La Costa Rica en que falleció Parmenio Medina, primer periodista asesinado a manos del sicariato por ejercer su vocación, es otra muy distinta a la de hoy. En 25 años, el país dejó de caracterizarse por la cordialidad entre el gobierno y la prensa, a ser uno donde los periodistas son comparados con ratas por cuestionar.
Parmenio fue amenazado y asesinado por denunciar la corrupción en asuntos políticos en su programa radial La Patada. Su caso más sonado, y por el cual dividió a la opinión pública, expuso las anomalías en la conducción de la emisora Radio María, cuya cara principal era el sacerdote Minor Calvo.
Su homicidio, ocurrido en las afueras de su casa el 7 de julio de 2001 en Santo Domingo de Heredia, dejó secuelas a una libertad de prensa que entonces era considerada de las más sólidas de la región.
Para Giselle Boza, directora del Programa de Libertad de Expresión y Derecho a la Información (Proledi), la principal diferencia radica en el ecosistema: antes los medios tradicionales tenían una enorme presencia en el diálogo nacional y ahora el panorama se ha diversificado.
A su juicio, los desafíos del periodismo de investigación son parecidos: por denunciar la corrupción y sacar a la luz verdades ocultas, los comunicadores son acosados y enfrentan amenazas a su vida e integridad a través de los mecanismos digitales o verbales que sancionan ciertas líneas editoriales.
“La manifestación más grave, más dramática de la violación a la libertad de prensa es el asesinato de una persona, pero no podríamos invisibilizar y ocultar otros mecanismos que tiene el Estado, pero también otros sectores, por ejemplo, el crimen organizado o sectores económicos corruptos para minar, para intimidar y para amenazar y atacar a periodistas”, dice.
Entre 2022 y 2025, Costa Rica descendió del quinto lugar a la casilla 38 en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF).
De acuerdo con el informe Monitoreo de las vulneraciones contra la libertad de prensa en Costa Rica del Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (Iplex), en 2025 se presentó un agravamiento sin precedentes para el ejercicio periodístico en el país.
“Parmenio arriesgó su vida y la perdió por un derecho que es esencial en una sociedad democrática, que es el derecho de la ciudadanía a saber asuntos de interés colectivo", expresa la comunicadora y abogada.
“La forma de hacer periodismo Parmenio Medina, usando el humor, la ironía, la sátira y el choteo, marcaba una diferencia en los formatos que entonces existían en el periodismo para hacer crítica y humor crítico.
— Giselle Boza
Ante los recientes discursos en contra de la prensa independiente, el también comunicador Norval Calvo -actual director de Pelando el ojo y exintegrante de La Patada- considera que Parmenio Medina estaría molesto.
“Sería de los periodistas más críticos a nivel nacional de tocar lo que es la prensa en general. No solamente en el país, sino también en Latinoamérica. Era muy valiente y estaría en ese momento luchando por diferentes causas”, cuenta.
Para Alicia Medina, una de las hijas de Parmenio, actualmente muchos periodistas “venden su conciencia al mejor postor”.
“Creo que estamos en dos escenarios de los cuales ninguno es bueno (...). Él no hubiera sido capaz de quedarse callado. Se les hubiera ido encima, hubiera tenido controversias con aparatos estatales por coerción. Si hubiera estado en su plenitud mental e intelectual, a esos mercantilistas de la información se les hubiera ido el cuerpo de una. Y a los aparatos represores de la libertad de expresión, igual”, asevera.
El segundo caso de una periodista asesinada en Costa Rica fue el de Ivannia Mora Rodríguez, que ocurrió en diciembre de 2003; empero, los acusados fueron absueltos del delito y los motivos permanecen en la incógnita.
Por su parte, el crimen de Parmenio Medina se resolvió por vías penales tras seis años de juicio. El empresario Omar Chaves y el gatillero Luis Alberto Aguirre fueron condenados por el homicidio.
A un cuarto de siglo de su muerte, quienes rodeaban al periodista colombiano esperan que su partida no haya sido en vano. Después de todo, si se concentran lo suficiente, quienes sintonizaron La Patada todavía pueden oír “si lo dice el parce, póngale la firma”.
