Cuando la camisa número seis se pasea por el césped, el futbol de la Liga Deportiva Alajuelense transita sobre el carril de alta velocidad.
Y cuando Wílmer López no está, la supercarretera puede convertirse en un lento camino de lastre.
Por eso, gracias a su juego aristocrático y sus pases de "tomá y hacé el gol", López fue designado como el mejor jugador del Campeonato Nacional 2000-2001, según las calificaciones que este diario otorga a los futbolistas después de cada partido.
No hubo duda. La matemática comprobó, con un 7 de promedio, una verdad que saltaba a la vista en cada jornada: que el talento de Wílmer no tuvo parangón en el certamen recién concluido.
López también fue el mejor del Torneo de Clausura, con un promedio de 7,31.
En entrevista con La Nación , el arquitecto de la Liga y la Selección recibió con agrado la noticia y confesó que difícilmente aceptaría una oferta para ir a jugar al exterior.
Wílmer, luego de una temporada tan exitosa para el cuadro alajuelense, ¿qué representa ser nombrado el jugador del año?
Es ante todo una responsabilidad. Porque este galardón es un halago; claro, pero también me obliga a superarme la próxima temporada.
¿Quiénes son sus grandes socios en la Liga?
Hay compañeros con los que me entiendo muy bien por los años que tenemos de jugar juntos. Me refiero a Carlos Castro, Harold Wallace, Luis Marín, Javier Delgado, Luis Diego Arnáez y Josef Miso, entre otros.
¿Podríamos decir que la Liga está en un punto en el que puede jugar de memoria?
Creo que estamos en un nivel en que todos sabemos exactamente qué quiere el entrenador y cómo podemos lograrlo. Por eso me parece muy bien que (Guilherme) Farinha siga, porque no es lo mismo empezar la próxima temporada con dos años de proceso que iniciar de cero.
Al final del campeonato, tras la llegada de Mauricio Solís, la Liga jugó algunos partidos con dos contenciones. ¿Le benefició a usted esta variante?
Me sentí bien al tener un compañero más respaldando la mediacancha, pero hay que recordar que el 80 por ciento del campeonato jugamos con un solo contención. Cuando usamos dos fue debido a circunstancias como lesiones o expulsiones.
Con 29 años de edad, ¿está en el mejor momento de su carrera?
Estoy en un punto donde soy un jugador maduro, lo cual me permite no precipitarme en la cancha y saber que cometer un error no es el fin del mundo. Además, con los años uno aprende a salir expulsado menos veces, y por eso ya llevo más de dos años sin ver una tarjeta roja.
A algunos jugadores, una mala experiencia en equipos del exterior les provoca largos baches de mal rendimiento. ¿Le costó reencontrarse con su futbol luego de su gris paso por el balompié colombiano?
Pude olvidar ese trago amargo gracias al apoyo de mi familia y de las dos últimas juntas directivas de la Liga. Por eso siempre trato de devolverles la confianza que pusieron en mí.
En algún momento hubo interés de la MLS en contratarlo. ¿Volvería a jugar en el exterior?
No, yo le dije a los directivos que solo me voy de la Liga el día que ellos me echen. Además, después de lo de Colombia, tendría que pensarlo como diez veces antes de sacar a mi familia de Costa Rica.
Este año, además de su buen momento de la Liga, usted supo hacerse un lugar en la Selección. ¿Por qué tardó tanto en consolidarse en la Tricolor?
En realidad yo he sido un jugador regular en los procesos de Selección, con Badú y con Horacio Cordero. Al principio de la era de Gilson (Siqueira), decidí no asistir a la gira en Brasil por una situación familiar. Entonces me marginaron el resto del proceso, pero con (Alexandre) Guimaraes logré retomar el puesto.
* Participaron en esta información Rodrigo Calvo y Gustavo Retana, colaboradores de La Nación.