Revista Dominical

El dulce amargo de la piña

Amarilla como el oro, jugosa y dulce, la piña es dueña y señora de miles de hectáreas en el país. Su exótico sabor le da de comer a casi 30.000 ticos que trabajan en los cultivos. Este fruto deja muchos beneficios a la economía nacional. Mas la historia del cultivo también tiene su gusto amargo.

En la casa de Juan Carlos Villalobos Umaña todo lleva la marca de la piña: cada pedazo de madera, el piso, el chapulín para abrir la tierra y las 18 hectáreas de terreno de las cuales es propietario junto a otros miembros de su familia.

Empezando por la casa. “Pude hacer una casita propia, que era uno de mis sueños”, dice este exganadero de Cuatro Esquinas de Pital, en San Carlos, una de las zonas donde el cultivo de esta fruta ha crecido exponencialmente en la última década.

Sí, exganadero. Dejó las reces para seguir el rastro dorado de un producto muy apetecido en Europa, Estados Unidos y, más recientemente, en Rusia y algunos países asiáticos. “Comencé con dos hectáreas; ahora tenemos 18. Compré maquinaria y doy trabajo a cuatro familias de manera directa. En época de cosecha, 20 hogares de mi comunidad salen beneficiados con trabajo”, relata este piñero, quien lleva 14 años dedicados a plantar miles de “hijos” de piña.

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