¡Tile, por favor, deje de jugar&...; El futbol es solo para los hombres!
La regañada de su maestra, Carmen Umaña, salpicaba en la década del 40 sobre la humanidad de la tímida niñita, Bertilia Castro Umaña, a quien la educadora le tomaba con fuerza la oreja y, constantemente, trataba de interrumpirle sus andanzas de jugadora improvisada.
Pero ella permanecía calladita y, dócilmente, agachaba su cara, mientras se sentaba en un caño de la escuela Porfirio Brenes Castro, de Moravia. Bertilia cursaba el tercer grado y ya participaba con sus compañeritos en los recreos, para desarrollar la que fue después la gran pasión de su vida por 49 de sus 64 años de edad: el futbol.
"Yo jugaba con los güilillas de mi escuela y lo hacía descalza, para no echar a perder los zapatos... Mi maestra siempre se metía y me trataba de corregir. Pero, cuando mis compañeros paraban el partido y esperaban que doña Carmen se metiera en la escuela, ellos me llamaban para que la mejenga continuara sin problemas&...;".
La remembranza de la hoy sexagenaria exjugadora, la deslizó la propia Bertilia con un tono de humor, simpatía y realismo, durante la plática que sostuvo el viernes con La Nación, en la sala de su acogedora vivienda en San Jerónimo de Moravia, luego de que fuese galardonada el jueves pasado como una de las 15 mejores futbolistas del siglo en la Concacaf, según la reconocida Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol.
"La noticia la recibí con alegría y mucha sorpresa. Tengo 23 años de no jugar, porque me retiré por una lesión que ameritó tres operaciones en la rodilla izquierda, y la verdad es que&...; no lo creía. El hecho de que haya pasado tanto tiempo y aún me reconozcan en el ámbito internacional, ha sido para mí el mejor regalo que me dieron en mi vida."
La escena escolar en mención, que combinaba con una típica vida de campo, se repitió una y otra vez. Pero nada la hizo cambiar, al extremo de que ni siquiera le gustaba jugar con muñecas, porque terminaba arrancándoles la cabeza para que sirviera como balón&...;
Y las vueltas que da la vida. Su atribulada carrera deportiva comenzó cuando ella tenía 15 años y tuvo la casualidad de encontrarse una vez más con su profesora de primaria, mientras llevaba un maletín con la indumentaria deportiva que utilizaría en uno de sus primeros entrenamientos. No se cruzaron palabras. No hizo falta. Ya todo estaba escrito.
Familia de futbolistas
La adolescente siempre peleó por sus metas. Hasta sus hermanos Fernando, Jaime, Mayra y Sadi también lo practicaron con entusiasmo. Pero, sin duda, el personaje más influyente en ella fue su padre Teodomiro Castro, zapatero ya fallecido, exfigura de la Unión Deportiva Moravia y apasionado deportista que organizaba los torneos cantonales en la zona y terminaba poniéndole sus tacos a la precoz futbolista.
Don Teodomiro siempre la llevaba a ver los partidos dominicales desde el quiosco de Moravia, a una corta edad. Su interés creció poco a poco y la admiración surgió para Herediano y sus ídolos de la época: Carlos Alvarado, Mario Murillo, Edgar Quesada, Marvin Rodríguez y los hermanos Edgar Negro Esquivel y Eladio Macho Esquivel.
"¡Papi, qué lindo que es jugar futbol!", expresaba con emoción. Y uno de sus primos, el exjugador Luis Angel Pipilo Umaña, la condujo finalmente a cristalizar uno de sus sueños: jugar en un equipo de mujeres, en un estadio. Una alegría que disfrutó el 12 de octubre de 1950, cuando debutó en el Estadio Nacional con La Libertad durante el triunfo, 3 a 0, sobre el Evita Perón, patrocinado por la Embajada de Argentina.
Una de sus anotaciones más recordadas fue una conseguida desde mediacancha, que se clavó en el puro ángulo de la portería de la selección cubana, en un amistoso ganado 4 a 1 en el Nacional, la noche del 27 de diciembre de 1954.
