“El chocolate tiene atribuciones afrodisíacas: produce dopamina extra y nos pone un poquito más activos. El sexo nos convierte en otras personas, en seres más arriesgados, osados, atrevidos. El chocolate representa algo prohibido, restringido, como muchas veces pasa con el sexo. Es el afrodisíaco por excelencia. Por ahí dicen que nadie está triste cuando come chocolate. Tampoco está triste quien tiene sexo”.
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