Detrás de una fachada sobria y distante, Ildo Maneiro no esconde más que una personalidad sencilla.
Nacido en el Barrio Oeste del Departamento de Soriano, en Mercedes, Uruguay, el actual entrenador del Club Sport Herediano es de esas personas que evitan ser el centro de atención, aunque la profesión que escogió lo ponga en esa posición.
Pelo castaño, de carrera a medio lado, pantalón casual y camisa manga corta que combinan perfectamente, delatan la seriedad con que este suramericano de 46 años asume cada reto de su vida, y entre ellos las entrevistas.
“No soy tosco, aunque sí me considero distante. Me gusta hablar con el jugador y analizar las cosas, valoro mis decisiones y por ello es que pienso mucho antes de tomarlas”, dijo Maneiro, sentado en el jardín principal del hotel Torremolinos.
Hijo de Eduardo y Albertina, Ildo Enrique Maneiro Ghezzi, es uno de cuatro hermanos que se criaron sin televisión y en un hogar bien humilde.
A pesar de que a los 11 años ya formaba parte del Independiente de Mercedes, no fue hasta los 16 que dejó los estudios secundarios para dedicarse al futbol profesional.
“Fui al Nacional de Montevideo y era su jugador más joven, gané cuatro títulos nacionales, una Copa América, una Intercontinental y una Panamericana”, recordó.
El futbol y la vida
De principios familiares arraigados, Manerio se considera un hombre al que el futbol hizo crecer rápido y le abrió las puertas del mundo.
“En el futbol uno madura muy de prisa, con experiencias fuertes y muchas veces los jugadores no tienen el nivel intelectual que les ayuda a sobrellevar esa presión”.
En el caso de Maneiro, las noches de fiesta no estaban en la agenda de su comportamiento.
A los 21 años ya estaba casado con Elisa, con la que tiene cuatro hijos: Eduardo, Sebastián, María Noel y Elisa, y dos nietos.
A pesar de que no suele regalar flores, el romanticismo se le nota cuando habla de su esposa.
“Tengo poco más de un mes de no verla y es la primera vez que nos separamos por tanto tiempo. Lo que pasa es que acaba de nacer nuestro segundo nieto, y no será hasta dentro de unos días que venga a acompañarme”, contó.
Al hablar de futbol con Maneiro, obviamente hay que tocar el tema de su participación con la selección uruguaya que llegó a semifinales en el mundial de México 70.
En esa ocasión enfrentó y perdió por tres a uno ante el Brasil de Pelé, Clodovaldo, Jarzinho, Jerson y Carlos Alberto, considerado uno de los mejores equipos de la historia.
Pero el juego que más quedó grabado en la mente del otrora enganche entre la contención y creación charrúa, fue en cuartos de final, cuando vencieron uno por cero a la Unión Soviética.
“Fue en el Azteca, y, como siempre, ganamos por un gol. Recuerdo que en el regreso a Puebla se me salieron las lágrimas al pensar en mi familia y lo que acabábamos de lograr. Yo era de un hogar pobre, así que pensar en todo eso me hizo llorar”.
Lo que viene
A poco más de una semana de empezar su aventura en el Herediano, Maneiro advierte que su equipo será protagonista y luchará por el campeonato.
Según dijo, la historia de los florenses les obliga a pensar en el título y él tiene los jugadores necesarios para intentarlo.
“A diferencia de Uruguay, donde somos lentos y jugamos con base en la defensa, acá me encuentro velocidad y mucha técnica. Seremos agresivos”.
Tal y como es su presentación personal, así será el manejo t´´actico del Herediano, con orden, pero sin renunciar a la imaginación.
“El tico es bastante técnico pero juega muy en corto, y ello hace que el equipo pierda desplazamiento. Si aprovechamos la técnica y abrimos el partido, vamos a jugar en todo el terreno”.
Por esas vueltas de la vida, el último equipo en el que Maneiro jugó siendo futbolista fue el Progreso de Uruguay, que utiliza el rojo y amarillo en su uniforme.
“El futbol me ha llevado a conocer el mundo y me dio una familia armoniosa, y le estoy agradecido. Ahora estoy acá y el ambiente es bueno, por lo que solo me queda trabajar”.