Revista Dominical

A Valeria la invadió el cáncer y ahora vende postres para que nunca regrese

En medio de la pandemia esta joven naranjeña está todavía convaleciente. Sin embargo, mientras espera noticias sobre su salud creó Postres Barúk, un emprendimiento para aferrarse a la vida y ayudar a su familia.

“Mami y papi, no se preocupen, vamos a tomar esto como si tuviera una gripe, una gripe fuerte, pero una gripe”.

Eso dijo Valeria Quesada el día en que en recibió la amarga e inesperada noticia: padecía Linfoma Hodgkin, un tipo de cáncer que afecta el sistema inmunológico y que debía ser tratado de inmediato.

El día que se enteraron Valeria y sus padres guardaban la esperanza de que no fuera nada. Una llamada del hospital, donde solicitaban que toda la familia debía acudir a una cita importante, los alertó pero no demasiado.

Valeria pensaba que quizá eran unas bolitas de grasa y sus padres, pues quién sabe. El punto es que esa cita les cambió la vida.

“Como en la llamada no nos podían dar la noticia por teléfono, pues nos preocupamos un poco. Pero íbamos tranquilos”, recordó Valeria, quien vive en Naranjo y tiene 22 años de edad.

“Cuando la doctora nos dijo que tenía una enfermedad que se llamaba Linfoma Hodgkin y que debía ser tratada todos nos volvimos a ver, pero normal. Pero cuando mami preguntó cuál era el tratamiento y le respondieron que era radioterapia y radiación yo pude ver el dolor en sus rostros”, agregó con sentimiento.

Valeria tenía 18 años el día que lo supo todo. Desde entonces emprendió la lucha pensando en que no quería verse nunca derrotada, seguir con su vida y sus estudios.

“Yo soy la única hija, sobrina y nieta de la familia. Por eso quizá hubo dolor en la familia. Pero yo, incluso, una vez le dije a mi abuelita, que no llorara, que si yo no estaba afectada emocionalmente, ella tampoco tenía que estarlo”, recordó la joven.

Cuatro años después, en medio de la pandemia, su lucha continúa. Solo que ahora -mientras está aislada del mundo por un reciente tratamiento de médula ósea y es población de riesgo por el nuevo coronavirus-, fundó su propia marca de postres.

Ayudar a su familia económicamente y asegurarse una mejor calidad de vida, son los motivos de un delicioso y significativo emprendimiento.

Reveladora pelotita

Recién salida del cole, en el 2016, a Valeria le gustaba ir al gimnasio. Un día, mientras regresaba de una fuerte sesión, se tocó el cuello y se notó algo extraño.

“Era como una pelotita. Me fui donde mi abuelita, como ellas siempre lo curan a uno, y me comentó que podía ser como ganglio inflamado o algo así. Pero no me quedé con la duda y empecé a ir al doctor”, explica.

En el médico le dijeron que podía ser desde una infección hasta un cáncer. Pero no, en ese momento, no había porque pensar en lo peor.

Lo que si comenzó en ese momento fue un largo proceso para determinar el problema. En el Hospital de Grecia dos biopsias dieron como resultado una infección, pero todo era muy extraño.

“Nos dijeron de la infección, pero no nos dijeron que lo había causado ni como debía tratarlo. Solo me enviaron una cita con un otorrino para el 2017. Por el momento nos quedamos medio tranquilos, porque además yo no tenía síntomas”, explicó.

Pero la reveladora pelotita comenzó a crecer y, a parte, apareció otra. Aquello no era una infección.

Entonces Valeria comenzó a moverse. Un endocrinólogo la refirió a un oncólogo del Hospital México y, de inmediato, comenzaron las biopsias. En cuestión de un mes el teléfono iba a timbrar: la llamada que lo cambió todo había llegado.

Al día siguiente, sin esperar nada, llegó la quimioterapia. Durante ocho meses recibió el duro tratamiento.

