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Es claro que la belleza natural de una zona y la gastronomía de cualquier rincón costarricense son elementos muy fuertes y atractivos, pero un ingrediente esencial para que un destino sea exitoso y cálido es la experiencia y calidad humana de aquellas personas, profesionales y emprendedores, que se dedican a enseñar y a atender a los turistas.
Detrás de cada guía, cocinero, cocinera y emprendedor hay historias de lucha, de perseverancia. Hay muchos sueños cumplidos gracias a su entrega y pasión, que con el tiempo terminan convirtiéndose en realidades concretas e impactan el desarrollo social, económico y cultural de comunidades enteras.
En esa inspiradora línea, el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) promueve la iniciativa de comunicación Rostros del Turismo, que incluye “una serie de fotografías y materiales audiovisuales complementarios de algunos de los miles de integrantes del sector con historias de entrega, tesón, resiliencia y búsqueda incansable para hacer sus sueños realidad”.
Aprovechando la celebración del Día Internacional del Turismo, que se festeja este 27 de setiembre, le presentamos la historia de cuatro de esos ‘rostros’: George Grant, Eida Fletes, Hugo Alpízar y Rosa Iris Arguedas, con los que la institución busca humanizar su importante y beneficiosa labor.
De promocionar películas a impulsar la gastronomía y cultura limonense
Podría creerse que el discurso de George Grant Ebanks es una estrategia más de mercadeo, materia de la que es experto y posee una gran experiencia; sin embargo, lo cierto es que él habla con un conocimiento heredado y vivido.
Este limonense, de 42 años, y quien por mucho tiempo se dedicó a promocionar películas, trabajar en radio y ser líder de mercadeo en distintas empresas; hoy trabaja con turismo.
En su labor diaria, con mucho esmero y pasión, no escatima esfuerzos en ensalzar la agricultura, gastronomía y patrimonio cultural de su provincia.
George es un maestro de cacao. Conoce este fruto desde que daba sus primeros pasos y descubría sabores con su paladar infantil en la finca familiar en Santa Rosa de Limón, una propiedad de 20 hectáreas en la que su padre cultivaba el producto.
Por varios años, la vida profesional de George no tuvo ninguna relación con sus experiencias infantiles, pero finalmente, hace siete años, acudió al llamado de sus raíces y hoy su trabajo gira alrededor del cacao. Sin demasiada experiencia, pero sí con mucha entrega, asumió el negocio de su familia al punto de crear G&E Chocolate Adventure Company, un emprendimiento que ofrece tours turísticos.
Estas actividades son toda una experiencia porque los participantes conocen todo el proceso que lleva el cacao hasta convertirse en chocolate. Mientras esto ocurre, cada visitante degusta los productos e, incluso, puede disfrutar de una exfoliación con cacao molido.
“La finca de cacao la inició mi abuelo en 1948. Luego la continuó trabajando mi papá y ahora yo. Ha sido una realidad la frase que dice: ‘la oportunidad está en nuestras raíces’, es un legado que me ha brindado la oportunidad de generar un ingreso y reconectar con mi cultura”, dice George, quien en su labor siempre disfruta como un niño.
Según Gustavo J. Segura, ministro rector de Turismo, el turismo es “sinónimo de integración, inclusión, sostenibilidad y motor de desarrollo, involucrando no solo a las personas que visitan los rincones de Costa Rica, sino también a quienes atienden al turista para hacerlo sentir en casa”.
“Tan solo en los últimos 40 años, el turismo en Costa Rica ha pasado de ser una actividad relativamente pequeña en la economía costarricense a convertirse en un generador de encadenamientos y progreso social, lo que nos obliga a seguir velando por el progreso y desarrollo de la industria”, añade Segura.
Y todas esas características son parte de las cualidades de George, quien mientras trabaja, honra y promueve las costumbres de su pueblo. En su negocio, que más bien se ha convertido en un espacio cultural, ubicado en Limón centro, ofrece sus conocimientos y productos elaborados con cacao para que las personas puedan conocer más del bondadoso fruto.
En la planta superior del local, que funciona como el Centro de Turismo Cultural de Limón, los turistas pueden explorar y descubrir un universo repleto de cultura. En su interior, destaca el arte de la zona y, entre recuerdos de Costa Rica y Limón, se puede apreciar una pequeña biblioteca armada con libros y fotos de personajes de la provincia.
El Centro de Turismo Cultural de Limón es uno de los 18 patrimonios arquitectónicos que pueden admirarse en la perla del caribe. Hace décadas allí operaron las oficinas de la United Fruit Company.
