Preguntaron al gran Raymond Chandler quién había asesinado a uno de los personajes de su novela policial El sueño eterno , y el escritor respondió: “No sé”. Pase que el lector ignore quién es el asesino cuando no hay un mayordomo, pero que el propio autor no sepa quién le mató a uno de sus personajes, eso sí es escribir novelas de misterio.
Por su título, El sueño eterno puede ser la biografía de los proyectos de ley de la fertilización in vitro y de las uniones civiles de personas del mismo sexo, pero realmente es un mito de la novela y del cine “negros”.
En 1946, Howard Hawks llevó al cine El sueño eterno ( The Big Sleep ), cuyos personajes eran tan ambiguos y sospechosos, que, en vez de buscar al culpable, el público buscaba al inocente. Sus protagonistas fueron Humphrey Bogart, un actor que venía de una imaginaria Casablanca , y Lauren Bacall, una actriz que llegaba de otro mito: Nueva York.
Por entonces, Boggie y Betty (como se decían en casa) ya estaban casados, luego de haberse conocido cuando actuaban en la película Tener y no tener (1944) y ella era una primeriza temblorosa al decir sus parlamentos con una voz de contralto que se había inventado para lucir de mujer fatal.

Desde el primer instante, Bogart y Bacall se entendieron, pese a que él estaba casado (se divorció pronto y por tercera vez, por lo que ya parecía un vecino del registro civil) y a pesar de que él le llevaba 25 años, y ella, varios centímetros a él.
Lauren Bacall ( née Betty Joan Perske, Nueva York, 1925) ha muerto el 12 de agosto de este año; y decimos “ha muerto” a pesar de los meses pues la suya es una de esas vidas admiradas cuyas muertes nos acompañan los días.
Es imposible separar la larga biografía de Lauren (90 años) de la breve de Humphrey (56) pues se cruzan como las 24 horas del lunes y las cero horas del martes. Ambos vivieron juntos y engendraron dos hijos entre 1945 y 1957, hasta la muerte del actor. Compartieron también cuatro cintas e ideas políticas.
Ambos fueron liberales (en el sentido estadounidense) y se opusieron al borracho y senador Joseph McCarthy, quien emprendió una persecución contra actores y guionistas acusados de ser afines al comunismo, con frecuencia falsamente. “Ser liberal es la mejor cosa en el mundo que uno puede ser”, dijo Bacall en el 2005.
En vida de Bogart y luego de su muerte, Lauren filmó unas cuarenta películas –incluida la espumante Cómo casarse con un millonario –, a veces como actriz secundaria, pero siempre con esplendor, con clase, y, al fin, actuándose a sí misma: llevando, al cine y al teatro, su personaje de mujer inteligente, segura y hasta heroica que fue en este lado de la pantalla.
Lauren Bacall educó a tres hijos (el último, del actor alcohólico Jason Robards, de quien se divorció) y participó en campañas contra el patriotismo torcido y el racismo, y se fue con clase. En marzo de 1943, el director Howard Hawks había preguntado quién era esa chica-modelo de la portada de la revista Harper’s Bazaar : hoy sabría responderle cualquier gourmet del cine.