
El autoritarismo no llega a la mesa como cacao líquido. Antes hay que batirlo, calentarlo, mezclarlo con algo dulce. Cuando finalmente adquiere forma, quizá ya no recordemos en qué momento dejó de ser otra cosa.
En Turquía, Recep Tayyip Erdoğan llegó al poder en 2002 prometiendo una ruptura con la vieja clase política y una Turquía más próspera y abierta. Durante sus primeros años, incluso liberales y defensores de derechos humanos celebraron algunas de sus reformas. Para muchos, el hombre que acabaría concentrando enormes cuotas de poder no parecía entonces una amenaza para la democracia.
Hoy, la organización democrática internacional Freedom House clasifica a Turquía como un país “no libre” y señala que Erdoğan ha consolidado el poder mediante cambios constitucionales y el encarcelamiento de opositores, periodistas y miembros de la sociedad civil.

¿Qué dice la gente?
Murat Avcıoğlu tenía 28 años cuando habló con The Washington Post durante las protestas de Gezi, en el 2013. Era dueño de un salón de juegos en Kasımpaşa, un barrio obrero de Estambul y uno de los bastiones electorales de Erdoğan. No era un opositor que hubiera estado en contra del presidente; más bien había votado por él tres veces.
“Antes de estas protestas, amaba a Erdoğan. Voté por él tres veces con confianza”, dijo. Avcıoğlu todavía reconocía lo que lo había llevado hasta allí. “Él desarrolló este país”, explicó, en referencia al crecimiento económico que había experimentado Turquía. Pero algo había cambiado. “En algún momento, empezó a decir: ‘Haré lo que quiera’”. Además, se alertó de la respuesta policial contra los manifestantes. “No entiendo por qué la policía se comporta así”, dijo.
El quiebre no ocurrió solamente entre los votantes seculares. Ali Dag, dirigente de la comunidad aleví —una tradición religiosa y cultural heterodoxa del islam con una importante presencia histórica en Turquía—, recordó que cuando el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), la formación política de Erdoğan, llegó al poder en 2002, muchos kurdos, liberales y alevíes esperaban que el nuevo Gobierno construyera una cultura política más inclusiva. “Esa esperanza murió”, dijo Dag años después, al describir el desencanto con Erdoğan y su creciente apelación a la “voluntad nacional”. Todo esto lo contó a The Wall Street Journal.
Incluso dentro del campo liberal hubo quienes tardaron años en reconocer el giro. Murat Belge, un intelectual liberal que había apoyado a Erdoğan durante años, se desencantó con él después de la represión de las protestas de 2013. Su diagnóstico terminó siendo contundente: “Todos los problemas que atormentan a Turquía emanan de la personalidad y los objetivos de Erdoğan”.
En 2016, tres años después de las protestas de Gezi, el académico y columnista ya estaba sentado ante un tribunal acusado de insultar a Erdoğan por un artículo en el que sugería que el presidente había reavivado el conflicto con los rebeldes kurdos para obtener réditos electorales. Se exponía a cuatro años de prisión. Ante el juez, Belge hizo una broma “Soy miembro de uno de los clubes más numerosos de Turquía: el club de quienes han insultado a Erdoğan”. Para entonces, la Associated Press contabilizaba cerca de 2.000 procesos contra personas acusadas de ofender al presidente.
País: Turquía
Cantidad de habitantes: 85.878.556
Año de independencia: 1923
Últimas elecciones libres: 2014
Posición en el ranking de democracia IDEA: 103
Nombre del más alto jerarca: Recep Tayyip Erdoğan