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George cree en lo imprescindible de ofrecer espacios en los que los limonenses y todos los turistas que los visiten puedan educarse y conocer la cultura de sus raíces. Por eso tiene hasta un programa radial, en el que busca mantener vivas costumbres y prácticas laborales de antaño.
Es visionario, o tal vez incansable, ahora mismo trabaja en un proyecto que destacará las recetas originales del Caribe. Para George, el turismo y la gastronomía son un par que no se debe separar.
“La mejor parte de nuestros tours es cuando los clientes tienen la boca llena de sensaciones únicas para su paladar, que podemos brindarles con los recursos de nuestra misma finca. Lo nuestro es una mezcla de agricultura, gastronomía y patrimonio cultural”, asegura.
En ese sentido, George aprovecha para invitar a todos a conocer su tour y descubrir más de los sabores de Limón.
“Tienen que venir a probar. No hay ningún lugar en Costa Rica con los sabores, olores y colores de la gastronomía limonense, la cual combina ingredientes y tradiciones de muchas etnias y culturas que hacen tan especial a Puerto Limón. Los productos son únicos, frescos, nutritivos. Llenan el estómago y el alma, como si fuera su abuelita la que le cocinó”, afirma.

Un amor que nunca cambió
Eida Fletes Almengor es una enamorada de la naturaleza y del turismo. Es un sentimiento que la acompaña desde niña, justo en las épocas en el que su familia fue desalojada de Corcovado porque el lugar fue declarado Parque Nacional. Aquella vez sufrió, no quería separarse de la flora y fauna, pero finalmente su destino la hizo regresar a sus orígenes.
Eida es otro de los rostros que el ICT destaca en el Día Mundial del Turismo. A ella se le reconoce por su entrega y amor. Nació en La Península de Osa, pero su infancia la vivió en Corcovado. Se impresionó con la exuberancia de la zona y es justamente esa belleza tan natural e hipnotizante la que hoy muestra a turistas nacionales y extranjeros. Ella es guía turística certificada y creó la empresa Jacana Rey Tour.
“Crecí (en Corcovado) muy alejada de otras personas: sin escuela, hospital, iglesia ni pulpería. Éramos autosuficientes, productores, cazadores. Si nos enfermábamos se usaban plantas medicinales para sanarnos. Mi madre, incluso, tuvo cinco hijos en el parque con partera”, rememora.
Sus recuerdos también incluyen días difíciles, cuando en el año 74 (dos antes del desalojo), su mamá, quien había quedado viuda, criaba a siete hijos. Para el año 75 el área se declaró Parque Nacional y llegó la dolorosa y obligada despedida.
“El 22 de abril de 1976, a las 11 a. m., nos estábamos montando en una avioneta desde Playa Llorona para decirle adiós a mi gran amor, al lugar donde crecí”, recuerda la mujer.
Junto a su familia se mudaron hasta Sierpe, en Osa. En los 80 retornaron a Corcovado y con ese regreso creció la alegría de Eida. Se instalaron en La Palma.
La mujer, de 58 años, no solamente ama la naturaleza, sino que la conoce, y es por ello que creó su negocio y empezó a laborar como guía turística. Dentro de su experiencia está el haber trabajado 14 años para el Inbioparque, en el Área de Conservación de Osa. Cuando ese periodo terminó ella decidió emprender.
Entonces, a sus 47 años, Eida se certificó como guía turística en la Universidad de Costa Rica. Adicionalmente Eida, su hermana y sobrina, comparten otro proyecto relacionado con turismo: un tour de Palmito. Aunado a esto ofrece una guía nocturna de insectos.
Su trabajo, además de ser su sustento, le inyecta felicidad, pues puede destacar la cultura, forma de vida y las maravillas de un sitio que considera mágico.
Eida, mamá de tres, abuela de seis y bisabuela de una niña, se ha topado con gran cantidad de fauna silvestre a lo largo de su vida; sin embargo, eso no quiere decir que no le tema a algunas especies. Le tiene horror a los chanchos de monte, por ejemplo.
Sin embargo, cuando realiza guías junto a turistas, entre sus plegarias siempre está que los chanchos de monte hagan su aparición en la escena. Cuando eso sucede su miedo se convierte en adrenalina, haciéndola recordar que su conexión vital con la naturaleza es de toda la vida.
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Superación como premio a no darse por vencido
Hugo Alberto Alpízar Sandí tenía todos los componentes para darse por vencido; sin embargo, su alma luchadora no se lo permitió nunca.
