Roma. El incidente protagonizado anoche por el tenista chileno Marcelo Ríos, denunciado por haber agredido a un taxista y a dos policías, supuestamente en estado de embriaguez, ha marcado una cuarta jornada del Masters Series de Roma que, al igual que la del lunes, se ha visto ahogada por la lluvia.
Si bien la aparición del agua no falta cada año a su cita en la primera semana de los Internacionales de Italia de Tenis, lo que no era habitual, al menos en Roma, eran hechos tan tristes como los que ha tenido como protagonista al "chino".
Un jugador chileno, nacido el 26 de diciembre de 1975 en Santiago de Chile, y cuyo tenis es tan genial como día a día aumenta su fama de polémico, de ir "por libre", caprichoso y de ser poco amigo de los medios informativos.
Ríos, que ha logrado 16 títulos a lo largo de su carrera deportiva, entre ellos el propio de Roma en 1998, cuando no se presentó a disputar la final el lesionado español Albert Costa, que previamente fue finalista en 1997 -cayó ante Alex Corrteja- y que en 1998 llegó ser número 1 del mundo tras batir en Cayo Vizcaino a André Agassi, esta vez ha dado más que hablar que nunca. Y ello por cauces no deportivos.
El chileno, que ayer sufrió un duro correctivo ante el español Juan Carlos Ferrero (n.8 del torneo), que se impuso por 6-1 y 6-3, según las informaciones policiales estuvo tomando "una copa de más" junto a otras cuatro personas en una de las zonas más turísticas y típicas de Roma: el barrio del Trastévere.
Un barrio lleno de restaurantes, bares, que antaño era el lugar elegido para habitar los artistas y literatos y que respira el "sabor" entrañable de la Roma de principio de siglo.
Ríos, según la versión de la policía, en estado de embriaguez, junto a sus cuatro acompañantes, en horas de la madrugada agredió a un taxista que rehusó llevar a los cinco y, tras la llegada de dos agentes del orden, se resistió a ambos e, incluso, también los agredió.
Ello le ha costado, de momento, una denuncia policial por resistencia a la autoridad y agresión, y la apertura de investigación por parte de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), que rige a los profesionales y a los torneos del tenis mundial.
Una actitud que se une a una vida marcada por los extremos: genial con la raqueta cuando está en forma, aclamado en su país, que goza del favor del público femenino, que en Roma es uno de los predilectos cada vez que viene a jugar y que rehusó en los JJ.OO. Sidney'2000 a ser el abanderado de su país en el desfile inauguran en polémica con su federación.
Pero un Ríos también tierno, como evidenció no hace mucho al pedir perdón, en lágrimas, a su entonces novia Juliana por alguna que otra "escapada".
Ahora Ríos, que no ha aparecido por el Foro Itálico y se dice tiene previsto abandonar mañana Roma en dirección a Hamburgo, ha vuelto a tener una nueva "escapada" y esta muy sonora.
En los deportivo, hasta la lluvia, estaba viendo un nuevo festival español, pues Alex Corretja (n.10) estaba ganando al australiano Lleyton Hewitt (n.7), adjudicándose el primer set por 7-6 (7/2) y con ventaja en el segundo, por 4-3 y su saque; y Juan Carlos Ferrero (n.8) barría al francés Julien Boutter, procedente de la fase de cualificación, por un claro 5-2.
En partidos jugados antes de la aparición de la lluvia, se produjo un nuevo adiós de uno de los pocos cabezas de serie que aún quedaban. Fue el francés Sebastien Grosjean (n.12) quien dijo adiós al caer ante el sueco Andreas Vinciguerra, por un contundente 2-6 y 3-6. Un partido con un único dominio y que, incluso, pudo acabar aún con un marcador más apabullante.
La revelación israelí Harel Levy, "verdugo" del estadounidense Pete Sampras y del español Francisco Clavet, sigue sorprendiendo a propios y extraños. Su sueño romano continúa ya que hoy dejó en la cuneta al alemán Nicolas Kiefer, por 6-2 y 6-4, en un encuentro que controló en todo momento.
Lo mismo que sigue en racha el veterano sudafricano Wayne Ferreira, que se impuso a otro de los "niños terribles", el suizo Roger Federer, por 7-6 (7/4) y 6-2. El europeo realizó un pésimo encuentro, envió muchas bolas largas, y por mucho, tiró un par de veces la raqueta y en varias ocasiones mostró su enfado con él mismo.