Luego Valeria tuvo un reposo de un mes, para luego continuar con la radioterapia. Casi un año duró el proceso.

“Al terminar todo me hicieron un TAC y saló que ya estaba limpia, que dos pelotitas que tenia habían desaparecido. Aún me queda una de dos centímetros, pero me dijeron que era una cicatriz, pero que ya supuestamente estaba sana”, comentó Valeria.

Entonces regresó a la U, donde cursa Administración de Empresas con énfasis en Recursos Humanos. Todo bien por al menos dos años, hasta que un extraño cansancio se asomó por la ventana.

A mediados de agosto del 2019, la tranquilidad se acabaría. El invasor había vuelto.

Dos golpes más

“Fue muy duro. Había recaído y claro, nadie quiere eso. Además en este tiempo yo ya iba sola a las citas y fue complicado escucharlo”, recordó Valeria.

Esta vez el tratamiento de quimioterapia fue más fuerte. El cabello, como es usual, se empezó a caer y sus días se hicieron largos en una unidad de transplante de medula ósea, en la que tuvo que ser internada.

“El Linfoma Hodgkin es como un cáncer en la sangre que afecta el sistema inmune. Es en la médula donde se dan todas las defensa de cuerpo y la mía estaba dañada. Es por eso que el cáncer me ataca y, por ende, había que sustituirla por una nueva”, explicó.

Fue un proceso duro, el cual se iba complicar el día en que a su madre le llegó una carta de despido. La carta llegó en noviembre sin ningún tipo de explicación, solo anunciaba que doña Yesenia pasaba a engrosar las cifras de desempleo.

Entre don Richard y doña Yesenia, se encargaban de llevar a Valeria a las citas, lo que requería gran cantidad de permisos. No es seguro que ese haya sido el motivo del despido, pero bien pudo serlo.

Ahora, la familia Quesada se quedaba sin el segundo sostén económico. Un problema del que tendrían que encargarse, pero lo primero es lo primero: la salud y cuidados de Valeria.

“Eso nos afectó mucho, porque estábamos intentando pedir una licencia de cuido. Además claro, la plata hacía falta en la casa. Sin embargo ella siguió adelante conmigo con todo y con la mejor actitud” destacó Valeria.

Incluso, tal parece que el despido tuvo algo de providencial. Recuperándose apenas de su transplante, este 2020 Valeria ha necesitado toda la atención de su madre.

“Por al menos dos meses yo requerí muchos cuidados. Después del transplante uno debe estar aislado por completo en un cuarto acondicionado. Es como volver a nacer, porque uno está como un bebé, sin vacunas y expuesta a que cualquier cosita le afecta mas de lo normal. Es mi madre que la tuvo que cuidar de mi”, explicó Valeria.

“Ahora ya tengo cinco meses de transplantada y todavía hasta a esta altura yo sigo en citas y tratamientos, para terminar de ver que va a pasar conmigo”, agregó.

Pero Valeria es muy positiva, tiene novio y muchas aspiraciones en su vida. Quedarse en una cama, esperando que el tiempo pase, no es una opción para ella.

Postres Barúk, su dulce emprendimiento, la mantiene de pie.

La aventura de cocinar

La especialidad de la casa, en postres Barúk, es el queque de zanahoria y nueces. Ese todo el mundo se lo pide en Naranjo, pero además la pequeña empresa ofrece a sus clientes pie de pecanas, torta chilena y queque de chocolate relleno con dulce de leche.

Usted puede pedir los postres enteros y en porciones, y claro, con envío hasta su casa. El mismo novio de Valeria, Rodolfo Matamoros, se encarga de las entregas.

“Mi novio entrega, entre mi mamá y yo los cocinamos y mi papá, que nos ayudó al principio para iniciar, nos apoya siempre. Es un trabajo familiar, en equipo”, aseguró Valeria.

No podía ser de otra manera: el día en que Valeria supo que el cáncer había vuelto, sus padres y su novio fueron quienes la levantaron.

