Limón. A la sombra y con la sombra del descenso vive Limonense. Los desórdenes administrativos, las decisiones precipitadas y la inestabilidad de los técnicos en su banquillo, llevaron al equipo a un prolongado naufragio, del que hoy intenta volver con el cambio de dirigentes y de entrenador.
Obligada a jugar la serie por el no descenso -si no es último en el Clausura-, dirigido por cinco técnicos en seis meses y con una afición que se debate entre la fidelidad y el desencanto, la Asociación Deportiva Limonense (Asodeli) procura salir de la crisis deportiva, motivada por los resultados adversos a lo largo del campeonato.
El ingreso de la nueva junta directiva, encabezada por Danilo Powell, la corrección de directrices básicas y el arribo, por segunda vez, de Carlos Oria a la silla Limonense, son las esperanzas a las que se aferra el club, que retornó en 1998 a la Primera División, después de cuatro años de ausencia.
Con un equipo joven y talentoso, pero a la vez confundido hasta la saciedad por los constantes relevos en el banquillo, Limonense terminó de último en el Apertura, luego de que Garabet Avedissián, Carlos Oria, Dennis Marshall (en dos oportunidades), Roberto Abrussezze y Fernando Sosa desfilaron como entrenadores.
Las consecuencias de ese oleaje en el banquillo todavía las paga el equipo: mientras los 11 clubes de la primera categoría tienen definido un estilo de juego y no han cambiado con tanta frecuencia a sus técnicos, Limonense, ahora con Oria, ha comenzado de nuevo, con el inconveniente de que el certamen ya está en marcha y las correcciones tácticas, estratégicas y de manejo se tienen que realizar en plena competencia.
Por esa razón, Oria habla de que lo de Limonense constituye un verdadero "rescate", el que se debe, sin embargo, efectuar con suma paciencia por parte de todos los sectores involucrados (Vea nota aparte).
"A ver qué hay"
Tras la elección del 31 de enero del 2000, en la que fue designada la nueva junta directiva, presidida por Powell, lo primero que hicieron los dirigentes fue correr a verificar con qué recursos contaba el equipo y cuál era la situación económica de un club que se había visto afectado por la división interna, como lo afirmó el propio Powell. El nuevo jerarca estuvo también en el anterior grupo, encabezado por Javier Morejón, que dirigió los destinos de la Asodeli, en los últimos tres años.
"El mayor problema que se presentó en la junta directiva anterior fue que no se trabajaba como un grupo colegiado. Es decir, las decisiones no competían a la mayoría. Existía un pequeño grupo que hacía lo que se le antojaba y eso hizo, también, que muchos dirigentes renunciaran. Muchas de las decisiones obedecían a ocurrencias", dijo Powell.
Noguera coincidió con Powell en que "el poder se concentraba" en un grupo minoritario de la directiva, lo cual influía directamente en la marcha del equipo.
Además de pedir una auditoría interna a una empresa privada, con el fin de determinar en qué situación recibían al club, Powell y compañía realizan en la actualidad una revisión de los contratos de publicidad y de televisión de la Asodeli.
A su vez, con el propósito de reorganizar el área administrativa del club, Gilberto Petgrave sustituirá a Alberto Charles en la administración, quien laboraba por horas y no a tiempo completo.
"A Charles no le podíamos exigir nada, pero sí lo haremos con Petgrave, que está contratado para que se dedique a tiempo completo a los asuntos del club", aseveró Powell.
El jerarca admitió ayer que la junta directiva aún no está acreditada oficialmente, pues el equipo carece de personería jurídica.
"Le hemos pedido a los anteriores dirigentes que nos entreguen la documentación debida, como actas y otros documentos, para proceder a la inscripción del equipo. Si esto no se da en un tiempo prudencial, procederemos a presentar una demanda en el Ministerio Público", sostuvo Powell.
Mientras la directiva intenta definir el rumbo de la Asodeli en el campo administrativo, Oria procura hacer lo suyo en el deportivo, con un grupo de jugadores que trata de ajustarse a sus ideas, tras soportar la inestabilidad en el banquillo de que fue víctima el equipo.
Jugar a nada
Los reiterados cambios en la dirección técnica del club terminaron por confundir a los futbolistas, los que llegaron, incluso, a solicitarle a sus directivos que frenaran esa inestabilidad.
Kevin Stewart, Trino de la O, Wílliam Vargas y Steven Cedeño, el capitán del equipo, coincidieron en señalar que la inestabilidad en el banquillo acabó con las proyecciones del club y que se erigió como el elemento que sepultó las ilusiones del grupo.
De ahí que los jugadores rechazaran de plano aquella idea de que eran un grupo indisciplinado tácticamente, como se tildó al equipo en varias ocasiones.
"Cada uno de los entrenadores traía una idea propia de juego y eso nos mató en el Apertura", opinó Stewart, que se recupera de una lesión sufrida en una jugada contra Geovanny Jara, ocho días después de que le había anotado un gol a su colega Héiner Rodríguez en el estadio José Rafael Fello Meza.
"Estuvo Avedissián, se fue y vino Oria como asesor. Luego llegó Marshall y después Abrussezze. Eran cambios muy bruscos. Hablamos con los dirigentes y les dijimos que eso no solo nos perjudicaba a nosotros, sino que también a la institución, argumentó el guardameta.
Entre uno y otro cambio las fechas pasaban y Limonense se hundía lentamente. Avedissián se marchó luego de un triunfo, un empate y una derrota. Marshall, en su primera etapa, asesorado por Oria, ganó dos encuentros, igualó dos y perdió uno.
Abrussezze perdió los cinco juegos que dirigió y Marshall, otra vez en el banco, tuvo una racha negativa de nueve derrotas y una victoria. Mientras fue dirigido por Abrussezze y Marshall, el equipo cayó durante 14 partidos consecutivos. Sosa tomó la brasa más tarde y triunfó en dos cotejos, empató en uno y tropezó en tres.
Con un panorama como este es difícil perfilar un equipo, en opinión del técnico Julio César Bustos:
"En el jugador se genera una inconsistencia en su rendimiento, porque cada vez que un técnico llega, surge la incertidumbre, entre los futbolistas, de qué tipo de sistema empleará y a quiénes recurrirá.
"Ello crea, además, un sentimiento de que detrás de lo administrativo no existe seriedad.
"Los cambios de técnico conllevan a la indisciplina táctica del jugador, dentro de la cancha, y con mucho más razón fuera de ella".
Con un pie en la orilla de la Segunda División, los limonenses luchan por reafirmarse en la primera categoría, amparados en pequeñas reorganizaciones internas y esperanzados en que Oria haga el milagro de sacarlos del incesante naufragio en que han estado en los últimos seis meses.