–Primero, quería diferenciarme de mi rol de productor audiovisual. Este es mi otro ámbito, como comediante y actor. Pero, efectivamente cuando uno está en un escenario, haciendo
–No, la vida es sumamente compleja; no complicada, sino compleja. Tiene muchos micromundos y cuando uno trata de comprender la mayor cantidad de ellos, es cuando se vuelve complejo. La vida que no es compleja no tiene mucha gracia ni sentido.
–Es una gran compañera, es la señora de la casa... Es una persona muy creativa, hilarante y explosiva. Te da buena energía para poder trabajar.
–Acaba de subir el precio de la gasolina, aprobaron el Plan Fiscal en el primer debate, le robaron una
–Nunca ha habido un momento que no sea para reírse, si el ser humano pierde la capacidad de reír nos vamos a convertir en un planeta muy amargado. Una parte importante de llevar las desgracias ha sido por medio del humor. El humor que yo hago por medio de las ironías y la chota, no solo hace reír, sino que puede hacer pensar y reflexionar. El comediante tiene la capacidad de observar lo que está ocurriendo para poder denunciarlo y hacer que la gente se active. La comedia es muchas cosas, y una de ellas movilizadora.
–No necesariamente. No creo que en el tema de la comedia uno pueda decir que algo tiene que ser de una forma o de otra. No puedo ver al que está a la par y decirle lo que tiene que hacer; cada persona lo desarrolla como quiere.
–¿Entonces ese humor de denuncia, de crear conciencia es una convicción suya?
–Sí.
–¿De dónde salió?
–De todo lado: de la familia, de donde uno estudió (Universidad de Costa Rica, Conservatorio Castella)... Cuando uno toma un micrófono, aunque sea para solo 20 personas, uno tiene una responsabilidad.
–Los comediantes tenemos que ir más allá. Por ejemplo, yo trabajo mucho el tema de la masculinidad, porque me preocupa- Pero ya hay personas que me han dicho que son bromas machistas. Por eso el comediante tiene que saber cuál es el mensaje que está transmitiendo. El problema es cuando no sabemos cuál es el subtexto, o cuando lo hacemos de forma ingenua, solo por hacer reír. Tampoco he renunciado al humor
–En los últimos años, se dio un auge del
–Creció mucho, en una semana puede haber hasta cuatro eventos al mismo tiempo. Pero tampoco son tantos, somos un gremio de 30 personas. Lo que ocurre es que alguien puede ir a un espectáculo y salir muy decepcionado; pero va a otro y sale satisfecho. Yo no puedo hablar de buenos y malos, porque el movimiento está en desarrollo; no puedo hablar mal de un compañero, porque a mí me ha ido mal. He tenido que bajarme de un escenario porque el público no responde.
–¿Cómo es tener que bajarse del escenario?
–Es muy desestimulante, la autoestima queda muy abajo. Pero hay que saber manejarlo porque es parte de trabajo; hay lecciones que se aprenden de forma muy fuerte.
–¿Cómo poder reírse cuando pareciera que la norma es andar criticando a todo el mundo y andar serruchando el piso?
–Las personas tienen que aprender a reírse de sí mismas y la chota no es tan mala como dicen. Es una manera de ver errores; al final de cuentas, así se afrontan las cosas de una mejor forma.