“Yo me puse un poco mal en ese momento, pero ellos lo asumieron mucho mejor. Me dijeron que de la fortaleza que yo había demostrado en la primera vez que tuve el cáncer ellos había aprendido mucho”, agregó.

Por eso, el día en que Valeria les mencionó la idea de fundar Barúk, todos celebraron el proyecto y se pusieron a sus órdenes.

Y es que vender postres no solo iba a significar una terapia emocional para Valeria, sino que representaría la posibilidad de colaborar con los gastos del hogar y conseguir dinero un adicional para un objetivo aún más importante: costearse un caro tratamiento complementario.

Según la joven, el tratamiento al que se refiere busca que el cáncer no vuelva, o al menos ayudarla a lograrlo. Su precio ronda los ₡2 millones y ella se siente muy positiva ante los efectos que pueda hacer en su organismo.

“Por eso es que decidimos hacer algo para lograrlo. Pero además, tengo que decir que yo siempre he sido muy preocupada por tema económico de mi familia y quería ayudar. Mis papás siempre lo han dado todo por mi, se han sacrificado mucho. Eso es muy importante para mi ”, explicó.

En este momento Valeria, por su condición de salud, no puede buscar trabajo formalmente. Su sistema inmune está resentido todavía y la situación con la pandemia, de la covid-19, la hace ser población de riesgo.

Ya de por sí Valeria estaba aislada, pero la coyuntura actual la hacer estar aún más resguardada. Nadie, que no sea de su burbuja social, debería tener contacto con ella.

Para hacer los postres, además, la muchacha se cuida y cuida a los demás utilizando guantes y cubrebocas, además de ejecutar todos los protocolos de manipulación de alimentos.

“Haciendo los postres nuestra semana se hace muy chiquita. Nos levantamos temprano a hacer las compras, arreglar las cajitas y luego hacer los postres, que tienen que estar muy fresquitos para que lleguen a casa”, reveló Valeria.

Lo bueno es que el esfuerzo parece valer la pena, pues Valeria asegura que sus postres se han vendido bien dentro y fuera de Naranjo.

“Eso lo agradezco montones”, agrega ilusionada.

Lo que se viene

Entre harina, huevos y un cóctel de ilusiones, Valeria lanza una frase contundente: “acá seguiremos con el proyecto, hasta saber qué va a pasar conmigo”.

Ella quiere continuar con Barúk, retomar sus estudios y hasta quizá casarse con Rodolfo, algún día.

Pero antes que nada, espera verse liberada de la enfermedad.

Luego de terminar la quimioterapia y someterse al tratamiento de médula ósea, Valeria fue sometida a un TAC, que volvió a a generar cierta preocupación.

“El TAC salió similar al de la primera vez. Se vio una pelotita de dos centímetros que no se sabe si es una cicatriz o el tumor todavía activo”, explicó Valeria.

Por ese motivo, hace poco se sometió a un nuevo examen, del cual esperada los resultados pronto. De ese estudio van a depender muchas cosas en su vida, pero lo que sí es cierto es es que nada la va a hacer detenerse.

“Yo la verdad me siento muy alegre, positiva y agradecida por todo lo que se ha logrado. Ahorita estoy concentrada en seguir creciendo y poder lograr el objetivo”, finalizó Valeria, con una tierna sonrisa.

Nada de qué lamentarse. Valeria, como todos los días, se levantará animada por su familia, Barúk y su espléndido queque de zanahoria.

Contacto de Postres Barúk

Productos: Queque de zanahoria y nueces, pie de pecanas, torta chilena, queque de chocolate relleno con dulce de leche y, próximamente cheesecake de maracuyá.

Teléfono: 8582 6258

Correo electrónico: valquevi@gmail.com

Alexánder Sánchez

Alexánder Sánchez

Periodista del suplemento Viva de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad de Costa Rica. Su formación académica la complementó con trabajos estudiantiles en medios de comunicación universitarios.

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