Gracias a su ímpetu y esfuerzo de años, hoy Hugo Alberto es propietario de un restaurante. Sus inicios en este sector fueron como bartender y salonero, por lo que su ejemplo pone rostro a los habitantes de Costa Rica que se reconocen por ser perseverantes.
En 2010 fue separado de su trabajo como bartender en Los Sueños Marriot, pues la recesión económica de la época provocó su despido. No hubo tiempo para desanimarse: de inmediato empezó a trabajar como jardinero.
Años más tarde regresó a los restaurantes, esta vez como salonero. En esa experiencia vivió momentos delicados cuando, tras un accidente, se quebró el antebrazo derecho.
Podía desanimarse, pero en lugar de eso fue y se atendió. En ese momento Hugo Alberto pagaba un seguro independiente, lo hacía pensando principalmente en su esposa Karla Guerrero, su apoyo permanente, y quien padece epilepsia.
Finalmente, Hugo Alberto se recuperó, pero de nuevo perdió su trabajo. En medio de las circunstancias más complejas y sin capital para empezar de nuevo, los esposos ejecutaron lo que muchos considerarían un plan descabellado: abrieron su propio restaurante. De eso han pasado seis años y, aún con los embates de la pandemia, el Patacón Cevichero, ubicado en Tárcoles, Puntarenas, continúa siendo no solo una realidad, sino un deseo cumplido.
Hugo Alberto no se enojó con las circunstancias, más bien buscó ayuda para materializar esa idea que tanto les entusiasmaba a él y a su compañera de vida. Una gran amiga les hizo un préstamo y la Asociación de Desarrollo de su comunidad les tendió una mano.
“En una ocasión escuchamos que los grandes emprendedores son aquellos que hacen lo que les gusta porque lo realizan con amor y vocación. El resto se va puliendo, porque ya cuentas con esos dos pilares básicos y fundamentales. Ese era nuestro caso”, afirma Hugo Alberto, a quien el ICT destaca por su tesón y por demostrar la calidad del sector turístico.
En aquel momento la decisión de emprender un negocio se vio respaldada por la confianza que Hugo y Karla tenían en sus virtudes: son buenos para la cocina y les satisface servir a otras personas.
“Llegamos a la conclusión de que eso podría ser una buena mezcla de cualidades, ya que son muy necesarias para abrir un restaurante. Cabe destacar que lo primero que hicimos fue pedir la guía de nuestro Dios y también escuchamos consejos de muy buenos amigos. Simplemente, como cabeza del hogar, hice lo que pensé que me correspondía hacer en ese momento. ¡Y ese era el momento indicado en mi vida para emprender!”, detalló.
En el restaurante el Patacón Cevichero, en el que muy afín a su nombre el platillo estrella es un ceviche servido en una crujiente canasta de patacón (sí, es normal que al leer esto se le haga agua la boca), Hugo trabaja la parte logística y constantemente está ideando junto a su esposa nuevos platillos, que luego presentan a las cocineras para que los conviertan en una deliciosa realidad.
“Juntos nos encargamos de la parte de proveeduría y mercadeo. Siempre nos comunicamos el uno al otro, eso hace más fácil la administración que también la ejecutamos juntos. Nuestro hijo Kendell nos ayuda con las redes y publicidad”, cuenta Hugo, quien fiel a su forma de ver la vida, tampoco se desesperó ante la pandemia. Él cree que cada día trae su propio afán.
Parte de las estrategias de esta familia para salir adelante, ha sido bajar precios a los platillos que tienen un mayor valor, para así atraer clientela. La ganancia es poca, pero le da esperanza, pues nota que, aun así, “la máquina sigue rodando aunque sea despacito”.
En tiempos de crisis, donde la Covid-19 continúa acechando al país y al mundo, este negocio ha implementado las más estrictas medidas sanitarias y protocolos de limpieza. Además, Hugo y su esposa han tenido que prescindir de algunos de sus colaboradores.
Él espera que el panorama pronto mejore, pero sabe que para eso debe trabajar duro. Con el entusiasmo de siempre, Hugo trabaja cada día con la mejor disposición. Para él, el turismo se relaciona con ser sociable, hospitalario y con espíritu de servir.

Un amor que cumple sueños
Rosa Iris Arguedas Sequeira demuestra que a veces es mejor tener ganas que dinero. Gracias a su experiencia y a su deseo de tener su propio negocio, es que emprendió aún cuando no tenía recursos para iniciar. Un lote de madera, que estaba pendiente de pago, fue la estructura de la oficina de Tours Paraíso Tropical Caño Negro.
