
Los outlets suelen ser una salvada: el aliado ideal para encontrar artículos para fiestas o la oportunidad de adquirir dispositivos electrónicos cuyos precios suelen estar inflados en otros comercios. La evidencia se refleja en las filas kilométricas y la fuerza con la que las estampidas de personas irrumpen cada vez que llega nueva mercadería, pero detrás de algunas gangas ocurre un mundo de irregularidades.
Al 10 de setiembre de 2024, la Dirección General de Aduanas (DGA) había presentado 90 denuncias por delitos como defraudación fiscal, subfacturación, ocultamiento u obstrucción de información a la autoridad aduanera, solo en ese año. Estas denuncias están vinculadas a irregularidades cometidas por importadores de contenedores, cuya mercancía suele terminar en los outlets.
Planteemos un escenario: imagine que alguien importa pequeñas freidoras de aire con un precio original de $30 cada una. Al momento de declarar ante la DGA, altera la información y reporta un lote de cuadernos valorados en $2, manteniendo el peso que tendrían las freidoras.
Si Aduanas no realiza una inspección física o documental del contenedor, la diferencia podría pasar inadvertida, lo que permitiría al importador pagar un impuesto mucho menor al que realmente le corresponde.
Además de evadir el pago del impuesto selectivo al consumo, este importador también estaría incumpliendo con las notas técnicas aduaneras, aquellas que garantizan que los productos sean aptos y de calidad para la venta al público. Por ello, hemos sido testigos de vacunas vencidas que terminan mezcladas entre tanto “tiliche”.
Cristian Montiel, director de Aduanas, explicó que, en cada descarga de contenedores, la institución evalúa si es necesaria una inspección física con base en parámetros de riesgo. No obstante, calificó estos criterios como “confidenciales”, pues “no existe una regla única” aplicable a todas las importaciones.
Montiel explicó que estos parámetros funcionan como un sistema de semáforo. Las declaraciones con luz verde quedan exentas de revisión; las que reciben luz amarilla pasan por un control documental, y las clasificadas en rojo son sometidas a una inspección física.
Entretanto, en cantones como Goicoechea y el centro de Cartago, los negocios de outlets han aumentado en más de un 500%, según datos de las patentes municipales. A este ritmo, pronto podrían superar en número a los puestos de lotería, al tiempo que continúan acumulándose cientos de denuncias en el Ministerio Público.
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La odisea de los consumidores en los outlets
Revista Dominical consultó a la Comisión Nacional del Consumidor del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) sobre la cantidad de denuncias presentadas por consumidores que adquirieron mercancía en cajones, ya sea por recibir productos defectuosos o verse afectados de alguna manera. Sin embargo, explicaron que no existen estos datos específicos, ya que “no se cuenta con una categoría de establecimiento comercial para negocios denominados outlets”.
Lo que sí es un hecho es que, en mayo de 2024, el Ministerio de Salud y el MEIC fiscalizaron 15 de estos comercios y encontraron múltiples irregularidades. Entre ellas, facturas que no incluían información sobre políticas de cambio o garantía, como el plazo disponible o el proceso a seguir en caso de requerirlo.
También detectaron la venta de artículos vencidos, medicamentos sin registro sanitario, equipo biomédico en condiciones irregulares y el incumplimiento de normativas sobre advertencias de seguridad en su uso.
Además, entre setiembre de 2022 y 2024, la Dirección General de Aduanas decomisó cerca de 124 toneladas de mercancías en tiendas tipo outlet, que presuntamente vulneraban el régimen jurídico aduanero.
Dentro de este mismo periodo, se iniciaron 22 procesos administrativos a importadores y, a setiembre de 2024, la Policía de Control Fiscal (PCD) había realizado 40 decomisos de mercancías por no contar con las notas técnicas o estar mal declaradas en las DUA de importación.
Pese a todo, esa es la esencia de los outlets. Por más que sea decepcionante, es difícil enfadarse con las gangas. ¿Quién no se ha encontrado una joya dudosamente barata al “bucear” en estos comercios?
