“Ya no soy más una promesa sino campeón del Abierto”.
Esa frase de Andy Roddick envuelve la importancia del triunfo que obtuvo ayer en la final del Abierto de Estados Unidos, uno de los cuatro torneos grandes de la temporada del tenis mundial.
Con su impresionante servicio, el estadounidense apabulló al español Juan Carlos Ferrero –nuevo número uno del mundo y quien viene de ganar el Abierto de Francia– 6-3, 7-6 (2) y 6-3.
Roddick, preclasificado cuarto, ganó su primer torneo de Grand Slam frente a un Ferrero (tercer favorito) que jugaba su cuarto partido en cuatro días.
El partido finalizó con tres ases seguidos de Roddick, un total de 23 en el partido y 123 a lo largo de todo el torneo.
Entonces dio rienda suelta a sus emociones, acuclillado cerca de la línea de fondo, cubriéndose la cara con las manos para contener las lágrimas. Trepó sobre el pozo de los fotógrafos junto a la cancha para subir a las graderías y recibir abrazos.
Fue la decimo novena victoria consecutiva de Roddick, cuyo récord es de 37-2 desde que tomó como entrenador a Brad Gilbert, el exmentor de Andre Agassi, luego de perder en la primera ronda del Abierto francés.
Roddick nunca había logrado superar los cuartos de final en el Abierto, al perder en esa etapa ante el eventual campeón del torneo en los dos últimos años.
Roddick pasa ahora al número 2 en el escalafón mundial, detrás de Ferrero, y encabeza a la ATP con seis títulos en el 2003.
Roddick tiene 21 años y Ferrero 23, lo cual los convierte en los finalistas más jóvenes desde que Pete Sampras venció a Andre Agassi en 1990.
“Hoy (ayer) no jugué mi mejor tenis”, dijo Ferrero. “Pero Andy jugó tan bien, con sus saques increíbles, que no pude hacer mucho”.
Si el español parecía desganado, se debió probablemente a que es el primer hombre en los 35 años del Abierto que juega cuatro partidos en cuatro días en un Grand Slam. Para Roddick era el tercer día. Su partido por la cuarta ronda finalizó el miércoles, un día antes que el de Ferrero.
Y Ferrero a veces parecía distraído, por ejemplo cuando olvidó que debía cambiar de lado en la cancha después del primer game del segundo set.
No movía bien los pies y ese es uno de los secretos de su juego: lo llaman Mosquito por su manera de correr la cancha.