Pero nunca olvidará que, por la fortaleza de su remate, una vez estalló una bola podrida de coyunda en la cara de Alice Quirós, tras cobrar un tiro libre en un partido en San Mateo.
Ante los prejuicios
Pero no fue fácil llegar hasta ahí y mantenerse activa por tantos años. Tuvo que eludir los contratiempos. Siempre con un espíritu emprendedor, enfrentó en los 50 a una junta de médicos que pedía a gritos un decreto que prohibiera a las damas practicar el futbol, pues lo consideraban "un deporte dañino, violento y peligroso" para ellas.
"¡Antes la cosa era terrible y difícil! Los partidos entre mujeres eran muy bravos. La gente no aceptaba que jugáramos futbol. Discutimos fuertemente con los doctores, pero el asunto no pasó a más porque no estábamos federadas y nadie nos lo podía prohibir.
"Está claro que ningún deporte le quita lo femenino a la mujer... La mujer puede jugar al futbol, pero sin pretender ser igual a los hombres, porque a una la pueden quebrar o matar si juega contra ellos."
Bertilia asumió, entonces, una posición de liderazgo en su generación y hasta la nombraron capitana de todos los equipos para partidos de exhibición en muchos pueblos. "Usted jugaría en cualquier potrero", le decía su madre Aurea, a quienes sus compañeras siempre la escogían como chaperona en las giras internacionales, debido a que era muy alcahueta con todas ellas, detalló Castro.
Siempre usó un pañuelo amarrado a su pantaloneta, para secarse del sudor, y por lo cual el desaparecido periodista Luis Cartín la bautizó "La del pañuelito blanco". Polifuncional en el campo, no sólo jugaba de defensa, sino que, por su potencia, cobraba los tiros de esquina, los saques de puerta y los tiros libres. Y hasta hacía goles.
"Yo tenía muy buena condición física. Nunca me cansaba. Algunos lo atribuyen a que mi mamá no tomaba leche, sino sangre de toro (risas). No, es mentira. Ella era muy pobre y no tenía plata para tomar leche. Por eso se iba para el matadero&...; y se tapaba la nariz para tomarse un vaso caliente".
Giras inolvidables
Entre las aventuras que más recuerda está un largo periplo de tres meses a Colombia y otra muy añorado a Venezuela, donde el Independiente ocupó el segundo lugar en 1960 en un certamen ante los clubes ingleses Corinthian y Northern Nomads.
"Antes hubo muchas ganas y entusiasmo al jugar, incluso en unos países decían que jugábamos mejor que los hombres. Ahora todo es muy comercial, aunque me hubiera gustado haber jugado en esta época, porque hay equipos por todas partes, se admitió el futbol femenino en Juegos Nacionales y Olimpiadas, y hay más opción de ir a un Mundial."
La familia ya tenía, entre tanto, la administración de un conocido taller familiar para fabricar tártaras -cajeta de coco al horno, con miel de tapa dulce y pasta de harina-, que es propiedad de su hermano, Fernando Castro.
"El negocio ha sido el sostén de la familia toda la vida. Mi mamá fue la que las inventó y tienen ya como 85 años. Hoy le ayudo a mi hermano Fernando en lo que puedo, empacando y distribuyendo la mercadería."
En sus ratos libres escucha música vieja e instrumental, además de cantar, pintar y cocinar. Pero ahí no queda todo: también toca el acordeón, la organeta y la guitarra.
Actualmente, Bertilia sigue con interés el futbol femenino, admira el juego de Xinia Contreras, Gabriela Trujillo y Ericka La Conejita Castro; sin olvidar a su querida Liga Deportiva Alajuelense, aunque afirma que ya dejó de ser una ferviente liguista desde al año pasado, cuando los manudos perdieron el título a manos del Saprissa.
Sentir el compañerismo y jugar al futbol han sido los pasajes más grandiosos que le pasaron, reveló. "Si naciera otra vez, no dudaría en volver a jugar&...; aunque la maestra me jalara otra vez las orejas." Y la sonrisa volvió a surgir una vez más en esta orgullosa y alegre mujer, que se situó con méritos en la historia del futbol femenino local.