Cartago. Sacudir la red 28 veces en la campaña no ha alterado los modales de Claudio Ciccia.
Tampoco la persecución mediática, acentuada ayer tras anclar en la historia del futbol de Costa Rica como el máximo “mueverredes” extranjero en un campeonato mayor de futbol.
Los cuatro goles a Santa Bárbara, el miércoles anterior, lo convirtieron en la “presa” favorita de los periodistas. Y Claudio sacó tiempo para todos, porque este presente auspicioso no ha roto sus códigos de humildad y profesionalismo.
El charrúa, que cumplirá 30 años el próximo 11 de abril, atendió ayer a La Nación. Este es un extracto de la charla.
–¿Imaginó que iba a romper la marca de Adonis Hilario (26 goles en 1991) tan rápido?
–Salí a jugar el partido sin pensar en el beneficio personal, como siempre. Y las cosas se dieron...
–¿Qué pasó por su cabeza al romper la marca?
–Fue una sensación de sentimientos encontrados. En un segundo, como en una película, pensé en mis padres, en mi compañera y, especialmente, en mi hija Valentina, de año y medio. Me saqué la camisa para enseñarla pues la llevo grabada.
–De los 28 goles, ¿con cuál se queda como el mejor?
–Son mi realización personal, los quiero a todos. Si hay que escoger, pienso en el de taquito, allá en Pérez Zeledón, y otro de cabeza al Saprissa, en el Fello Meza.
–Usted emplea mucho el juego de taco...
–Sí, pero no en forma decorativa, sino como recurso táctico. Hice un gol de taco y he puesto varios a los compañeros de esa manera.
–¿Por qué le pidió a Allan Oviedo que tirara el penal que significaba el gol 27, con el que superaba a Hilario?
–Pensé en Allan porque ha sido un gran socio en el gol. Él se rehusó y me dijo que era mío para que pasara a la historia. Ese gesto de compañerismo nunca lo olvidaré.
–Usted es un delantero atípico, de toda la cancha...
–En el futbol actual no hay posiciones prefijadas. Yo no me considero una vedette para esperar solo a que me llegue el balón arriba. Siempre me ha gustado colaborar con la defensa y el mediocampo. Forma parte de mi manera de sentir el futbol.
–¿Es cierto que antes de jugar con Puntarenas, su idea era hacerlo con Cartaginés?
–Sí, Polito Bayarres (empresario uruguayo) trajo unos videos míos. Eso fue en 1996, pero el entonces técnico del Cartaginés dijo que no tenía tiempo para observarlos. Entonces, me fui a Puntarenas, donde estaba Mario Silva, un entrenador que me había dirigido en Liverpool de Uruguay.