Rosa Iris ha estado relacionada con el turismo desde que era una niña. Sin embargo, no era un sector que le hiciera mucha gracia, pues lo relacionaba con la limpieza de las habitaciones de un lugar de hospedaje que tenían sus padres, Álvaro Arguedas Molina y Rosa Lelis Sequeira Romero.
En ese tiempo Cabinas El Querque, hoy llamado Albergue Caño Negro, ofrecía alojamiento y también tours en bote. Rosa Iris le pedía a su padre que le permitiera acompañarlo y, cuando podía ir, veía otra realidad del turismo que sí le gustaba: la naturaleza y la aventura.
Entonces orientó su vida hacia un turismo más activo, pero fue hasta el 2011 cuando empezó un negocio propio, junto a su pareja Joel. El impulso para lograrlo fueron ¢23.000.
Esa singular determinación y haber sacado adelante un negocio que surgió, principalmente por las ganas y deseos de superación, hacen que Rosa Iris forme parte de la táctica de comunicación Rostros del Turismo, del ICT.
Antes de emprender y siendo muy joven, Rosa Iris trabajó, entre el 2007 y 2010, en el Hotel Natural Lodge Caño Negro. Gracias a su entrega fue ascendiendo en sus labores: empezó como salonera y bartender, pasó a recepción y, finalmente, a proveeduría e inventarios.
Luego renunció, pues su sed de aventura la llevó a descubrir nuevas facetas turísticas en La Fortuna, en San Carlos. Allí se enfocó en vender tours y ganar comisiones. Hizo un alto y decidió que podía ofrecer servicios turísticos por su cuenta y así es como decidió retornar a Caño Negro, junto a su pareja, Joel Sandoval, y allí ofrecer sus servicios con su propio tour operador.
“Estando en La Fortuna nos dimos cuenta de la necesidad que existía en Caño Negro de una oficina, la cual brindara información al visitante y que vendiera tours. Fue cuando me surgió la idea de decirle a Joel que por qué no hacíamos lo que ya estábamos realizando en Fortuna, pero en Caño Negro, operando nosotros los tours en la zona”, recuerda Rosa Iris, quien cuenta que no tenían mucho dinero.
“Antes de volver hablamos con el hermano de Joel para que nos sacara una madera fiada, hablamos con el dueño de una lancha para que nos la alquilara y con el dueño del motor para negociar los tours a medias. Yo hablé con mi tío para que me alquilara el espacio para el local y, una vez acomodadas las piezas, volvimos a Caño Negro”, cuenta Rosa Iris, de 34 años, y madre de dos hijos a quienes les inculca el amor y protección de la naturaleza.
Entonces regresaron y la venta de un primer tour, en el 2011, les demostró que su decisión había sido la correcta. Ganaron los ¢23.000 ($40), una cantidad a partir de la cual cambió todo.
“Días después empezamos a construir la oficina y, en cuestión de una semana ya estaba lista. Empezamos en la informalidad un 11 de noviembre del 2011, luego poco a poco nos pusimos al día con todos los permisos”, rememora. Conforme pasaba el tiempo se presentaron más oportunidades y su negocio continuó creciendo.
Tiempo después pudieron comprar su propia lancha. Hoy, Rosa y Joel ofrecen tours en bote, kayak o canoa, pesca deportiva y artesanal. También caminatas diurnas y nocturnas, observación de aves y fotografía.
Su trabajo en turismo le permite mostrar la riqueza natural de la zona. Eso la colma de satisfacción porque puede compartir con cada turista las bellezas y la cultura de su amado Caño Negro, sitio en el que desea poder fotografiar un jaguar y en el que espera se erradiquen la pesca ilegal y actividades que dañan el ecosistema.
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RECUADRO:
Más recursos
La iniciativa de comunicación Rostros del Turismo, además de las historias de sus ejemplares protagonistas, cuenta con material audiovisual complementario de guías turísticos certificados, empresarios del sector gastronómico, hotelero, rent a car, entre otros servicios, que con su aporte fortalecen la recuperación gradual de la industria turística, al igual que lo realizan miles de trabajadores a lo largo y ancho del país. Si quiere conocer la historia detrás de estos y otros rostros de la industria turística costarricense pueden estar atentos a partir de mañana en el Facebook: Instituto Costarricense de Turismo o el Instagram: oficial_ict.
