que la escasez ya no puede verse como una dificultad pasajera. “Hay mucha gente que sí la pasa mal”, repite, mientras señala las casas de sus vecinos.
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