
Hay un refrán popular que, aunque un poco odioso, no deja de tener razón: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. La experiencia, la sabiduría y los conocimientos adquiridos a lo largo de los años son, en muchísimas ocasiones, más valiosos que el desarrollo tecnológico. Don Carlos Watson, de 74 años, fue multicampeón nacional como jugador y como entrenador, pero es especialmente conocido como un formador de talentos nato.
Él fue uno de esos ojeadores de vieja escuela que, sin embargo, tenía toda una estrategia técnica y de contactos desarrollada para detectar a los mejores jugadores en todo el país. Así dio con Winston Parks jugando en una playa de Limón, Esteban Alvarado atajando en las plazas de Siquirres, Gilberto “Tuma” Martínez sobresaliendo en un partido de ligas menores en Pérez Zeledón, Roy “Popo” Myrie destacando en Bananito de Limón y Christian “Lula” Montero demostrando su garra aún en una goleada en contra.
Watson relató a Revista Dominical estas anécdotas. Él aprendió su método en una capacitación con el exentrenador del Liverpool, el PSG y la Selección de Francia, Gérard Houllier, y lo perfeccionó estudiando las estrategias de las federaciones de Argentina, México, Estados Unidos y Brasil, entre otros.
“A nosotros nos dio resultados la detección, detectar el talento, sea por viajar a los diferentes pueblos, ver los partidos de Anafa (hoy Liga Nacional de Fútbol Aficionado, Linafa), ver los partidos de los Juegos Deportivos Nacionales, ver los partidos de la U-20, de segunda división, hay que estar en todas, así se detectaba talento”, recordó Watson, quien reitera una y otra vez que esa fue su técnica, y no cuestiona las estrategias que hoy se utilicen.

Así ocurrió con Winston Parks, delantero limonense que fue mundialista en 2002 y llegó a fichar por el Udinese de Italia en 2001. Watson lo descubrió cuando fue a ver unos partidos en Cieneguita de Limón.
“Organizamos un colectivo en Limón para ir a ver muchachos, era en el Juan Gobán, pero llovió toda la noche y la cancha que era de pasto amaneció mal. Ibamos a suspender la actividad pero una señora se acercó y nos dijo ‘¿por qué no van a jugar a la playa?’. Todos los jugadores brincaron y dijeron ‘¡Sí, sí!’. Era una cancha de 11 contra 11 en Cieneguita, pero era de arena", relató Watson.
Tras algunos minutos del partido, un vecino de la zona le dijo que “el muchacho que está allá, con la bicicleta, viendo el partido, es el mejor de todos”. Para reconfirmar la información Watson le preguntó a su amigo, el entrenador limonense Leroy Foster Benjamin, conocido como “Padre Foster”. “El padre Foster se alarmó y dijo ‘¿cómo que no está entrenando? ¡Ese es el mejor!’ Así apareció Winston Parks“.

Algo similar ocurrió con el arquero mundialista oriundo de Siquirres, Esteban Alvarado, allá por 2004, cuando el joven tenía apenas 15 años.
“Yo iba para Siquirres a ver una triangular cuando Steve Sampson, entonces entrenador de la Selección Mayor, me dijo que quería ir conmigo, entonces nos fuimos. Vi a un arquero de Siquirreña que me gustó mucho, y Sampson me dijo que viéramos el partido un ratito más y tomáramos la decisión. Al rato viene Sampson y me dice ‘definitivamente hay que convocarlo’. Ese era Esteban Alvarado", recordó Watson.
Así encontraron al guante de oro del Mundial de Fútbol Sub-20 de Egipto 2009, que llegó a jugar en Países Bajos y Turquía.

El tercer prospecto que Watson recordó es quien, para muchos, es el mejor defensor en la historia de Costa Rica. “Tuma” Martínez fue dos veces mundialista y jugó en Roma, Brescia y Sampdoria, entre otros.
“Yo era supervisor de las ligas menores de Saprissa y los entrenadores, los lunes, tenían que entregarme un informe que incluía un espacio para escribir el nombre del mejor jugador del equipo rival. Un equipo de Saprissa fue a jugar a Pérez Zeledón y el profe me presentó un informe con el nombre de Gilberto Martínez, así lo conocí“, relató Watson.

El entrenador limonense recordó otras dos anécdotas de este tipo. A finales de los noventas, gracias al padre Foster, se organizó un colectivo en Bananito de Limón. El objetivo era enfrentar a la selección sub-20, dirigida por Watson, con una “selección” de Limón hecha por Foster.
“Yo fui a ver si alguno ellos era capaz de demostrar su talento y pasar a formar parte de la preselección. Estaban calentando y se acercó un amigo que me dijo ‘Carlos, el mejor no se vistió porque faltó a los entrenamientos y el entrenador no lo va a poner, pero me parece que tienes que verlo’”, recordó el veterano director técnico.
Watson se acercó a hablar con el muchacho. “Le dije que yo traje dos preselecciones para enfrentar al equipo de Limón, pero me faltaba un lateral derecho; él era extremo derecho, pero le propuse jugar de lateral para que demostrara sus cualidades técnicas. Él aceptó, se llama Roy Myrie“, narró.

Finalmente, Watson narró una talento más que descubrió yendo a ver partidos de ligas menores.
“Estaba el estadio de Moravia viendo a Saprissa contra el Valencia de Curridabat. Saprissa iba goleando al Valencia, pero en ese equipo había un defensa indomable, fuerte, rápido, imponía su carácter, se notaba el sentimiento cuando le metían un gol.
“Delante mío, en las gradas, había una señora apoyándolo, evidentemente era la mamá. Me le acerqué, le pedí los datos del muchacho para que fuera a la selección a hacer una prueba, ese joven se llama Christian Montero“, detalló Watson.
Para cazar talentos de esta forma era fundamental tener contactos y un gran equipo de profesionales que fueran a ver los partidos y volvieran con una lista de prospectos. “Era fundamental tener contactos, la gente que los entrena, que está en las canchas”, declaró Watson.
Pero el descubrimiento de talentos en mejengas de barrio ya se extinguió. Con mejenguear no basta.

