Revista Dominical

Despertar la memoria de Auschwitz

72 años después de la liberación del campo de concentración y tortura nazi, un grupo de especialistas tratarán de restaurar cada detalle del lugar para preservar la historia

Alguna vez hemos entrado al cuarto donde solía dormir la abuela o el abuelo. Pero ya murieron y allí no queda nada más que la presencia. Ya no están, pero todavía escuchamos la respiración, los pasos; sentimos el calor que emanaba de su cuerpo. Los espacios habitados no pierden la memoria.

"La memoria, el olvido y el espacio mantienen una estrecha relación. El espacio desata la memoria, pero también de la memoria y el olvido depende la forma en que aprehendemos el espacio", dice el antropólogo mexicano José Navarrete Lezama, para explicar la importancia de mantener el recuerdo intacto, en especial cuando se trata de edificaciones.

Por esto es que el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en Polonia entrará en un proceso de restauración, con la intención de preservar su memoria, a cargo de la Fundación Auschwitz, que se creó en 2009.

El plan es dejar todo exactamente igual como cuando el campo fue liberado por los soviéticos en enero de 1945.

"Antes y después del proceso todo tiene que quedar igual", le aseguró a El País Marta Swieton, miembro del equipo de restauradores, en uno de los laboratorios de Auschwitz, un complejo dotado de última tecnología.

"No podemos alterar nada. Todo el trabajo está destinado a conservar su originalidad porque cada objeto es testigo de una historia".

De acuerdo con el periódico español, "el campo de concentración de Auschwitz era un gigantesco campo de exterminio, pero también de concentración. Este hecho permitió que sobrevivieran muchos testigos, pero también la mayoría de las instalaciones que, en otros casos similares, habían sido desmanteladas".

"Este lugar es mucho más que un museo. El impacto de la autenticidad es enorme y nos espera muchísimo trabajo. Es un plan único en el mundo. No hay nada que se le parezca. Eso nos permite planificar la conservación para los próximos 20 años no solo de los edificios, sino de todo tipo de objetos", agregó Piotr M. A. Cywinski, director del museo Auschwitz–Birkenau.

Lo que la fundación tratará de conversar incluye 45 cuarteles militares de ladrillo, 22 cuarteles de madera, 21 torres de vigilancia pequeñas y 6 grandes, 270 metros de material de archivo, 39.000 negativos, 3.800 maletas, 470 prótesis, 250 ropajes religiosos judíos, 40 kilos de gafas, 12.000 instrumentos de cocina, y 110.000 zapatos.

Los objetos

En 1967, durante una excavación arqueológica, expertos se encontraron 16.000 objetos personales pertenecientes a prisioneros del campo de concentración nazi. Se ubicaban a un lado de las cámaras de gas.

Hallaron zapatos, joyas, relojes, cubiertos, cepillos, pipas, encendedores, trozos de utensilios de cocina, botones, navajas, llaves y maletas.

De acuerdo con los responsables del museo de Auschwitz–Birkenau, esos objetos "son un notable testimonio de la historia del campo y del exterminio llevado a cabo por los alemanes, y también un testimonio personal de la existencia de las víctimas".

Auschwitz es el lugar donde se cometió el mayor asesinato de la historia.

Por su puerta principal, entraron más de un millón trescientas mil personas; y más de un millón cien mil fueron asesinadas, en su mayoría judíos, en las cámaras de gas. De acuerdo con El País, "Mientras queden testigos y perpetradores vivos, Auschwitz es una causa abierta".

Uno de los mayores retos a los que se enfrentó la Fundación Auschwitz cuando comenzó el proceso de restauración fue el cabello, que está exhibido detrás de una vitrina.

Como contó El País, la decisión de qué hacer con el pelo se mantuvo en el aire por años, hasta que decidieron dejarle el destino del cabello al tiempo.

"Ese pelo existe, no podemos negarlo. No creo que tengamos el mandato para tomar la decisión de conservarlo o destruirlo. Mientras exista, existirá, y cuando se convierta en polvo serán las siguientes generaciones las que tengan que tomar la decisión sobre qué hacer con él", explicó Israel Gutman, quien fue un superviviente e historiador jefe del Yad Vashem, el Museo del Holocausto de Jerusalén.

En Auschwitz encontraron 600 cadáveres; 7.000 presos; 837.000 vestidos, algunos de ellos de niños; 44.000 pares de zapatos, y 7,7 toneladas de pelo.

Auschwitz –que fue pensado para 30.000 presos en un momento en que había 20.000 en toda Alemania– abrió sus puertas el 20 de mayo de 1940, y contó con tres campos principales y 39 campos subalternos.

La fúnebre sensación que produjeron los atroces crímenes cometidos en ese lugar, así como el dolor y la tortura que vivieron sus víctimas es todo lo que la fundación trata de rescatar.

Les es crucial mantener la estética de aquellos años, para que nuevas generaciones no puedan obviar lo que allí sucedió, y así también el campo funcionará como un portal en el tiempo para que no se pueda borrar la historia.

La memoria

"Varios pabellones de Auschwitz I, macizos edificios de ladrillo, se conservan igual que cuando fueron abandonados. Están las literas, los dibujos de los presos —recuperados tras un minucioso proceso—, la suciedad en los cuartos de baño —otra forma de tortura era que los deportados, muchos de ellos con disentería, solo podían utilizarlos dos veces al día", aseguró El País.

Siempre de acuerdo con la intención original, también conservarán la "mugre".

Por el momento, el Museo Estatal de Auschwitz–Birkenau estrenará en Madrid, a finales de este diciembre, la exposición mundial Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos con la intención de mostrar las repercusiones históricas y humanas del Holocausto, 72 años después de la liberación de ese campo de concentración y exterminio de la Alemania nazi.

Por primera vez en la historia, más de 600 objetos originales se expondrán al público internacional.

De acuerdo con el director del museo de Auschwitz, el Dr. Piotr M.A. Cywinski ,"el mundo se mueve hoy en direcciones inciertas. Por eso necesitamos, cada vez más, apoyarnos en los fuertes pilares de nuestra memoria. Auschwitz y la tragedia de la Shoá son uno de esos pilares que no pueden ignorarse a la hora de crear un nuevo rostro para el mundo".

revistadominical@nacion.com

Priscilla Gómez

Priscilla Gómez

Periodista de la Revista Dominical de La Nación. Estudiante de Periodismo en la Universidad San Judas Tadeo. Se unió a Grupo Nación en el 2015.

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