
En lo alto del costado norte de la basílica Nuestra Señora de los Ángeles, de Cartago, hay un vitral con la esencia de la coronación pontificia de La Negrita.
En un fondo oscuro, los adornos de oro de la Virgen resplandecen en el centro de la pieza artística. Abajo, monseñor Rafael Otón Castro, quien hizo la petición de la celebración, aparece cargando la corona. A la par, también se pueden ver a los monseñores Agustín Blessing, Antonio Monestel y Giuseppe Fietta, el representante del papa Pío XI.
A la izquierda del vitral, sin embargo, se ubica una figura ajena a la religiosidad, pero de enorme importancia en la política: el presidente de Costa Rica de entonces, Ricardo Jiménez de Oreamuno, con las manos juntas en señal de rezo.

Ahora puede parecer normal ver a un presidente junto a unos obispos, pero hace 100 años había diferencias marcadas entre políticos y religiosos. Jiménez de Oreamuno, quien estaba en su segundo periodo presidencial (1924-1928) de los tres que cumplió, era un liberal que abogaba por una separación absoluta entre el Estado y la Iglesia. Además, era una época en la que Costa Rica estaba bajo las leyes anticlericales que prohibieron la enseñanza de la religión católica e incluso expulsaron del país a jesuitas y obispos.
¿Cómo, entonces, fue posible que un hombre como Ricardo Jiménez de Oreamuno, de fuertes convicciones liberales, fuera colocado en un símbolo público religioso?
La respuesta puede ser precisamente la coronación de la imagen pequeña de la Virgen de Los Ángeles, el 25 de abril de 1926. Más allá de congregar a miles de personas, este fue un acontecimiento que comenzó a definir un cambio entre la política y la religión en el país.
En este reportaje nos adentramos en las razones –además de la religiosa– que dieron lugar a la celebración que este sábado cumplió 100 años.

Ni Saprissa ni la Liga habían jugado un clásico
Costa Rica era entonces un país agrícola y rural que dependía de la producción de banano y café. Eran tiempos en los que había centros urbanos en San José –por donde un tranvía recorría una parte de la ciudad–; Heredia, Cartago y Alajuela. Por las calles de tierra, las personas se trasladaban a pie, a caballo o en una carreta jalada por una yunta de bueyes.
La población apenas ascendía a 500.000 personas, es decir, 10 veces menos que en la actualidad (más de cinco millones). En su gran mayoría eran personas trabajadoras, obreros o comerciantes que vivían con limitaciones, pero que tenían casas propias o parcelas de terreno para sembrar alimentos para su consumo.
Había una élite que controlaba la producción de café y poseía el 50% de las tierras, de acuerdo con la historiadora Andrea Jiménez. En tanto, en el Caribe la industria del banano estaba en manos de la empresa estadounidense United Fruit Company, que luego fue objeto de huelgas de trabajadores.

Era un país donde solo había hospitales en los centros urbanos. No existía la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ni las garantías sociales. Si alguien se enfermaba, las personas difícilmente contaban con dinero para pagar un médico. Se solía optar por remedios caseros, medicinas naturales o curanderos. Los partos, por ejemplo, ocurrían dentro de las casas, con ayuda de parteras de la comunidad, por lo que había una alta tasa de mortalidad infantil.
El ferrocarril atravesaba el país para el traslado de productos hacia las costas. Solo el Valle Central y los puertos se iluminaban por las noches con alumbrado público. La electricidad era considerada un servicio para ricos, pero incluso ellos la utilizaban para encender unos cuantos bombillos.
No había electrodomésticos y la radio apenas empezaría a utilizarse unos pocos años después. Faltarían, por ejemplo, 23 años para que se jugara el primer partido de un clásico de fútbol entre Saprissa y la Liga Deportiva Alajuelense.
Se caminaba hacia los pozos y ríos para conseguir agua, pues solo las ciudades tenían un servicio de agua potable y alcantarillado.
La educación no se consideraba como algo tan importante: solo había colegios en las ciudades. Debido a las leyes contra la Iglesia, se había cerrado la Universidad Santo Tomás en 1888, la única en el país. Las familias adineradas enviaban a sus hijos o familiares para educarse en universidades extranjeras, principalmente en Europa o Estados Unidos.

Eran tiempos de crisis global tras el fin de la Primera Guerra Mundial. A nivel local, el país recién cerraba heridas después de la dictadura militar de Federico Tinoco Granados (1917-1919) que, como cualquier otra, cometió asesinatos y torturas contra líderes políticos, y suspendió libertades individuales. Cartago también se recuperaba después del terremoto que destruyó la ciudad en 1910.
Toda esta amalgama de acontecimientos, grandes y pequeños, son necesarios para entender el momento en que ocurre la coronación de la Virgen y su trascendencia un siglo después.

¿Qué significó la coronación?
El hallazgo de la imagen ocurrió entre 1635 y 1639; no existe una fecha exacta. En abril de 1782 fue proclamada patrona de Cartago y el 23 de setiembre de 1824 fue declarada patrona de Costa Rica. La coronación ocurrió 102 años después, a raíz de la petición del primer arzobispo metropolitano de San José, monseñor Rafael Otón Castro Jiménez.
La reforma liberal fue impulsada por la llamada “Generación del Olimpo”, un grupo élite de intelectuales, escritores y políticos liberales costarricenses que, entre 1890 y 1920, consolidó parte de la identidad nacional, el Estado liberal y la cultura de Costa Rica.

