
En la Nochebuena de 1617, una tormenta provocó el naufragio de diez barcos en Finnmark, Noruega, al norte del círculo polar ártico. En la tragedia murieron ahogados 40 hombres, la mayoría del pueblo pesquero de Vardø. La única explicación que encontraron los lugareños de entonces fue que aquello se debía a la brujería.
La revista Smithsonian publicó el pasado 7 de enero un reportaje que detalla cómo esta tormenta desencadenó los juicios por brujería más mortíferos de la historia de Noruega. Para 1692, solo en Finnmark, 91 personas —77 de ellas mujeres— fueron ejecutadas, la mayoría en la hoguera.
En total, en Noruega, alrededor de 800 personas fueron acusadas de brujería y unas 300 ejecutadas entre 1450 y 1750. En ese periodo, los juicios por brujería se generalizaron en Europa: alrededor de 100.000 personas fueron acusadas, y se estima que 50.000 fueron ejecutadas, muchas de ellas en la hoguera.
En Inglaterra y las Trece Colonias, donde tuvieron lugar los juicios de Salem a principios de la década de 1690, la horca era la sentencia habitual por brujería. En Alemania se procesó a más de 16.000 personas y se ejecutó a casi 7.000, aunque en un periodo más amplio, entre 1300 y 1850.

Antes de la tormenta de 1617, la mayoría de los juicios por brujería en Finnmark eran casos aislados y se centraban en cargos de maleficium (magia negra practicada con la intención de causar daño). La mayoría de los acusados eran hombres samis, indígenas de este territorio que tenían fama de poseer habilidades chamánicas, como la invocación de fuertes vientos para navegar. Dieciséis samis fueron acusados de brujería y trece de ellos fueron finalmente ejecutados.
A partir de la tormenta, el concepto de diabolismo comenzó a arraigarse en Noruega. Ese mismo año, el rey Cristián IV, quien gobernó Dinamarca y Noruega entre 1588 y 1648, emitió un decreto que identificaba a las brujas “reales” como personas “que se han unido al diablo o que se asocian con él”.
Los interrogatorios
Como la brujería era un delito difícil de probar, las confesiones y las pruebas circunstanciales constituían la base de las condenas durante los juicios de Finnmark. Era ilegal aplicar tortura antes de la sentencia, pero se empleaban métodos bastante similares para obtener confesiones.
Uno de los métodos populares de interrogatorio era conocido como “hacer nadar a una bruja”. Esta prueba consistía en atar al acusado y arrojarlo a una masa de agua: si se hundía, se le consideraba inocente; si flotaba, se le declaraba culpable, ya que se creía que el agua —elemento sagrado del bautismo— “rechazaba a quienes tenían tratos con el diablo”.
Cuando se dictaba la sentencia, se permitía la tortura como medio para obtener los nombres de los cómplices del acusado. Las condenas a muerte por brujería solían ejecutarse en la hoguera.
“El fuego se consideraba una forma de purificar el alma”, afirma Reidun Laura Andreassen, arqueóloga y exdirectora de patrimonio cultural de Finnmark. “Se creía que el fuego les haría bien”.
De modo que las mujeres acusadas de diabolismo durante los juicios de Finnmark confesaron haberse reunido con otras brujas. Aseguraron haber adquirido poderes sobrenaturales, incluyendo la capacidad de transformarse en animales y de provocar la mortal tormenta de 1617.
Confesiones
Una de las acusadas, Elsebe Knudsdatter, quien fue sometida a la prueba del agua en 1621, confesó que ella y sus compañeras brujas habían “atado tres nudos en un trozo de cuerda, escupido sobre la cuerda, recitado un conjuro y hecho lo mismo las demás. Cuando deshicieron los nudos, salió humo de las cenizas y la gente se ahogó”. Knudsdatter fue declarada culpable de brujería y quemada en la hoguera.
Otra mujer acusada, Mari Jørgensdatter, afirmó que “el diablo se le apareció una noche cuando estaba en la cama y le prometió recompensarla si estaba dispuesta a servirle”. Jørgensdatter confesó haber conspirado para causar la tormenta y denunció a otras once personas por brujería. Ella también fue quemada en la hoguera.
A principios del siglo XVIII, los juicios por brujería prácticamente habían cesado, poniendo fin a casi tres siglos de histeria y miedo generalizados. La brujería ya no se consideraba una explicación lógica de los sucesos trágicos.
Los juicios por brujería de Finnmark fueron poco conocidos hasta el siglo XXI. En 2011, la reina de Noruega inauguró un monumento conmemorativo, el Memorial Steilneset, dedicado a las 91 víctimas en la zona donde muchas de ellas habían sido quemadas. Está ubicado a pocos pasos del centro de Vardø y consta de dos edificios diseñados por el arquitecto Peter Zumthor y una escultura de llama creada por la artista Louise Bourgeois.
Uno de los edificios mide casi 135 metros de largo y presenta un corredor construido con tela suave. En su interior hay 91 ventanas, cada una con su propia bombilla y un panel de texto escrito, tanto en noruego como en inglés, que incluye el nombre de la víctima y los detalles de su juicio y confesión.
