En un blanquísimo edificio de la Universidad de Costa Rica ubicado en la Ciudad de la Investigación, en San Pedro, un grupo de físicos, médicos, químicos e ingenieros produce una de las herramientas más sofisticadas que existen hoy para detectar cáncer de manera temprana.
Ahí funciona el Ciclotrón de la UCR, un laboratorio único en Centroamérica que fabrica radiofármacos capaces de localizar tumores diminutos dentro del cuerpo humano con una precisión extraordinaria. Desde agosto de 2023, el centro puso a disposición del mercado costarricense el Flúor-18 FDG, un medicamento utilizado en medicina nuclear que permite detectar cerca del 80% de los tumores del cuerpo humano. En menos de dos años, el laboratorio ya ha atendido a más de 3.000 pacientes.
La cifra adquiere otra dimensión cuando se aterrizan esos datos y se piensa desde el ser humano: detrás de cada estudio hay una persona que probablemente llegó con miedo, incertidumbre, esperando confirmar si un tratamiento está funcionando. El cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte en Costa Rica y, de hecho, Costa Rica registra un aumento del 30% en diagnósticos de cáncer entre 2019 y 2025, según el informe de Salud en Perspectiva de la Coordinación de Investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad Hispanoamericana (UH).
El halo optimista aparece cuando la posibilidad de detectar lesiones diminutas con este fármaco (a veces invisibles en otros exámenes) cambia radicalmente las probabilidades de tratamiento.
La acción dentro del Ciclotrón parece cuidadosamente coreografiada. Un paciente recibe una inyección de radiofármaco, espera cerca de una hora mientras el compuesto recorre su organismo y luego entra al PET-CT, un escáner capaz de combinar dos tipos de imágenes médicas para construir una representación tridimensional del cuerpo. Allí, las células cancerígenas aparecen como puntos de intensa actividad metabólica. Suena complejo, y de hecho lo es, pero el resultado del examen se da comparando ambas imágenes, como quien calca un dibujo sobre otro.
La explicación científica, naturalmente, contempla más dimensiones. “El ciclotrón produce radioisótopos con los cuales se fabrica un tipo de medicamento denominado radiofármaco, que sirve para diagnosticar y tratar distintos tipos de cáncer”, explica Erick Mora, físico y responsable del proyecto.
Pero el laboratorio no se ha quedado ahí. En abril de este año comenzaron a atenderse los primeros pacientes con Flúor-18 PSMA, un radiofármaco mucho más específico, diseñado particularmente para cáncer de próstata. La expectativa del centro es atender entre 30 y 60 pacientes mensuales con esta nueva tecnología, en un país donde el cáncer de próstata continúa siendo uno de los más frecuentes entre hombres. Para dar una idea, alrededor de 1.000 hombres son diagnosticados con cáncer de próstata cada año en Costa Rica (una tasa de incidencia de 44 por cada 100.000).
La construcción del proyecto comenzó a mediados de la década pasada. A través del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), se distribuyeron cerca de 200 millones de dólares entre las universidades estatales.
La UCR decidió entonces apostar por una infraestructura que hasta ese momento no existía en la región centroamericana. Del total de recursos, la universidad asignó cerca de 10 millones de dólares para levantar el edificio del ciclotrón —una estructura de 1.600 metros cuadrados distribuidos en tres plantas— y para adquirir todo el equipamiento necesario para producir radiofármacos.
Posteriormente, en 2020, la propia universidad realizó una inversión adicional de 2,5 millones de dólares con fondos propios para adquirir el PET-CT (el escáner) y otros equipos médicos complementarios.
Postteriormente, la universidad creó cinco plazas permanentes para sostener el proyecto —cuatro profesionales y una docente— y, con los recursos generados por el propio laboratorio, actualmente se han contratado alrededor de quince personas adicionales que funcionan para mantener el centro a través de la venta de servicios médicos.
Actualmente, pacientes provenientes del sector privado pagan alrededor de 1.300 dólares por estudio. Paralelamente, la Caja Costarricense de Seguro Social accede a los servicios mediante contratos públicos con la UCR tramitados a través del SICOP, con un costo cercano a los 1.000 dólares por procedimiento.
Ese esquema ha permitido sostener operaciones, contratar personal y continuar desarrollando nuevas aplicaciones médicas.

Sin embargo, el proyecto también atravesó momentos de controversia.
En febrero de 2025, la Fiscalía Adjunta de Probidad, Transparencia y Anticorrupción realizó allanamientos relacionados con presuntas irregularidades en la construcción del laboratorio. La investigación apuntó a funcionarios universitarios vinculados al proyecto. No obstante, meses después, en mayo, el Juzgado Penal de Hacienda y de la Función Pública rechazó suspender a dos de los funcionarios investigados al considerar que no existían suficientes elementos para acreditar la probabilidad de responsabilidad penal.
Mientras tanto, el laboratorio siguió funcionando y hoy continúa expandiéndose. “Esto es una de las grandes audacias científicas que ha hecho este país. Es motivo para que el costarricense esté orgulloso, esté emocionado y los jóvenes se decidan a estudiar ciencia y vean que se pueden hacer cosas únicas”, finaliza el doctor Mora.