“Era un grupo de presidentes e intelectuales que querían una Costa Rica más laica, no tan religiosa, sino progresista, siguiendo el ideal francés: nada de religión, nada de clero y la prohibición a los sacerdotes de optar a cargos públicos”, explica el padre Ricardo Cerdas Guntanis, estudioso de La Negrita.
La Iglesia estaba acorralada. Los religiosos ni siquiera podían andar con sus trajes en las calles, y los políticos querían influir en los nombramientos de los obispos.
El padre Cerdas explica que todas estas leyes, lógicamente, eran un obstáculo para que la Iglesia tuviera la preponderancia que quería tener. “Entonces buscó espacios públicos para legitimarse, y el vehículo que utilizaron fue la Virgen de los Ángeles”, añade.
Aunque los dirigentes del país perseguían a la Iglesia, la población católica de la época se estimaba que era del 90%. Buena parte de la vida social giraba en torno a la fe y la religiosidad popular, escribe Danny Solano Gómez, en la edición especial de este mes del Eco Católico.

Estrategia de coronación en América Latina: “Demostrar fuerza”
En el siglo XX, la Iglesia propuso la eliminación de estas leyes en contra del catolicismo, basándose en su fuerza popular. Entonces el Vaticano emprendió una serie de acciones, como la creación de la Arquidiócesis de San José, la Diócesis de Alajuela y el Vicariato de Limón. En ese contexto es que se pidió la coronación.
“Eran acciones para demostrar que el poder simbólico y espiritual le tocaba a la Iglesia, y no a los liberales, y que estaba representada en la imagen de la Virgen de Los Ángeles”, explica el padre Cerdas.
Esto era una estrategia de la Iglesia para posicionarse frente al auge de las reformas liberales en América Latina y los gobiernos anticlericales. Por esa razón, también se coronó a la Virgen de Luján en Argentina, a la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba y a la Virgen de Fátima en México.

La Negrita como “emblema anticomunista”
Otra muestra de fuerza por parte de los representantes de la Iglesia ocurrió en 1923, cuando el sacerdote Jorge Volio lideró el Partido Reformista, que buscaba mejoras para los trabajadores y mayor justicia social.
En ese momento comenzaron a surgir movimientos de trabajadores e intelectuales “cuyos anhelos se verán reflejados en la Reforma Social de los 40 años, llevada a cabo por Rafael Calderón Guardia”, escribe Danny Solano Gómez.
Años más tarde, el 2 de diciembre de 1956, la imagen de la Virgen fue nombrada también como Reina del Trabajo. El padre Ricardo Cerdas considera que esto se hizo como una respuesta ante el avance del comunismo, debido al carácter ateo y materialista del marxismo que busca eliminar la religión.
“Ahí la Virgen se utiliza como un emblema anticomunista. Se decía ‘la Virgen nos protege porque es la reina de los trabajadores católicos’”, apunta el padre Cerdas.

El presidente liberal en el vitral de la Virgen
Ricardo Jiménez de Oreamuno, el presidente liberal (1910-1914, 1924-1928 y 1932-1936) que aparece en el vitral de la coronación de la Virgen, provenía de una familia arraigada a la política costarricense: su padre, Jesús Jiménez Zamora, también fue presidente del país en dos ocasiones (1863-1866 y 1868-1870).
Jiménez Zamora fue uno de los precursores de la Reforma Liberal que en 1884 oficializó la educación como gratuita y obligatoria e impulsó la modernización jurídica, económica y cultural.

No obstante, esta familia de políticos tenía a varios de sus miembros en la Iglesia. Algunos de ellos formaron parte de cofradías y celebraciones, incluido el sacerdote Eustaquio Jiménez Zamora.
La mayor influencia católica de la familia fue por parte del abuelo de Ricardo, el teniente de gobernador Ramón Jiménez y Robredo, quien fue el mayordomo de la Virgen de Los Ángeles cuando, en 1824, el congreso constituyente la declaró patrona del país.
El padre Ricardo Cerdas Guntanis considera que Ricardo Jiménez de Oreamuno “era un buen estratega político y por eso capitalizó políticamente la coronación de La Negrita”.
Ricardo fue el que inició la construcción de la basílica de Los Ángeles que había quedado destruida con el terremoto de 1910. Años más tarde, en 1932, también promulgó el 2 de agosto como feriado nacional.
“El hecho de que a nivel legal se declare un feriado, representa que está muy arraigado en la población”, dice el padre Cerdas. “Estas acciones fueron las que construyeron a la imagen de la Virgen como símbolo nacional”, agrega.

Centenario de la coronación
Al mediodía del 20 de abril de 2026, algunas personas se toman fotos desde el atrio de la basílica de Los Ángeles. En este lugar ocurrió el acto de coronación −que congregó a unas 20.000 personas−, porque la iglesia se encontraba en construcción luego del terremoto.
Algunas personas llegan hasta la piedra donde ocurrió el hallazgo de la imagen o a la fuente de agua. Por la entrada principal del templo caminan de rodillas por toda la nave central. Adentro, se contempla la estructura de madera –no se pudo de acero porque la importación de este material era escasa debido a las secuelas de la I Guerra Mundial– que se levantó hace más de 100 años.

Las personas continúan andando de rodillas. Rezan para que la Virgen les interceda en un examen médico, en una quimioterapia o en una enfermedad terminal. Otros, agradecen que les haya cumplido una plegaria. Si la Virgen de Los Ángeles es famosa por algo, “es que aquí pasan cosas extraordinarias”, dice el padre Luis Esteban Fernández, vicario de la Basílica.
Hasta 2017 los presidentes de Costa Rica brindaban un discurso en la misa del 2 de agosto. Solían vincular la realidad política coyuntural con la fe. En una de sus intervenciones, el expresidente Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002) dijo que La Negrita era “el nudo que une los distintos sectores del país”.

