Errores en los pasos finales de renovación de la cancha del estadio Ricardo Saprissa, convirtieron lo que sería una de las gramillas más modernas del país en un verdadero dolor de cabeza para la dirigencia, que con los primeros aguaceros de mayo se topó con una encrucijada.
Y esa encrucijada tiene nombres y apellidos: una capa compacta de tierra de 20 centímetros, entre el césped y los drenajes, la cual puso a correr a los dirigentes saprissistas y, a la vez, desató una serie de versiones contradictorias sobre el por qué la gramilla está en mal estado.
Los problemas de saturación de agua que sufre el campo podrían desencadenar una investigación por parte de la actual junta directiva, con el fin de determinar quiénes son los responsables del inadecuado funcionamiento.
El estudio de suelos, efectuado por los ingenieros agrónomos Lesmes Chaves y José Luis Murillo, a solicitud de la actual directiva, arrojó el primer rayo de luz sobre el caso.
El problema, al menos así quedó establecido por el momento, no es de los drenajes, como se ha pregonado a los cuatro vientos. No; el problema es la capa compacta que impide que el agua se asome a ellos.
La presencia de microdepresiones y de pendientes inadecuadas no permiten que las aguas corran correctamente por el césped, según se desprende del estudio de Chaves y Murillo.
El trabajo de ambos ingenieros corrobora, además, que antes de instalar el zacate no se hizo un estudio de suelos, para determinar si la variedad -Bermuda Numex Sahara- era la más adecuada y para establecer con propiedad cuál debía ser la conformación de la capa que precedería a la tubería de drenaje.
Origen del mal
Pero, ¿qué originó la famosa capa compacta?
Esta capa, aclara el ingeniero civil Emerson Bone, jefe de mantenimiento del estadio Saprissa, se formó porque durante el proceso de nivelación se cometieron una serie de yerros. El primero de ellos fue nivelar el terreno cuando este estaba húmedo. Ello se hizo con el fin de ganarle tiempo al tiempo. Es decir, con el propósito de que la cancha estuviera lista lo antes posible.
La directiva, presidida en ese entonces por Enrique Artinaño, quien junto con Salvador López y Ernesto Martino supervisaron el trabajo de Bone, decidió que era necesario continuar con las labores, ocho días después de que el ingeniero John Allan Brealey, encargado de nivelar la cancha, las había suspendido, debido a la aparición de las lluvias.
Este paso en falso propició ligeros hundimientos, visibles en distintos sectores de la cancha. Para intentar corregir "las palanganas", como las denomina Emerson, se optó por pasar una aplanadadora, excesivamente pesada, lo que originó que la tierra vegetal se compactara, que es el problema principal que hoy sufre la gramilla.
Tras conocer la situación, lo que procedía era airear el terreno -esos 20 centímetros de tierra vegetal, a la cual se le agregará arena para que haya más espacios, lo que a la vez permitirá oxigenar mejor la gramilla y el agua podrá bajar a las capas inferiores, donde se encuentran los drenajes- con una máquina especial, mas esto no se hizo, sostuvo Bone.
Bone explicó que Rónald Castillo, de Agrícola Roca, encargado de poner el césped, insistió en la necesidad de pasar la máquina aireadora, pero como no fue posible hacerlo con la máquina indicada, pasaron otra que solo aireó los primeros cinco centímetros.
"Al nunca pasarse la aireadora que pedía el ingeniero Castillo, se consiguió una manual, pero si uno tiene 20 centímetros compactados tiene que airear esos 20 centímetros y no cinco, como se hizo. Aún así, la cancha comenzó a drenar bien. El problema, está probado, no es de drenajes.
Lo que sucede es que el agua no pasa. Mientras la tierra no se afloje y no se le eche arena y tierra, en un porcentaje a definir, la gramilla no se arreglará", añadió Bone.
A la capa compacta se deben añadir otros inconvenientes, como el que la cancha se inauguró tan solo ocho días después de haberse puesto el césped, cuando lo recomendable -dijo Bone- hubiese sido dar un mes de respiro al zacate.
Castillo, encargado de instalar el Bermuda Numex Sahara, la variedad especial de zacate que se puso en el Saprissa, coincidió con Bone en que se le debió de dar más tiempo al césped.
Las deficiencias en el mantenimiento agravaron la situación. Por ser un zacate muy fino, debe recortarse con una máquina de corte hidráulico y no una corriente, como se hace hasta ahora.
Bernardo Méndez, presidente del Saprissa, admitió que no poseen el equipo especial de mantenimiento, que debe incluir la máquina aireadora, cuyo costo oscila los ¢10 millones.
La cancha fue clausurada después del juego entre Saprissa y Alajuelense, disputado el 30 de agosto, sin embargo, los síntomas de que algo andaba mal se empezaron a notar tres meses atrás.
Los cambios en la gramilla se iniciaron en agosto del 97 y tuvieron un costo de alrededor de ¢15 millones.
Otros errores
El primer yerro que se cometió cuando se realizaba el proceso de conformación de la cancha fue el utilizar arena inadecuada para cubrir la tubería. Se usó arena de tajo en vez de arena de río.
El ingeniero Nick Araujo, de la empresa Cicsa, que comenzó los trabajos y que no los terminó, porque rompió relaciones con el Saprissa por decisión de Artiñano (según el propio Araujo), aceptó que ellos se equivocaron en principio, pero que cuando trataron de solucionar el proceso, en Saprissa optaron por apartarlos de sus labores.
Esto generó la versión de que los drenajes eran los que no servían.
Francisco Javier Valverde, que le alquiló la maquinaria a Cicsa para que procediera a la realización de las zanjas y a la instalación de la tubería, sostuvo que cuando esta se sacó, el geotextil -material delicado que funciona como un filtro entre la arena y la tubería, y que tiene como fin el que solo pase el agua, sin ningún material sólido- se dañó mucho.
Bone rechazó, de plano, esta tesis, al expresar que el geotextil dañado se sustituyó.
Tras el partido entre morados y ramonenses, que se jugó en una cancha en mal estado, por las lluvias, se utilizó una máquina aireadora inadecuada para la cancha del Saprissa, porque en realidad es la que se usa en el Morera Soto, que tiene un sistema de drenajes y una conformación totalmente distinta a la de sus conocidos rivales deportivos.
"Esta máquina aireó solo cinco centímetros, pero el agua, otra vez, nunca llegó al geotextil".
Agosto del 98, mes en el que la cancha debió rendir su primera gran prueba, vino a recordarle a los saprissistas los pasos en falso que se cometieron cuando la gramilla era una formidable promesa.