
Estambul, Turquía. DPA. La selección de Suiza sobrevivió al "infierno" de Estambul y se clasificó ayer por octava vez en su historia a un Mundial de futbol, a pesar de caer por 4-2 ante Turquía en el partido de vuelta del repechaje.
Tras un partido dramático y de alternativas cambiantes, Suiza hizo valer su victoria por 2-0 como local del sábado en el partido de ida, y logró el pasaporte a Alemania 2006 por la regla de goles de visita: es decir que cuando hay empate en puntos y goles anotados, entonces los goles marcados como visitante adquieren doble valor.
De esta manera, el conjunto helvético regresa a un Mundial después de su última participación en Estados Unidos 94, donde cayó en octavos de final ante España.
Turquía, tercera en Corea-Japón 2002, deberá resignarse a mirar el Mundial de Alemania -donde vive una numerosísima colonia de inmigrantes- desde fuera.
Recepción hostil. Ayer Turquía había preparado un ambiente de "infierno" para la visita en el estadio Sukru Saracoglu, gracias a sus enfervorizados hinchas, pero los suizos dejaron helados al anfitrión con un gol al minuto, convertido de penal por Alexander Frei.
Los turcos necesitaban entonces marcar al menos cuatro goles para dejar en el camino al conjunto entrenado por Koebi Kuhn.
Pasó un largo rato hasta que alcanzaron el empate, a los 22', por intermedio de Tuncay Sanli, autor de una tripleta de cabeza y héroe frustrado de la jornada.
Tuncay volvió a marcar -empujó sobre la línea un gran cabezazo del veterano Hakan Sukur- a los 36', ante la fragilidad de la última zaga suiza, y puso a soñar a los turcos, que todavía necesitaban dos goles más para lograr el pase.
El tercero llegó tras un dudoso penal, a los 52', convertido por Necati Ates. Le quedaban más de 40 minutos para lograr plasmar el milagro.
Pero Suiza, con un juego colectivo más atildado, se hizo con el balón y volvió a enfriar el partido.
Y tras desperdiciar un par de oportunidades muy claras, Marco Streller, a los 84', descontó a 3-2 y silenció a los miles de hinchas.
Tuncay otra vez se hizo presente en el marcador, a los 89', pero no habría tiempo para más...
El pitazo final del belga Frank De Bleeckere desató la locura de millones de suizos.