
Parece mentira, pero el principal enemigo de los seleccionados nacionales de futbol no son los rivales que enfrentan en una competencia deportiva. El obstáculo mayor es, precisamente, el pésimo estado de los terrenos de juego en los cuales celebran sus entrenamientos o partidos.
Así se desprende de un reciente estudio sobre la causa principal de las lesiones en el presente año de los integrantes de los cuatro equipos patrios -Infantil, Juvenil, Olímpico y Mayor-, elaborado por la Comisión Médica de la Federación Costarricense de Futbol (Fedefut).
De los 96 jugadores lesionados en lo que va del año, el 37,50 por ciento sufrieron esguinces -torcedura violenta de una articulación- de tobillos, que se clasifican en grados uno, dos y tres, según sea la severidad de su trauma que imposibilita o no el movimiento del tobillo.
El 47,91 por ciento de los casos registrados -46 jugadores- provienen del seleccionado juvenil, pero el dato se explica por su mayor actividad internacional y a que las prácticas las realizan de lunes a viernes en campos inadecuados.
Veintisiete jugadores se atendieron en la Infantil (28,12 %), 18 en la Olímpica (18,75 %) y apenas 5 en la Mayor, que intervino en la Copa de Oro de febrero pasado, en Estados Unidos.
"El futbol es un deporte de contacto y de roce físico permanente, pero la lesión número uno en las selecciones es en el tobillo. La mitad de los casos detectados allí, se produce cuando se tuercen por los huecos y `pellucones' que existen en la mayoría de nuestras canchas de futbol".
La explicación del Dr. Willy Gálvez, médico de la Fedefut, sostiene que la otra mitad de las lesiones en el tobillo se presentan cuando se corre a máxima velocidad o simplemente trotando, además de aquellos saltos de los jugadores, cuando, al caer, no se apoyan bien en el terreno de juego.
Y de inmediato apuntó un dato curioso: "El 93 por ciento de estos esguinces son en el tobillo derecho, porque la mayoría de los seleccionados dominan, naturalmente, el pie derecho".
El tobillo, además, es víctima de estos traumas debido a que la mayoría de los jugadores no aprendieron la forma adecuada de vendarse. "Hemos tenido que darles clases a los infantiles... El vendaje apropiado es importantísimo aquí, para prevenir o minimizar las secuelas de un esguince de tobillo".
Entre golpes y rodillas
En segunda posición están los traumas, con 31,25 por ciento, que se dividen, en su orden, en golpes de hueso contra hueso o los directos contra un hueso, aparte de otros severos en los hombros, dedos, codos, ligamentos y tendones.
"El hueso más afectado es el de tibia y peroné, debido a que sigue siendo el punto de mayor contacto de un jugador de futbol", explicó el galeno.
Al profundizar sobre los traumas, Gálvez como ejemplo las heridas más frecuentes que padecen los guardametas, en las articulaciones de hombros y dedos, debido a los choques frecuentes que sufren, las patadas que reciben, los balones que pegan y a los saltos que hacen en pos de la pelota.
El esguince de rodilla, que compromete los ligamentos que la estabilizan, se coloca en un tercer puesto en este ránking de lesiones, con 15,62 por ciento.
"Notamos que en invierno la incidencia de estos esguinces se incrementa, en especial en jugadores con taco de tornillo. ¿Por qué? Porque al ser cambiable, queda apoyado contra el piso y un golpe en la rodilla es nefasto".
Y, en un porcentaje menor, están los desgarros musculares -la masa se abre o se separa, por golpes directos-, las pubalgias -una sobrecarga física- y las lumbalgias -dolores en la espalda-.
Esta tendencia estadística, dijo, no varió en los dos años anteriores, en que arrancó el proceso de la actual Comisión Médica. "Lo que es inevitable son las causas que se salen de la medicina deportiva o la preparación física: el mal estado de las canchas. Son contadas las que están en óptimas condiciones. Las mejores que hemos visto son las de pueblo, que son excelentes".
Willy Gálvez destacó que un dato que no se pudo verificar, científicamente, es si los jugadores que no gozan de sus vacaciones, tienen más tendencia a lesionarse que aquellos que sí las tuvieron.
La Nación tuvo acceso a buena parte de los casos tratados por el cuerpo médico federativo, pero por razones éticas con el paciente, el doctor Gálvez pidió la reserva de los nombres de estos 96 seleccionados.
Mejor prevenir
Gálvez resaltó, en este punto, la labor de prevención de lesiones, que se impulsa en los seleccionados. La razón, dijo, es una coordinación estrecha entre los médicos de la Fedefut con los jugadores, preparadores físicos y directores técnicos, para reforzar -en las prácticas- las zonas más propensas.
"Los desgarros por golpes bajaron dos o tres puntos porcentuales, con respecto a otras épocas. Eso demuestra que el trabajo físico actual produce un tono muscular más fuerte en los futbolistas y, por consiguiente, son más tolerantes al riesgo de sufrir traumas sobre el músculo".
Según Gálvez, solo el 2,08 por ciento del 100 por ciento de la población explorada -96 figuras- necesitó una intervención quirúrgica con el Dr. Carlos Palavicini, presidente de la comisión federativa, para volver a la actividad.
El 81,25 por ciento de los lesionados, mientras tanto, se recuperaron en cuatro días con fisioterapia, por medio de tratamiento con láser, ultrasonido, aguas turbulentas y parafina (resina medicamentada).
Y el 16,66 por ciento de ellos requirieron entre dos o tres días para corregir el problema y curarse del todo con medicamentos, siendo los más utilizados los analgésicos y los antinflamatorios. "Los gastos médicos empleados en estos casos son asumidos en su totalidad por la Fedefut", aclaró Gálvez.
En tanto la Fedefut y los clubes deben procurar una alta inversión económica para mejorar el estado de los terrenos, queda claro que un trabajo específico en los entrenamientos combatirá las lesiones en un alto porcentaje.
"Muchos, por la calentura de jugar, se quedan callados y no le toman importancia a ciertos dolores y el resultado es nefasto. Deben ser conscientes de que un partido no es la vida, pero que tal vez cuidarse una semana, puede significar jugar sin problemas unos seis años más", concluyó el doctor Gálvez.