Revista Dominical

El sueño de la empresa propia

Comienza el día menos esperado, con un escozor en las manos o una pregunta sin respuesta. El hecho es que se atraviesa y estorba. Incomoda. Cuesta mucho ponerle nombre a ese desconcierto: de repente ya no querés hacer lo que haces. Es muy confuso, sobre todo cuando tu trabajo es bueno, estable y hasta satisfactorio.

Tinta fresca

En mi caso, la certeza fue como un balde de agua fría: me gusta mucho mi trabajo, pero no amo lo que hago... Durante meses, el miedo a “cambiar a mi mamá por un chancho” me detuvo en el intento. Era mejor viejo conocido. Era mejor que alguien más se preocupara. Pero llegó un momento en el que no logré darle más largas y decidí, ante el asombro de mucha gente querida y cercana, dejar mi trabajo maravilloso, lleno de experiencias enriquecedoras, viajes y proyectos, y comprar un horno de panadería.

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