El dilema no tardó en plantearse dados los escasos 160 kilómetros entre Olimpia –lugar donde se enciende la antorcha olímpica– y Atenas –sede de los Juegos 2004– que solo permitían un corto trayecto de la llama.
Peor aún: los patrocinadores –Coca Cola y Samsung– no tendrían suficiente tiempo de exposición de marca en una ruta corta, pues el paso de la llama es una oportunidad de oro para el marketing .
Como los grandes problemas exigen grandes soluciones se ideó pasear la antorcha por 34 países por los seis continentes; claro está, acompañada en cada ciudad por los patrocinadores. Todos felices.
Lo que empezó en Amsterdam 1928 como una forma de dotar a los Juegos Olímpicos de un sabor clásico, se convirtió en una oportunidad para los negocios; así suele suceder con mayor énfasis desde la cita de Los Ángeles 1984.
En efecto, es en las justas angelinas cuando se experimenta “el golpe de timón” que convierte a la Olimpiada en lo que es hoy: una gran maquinaria de hacer dinero.
Fue la primera en ser financiada completamente por el sector privado.
Lo más importante de aquella cita fue que dejó ganancias tras décadas de pérdidas y permitió el inicio de una nueva era.
Hoy los Olímpicos son una operación rentable que produjo ganancias de poco más de $9.000 millones desde 1996.
Los Juegos de Atenas –entre derechos de televisión, patrocinadores oficiales y locales, venta de boletos y productos oficiales– podrían recaudar $4.000 millones; así, superarían a Sidney.
Elemento clave en este negocio es la televisión, que en cada edición llega a más lugares y paga cifras superiores.
Suenan risibles los $50.000 que se pagaron por los derechos de México 68 ante los $1.498 millones de hoy.
Juego de números
Los $4.000 millones ya tienen destino: el 92 por ciento se repartirá entre el Comité Organizador Local, las federaciones de cada disciplina presente en la cita y los 202 comités olímpicos nacionales.
Queda un 8 por ciento, el cual va al Comité Olímpico Internacional (COI) y su administración.
Sin embargo, las cifras tiene su lado oscuro: los gastos presupuestados se sobrepasaron en $1.600 millones.
Los $7.600 millones invertidos hasta el momento representan el 5 por ciento del producto interno bruto del país y puede arruinar años de saneamiento presupuestario ante la Unión Europea (UE).
Esa disciplina es fundamental para la incorporación definitiva del euro.
De hecho, Grecia está bajo vigilancia, pues sobrepasó el techo del 3 por ciento del déficit fiscal con respecto al PIB.
Recordemos que esta medida es la suma de los bienes y servicios finales producidos por una economía.
Esta es la primera olimpiada, desde Moscú 80, que se financia únicamente con fondos públicos.
Las predicciones no son mejores: se calcula que los gastos serán finalmente de $12.000 millones y que los griegos cargarán la deuda por la próxima década.
En todo caso, Atenas está mejor que Montreal, ciudad que casi quiebra tras los Juegos de 1976 y apenas en el año 2000 pagó las deudas olímpicas.
Fuentes: agencias EFE, Reuters, AP y AFP; periódicos El País y El Mundo y The Wall Street Journal ; revista Alto Nivel .