
Raymond González Rivera empezó en el mundo del ciclismo con una bicicleta prestada para liberar estrés; pero para sorpresa de él mismo —y lo dice entre risas—, no resultó tan malo, porque el año pasado hasta ganó carreras junto a Andrey Amador.
Pero después de cruzar la meta y ya cuando el sudor se seca, el ingeniero electromecánico de 29 años regresa a su hogar en La Garita de Alajuela para enfrentar su carrera más exigente: cuidar a un “bebé” que el 29 de abril cumplió 68 años.
Se trata del hombre que alguna vez fue su guía, pero a quien el ciclista hoy ve como si fuese su hijo, aunque en realidad se trata de su propio padre.
“Él lleva ya ocho años con la enfermedad de Alzhéimer y yo lo cuido, junto con la cuidadora que tengo en la casa. Lo que hago es jugar con él, divertirme y chinearlo lo más que puedo. Intento buscarle la comba al palo a los malos momentos”, relató Raymond González a La Nación.
Como don Ramón González Carvajal estaba de cumpleaños, el pedalista tenía que celebrar el momento y colgó un video muy emotivo en su cuenta de Instagram, junto a su amado papá.
“El video no lo hice con ningún fin, nada más estábamos celebrando el cumpleaños con la muchacha que me lo cuida. Me encanta chinearlo y molestarlo en el buen sentido, porque él es como un bebé recién nacido”, apuntó el corredor.
Su papá ya no habla y no camina. Raymond cuenta que si no le dan de comer no puede hacerlo solo. Hay que cambiarle el pañal, bañarlo, alimentarlo y quererlo.
“Lo que queda es chinearlo y darle calidad de vida. Con esa enfermedad es lo único que uno puede hacer, ¿verdad? Darle calidad de vida”.

Raymond estudiaba y trabajaba, cuando notó que a don Ramón se le empezaban a olvidar algunas cosas y se desorientaba. Al notar que algo no andaba bien, decidió llevarlo donde algunos doctores. Le hicieron examenes, el TAC y con todos los estudios que le mandaron le diagnosticaron la enfermedad de Alzhéimer.
“Ahí empezó todo el proceso de hace 8 años para acá, todo el proceso degenerativo, poco a poco se le fueron olvidando los nombres de las cosas, luego se le fueron olvidando las personas, hasta tal punto de que se le olvidó caminar, y ya hasta llegar a quedar así en la camita”, mencionó.
Pero hay alguien a quien don Ramón sí reconoce y es ese joven que desde hace cinco años se involucró en el ciclismo.
“Yo sé que él sí sabe quién soy yo, él sí siente, porque, digamos, si alguien más le dice el nombre él no hace ningún gesto ni nada; pero si la voz mía le habla, él sí reacciona a mover un brazo o a tratar de buscarme con la vista. Entonces estoy totalmente seguro que él sí me reconoce, dentro de lo que cabe”, contó el corredor.

¿Cómo empezó Raymond González en el ciclismo?
Raymond González recordó que durante mucho tiempo solo trabajaba y estudiaba, pero el mundo se le vino encima cuando su padre se enfermó. Lo tenía que cuidar y sentía la angustia de que la plata no alcanzaba.
“Uno entra como en cierto estrés, y al final lo que me sacó el estrés fue el ciclismo. En algún momento algún tío me prestó una bicicleta, empecé a salir a andar en bici y me gustó, y ya luego dejé de pedir prestada una bicicleta y me compré una”, relató.
Cuenta entre risas que como no resultó tan malo, llegó un patrocinio, luego apareció otro y que se fueron dando las cosas hasta que hoy por hoy, lo apasiona el ciclismo.
“Estamos hablando de cinco años para acá, y ha sido un proceso bastante rápido en cuanto a temas de ciclismo, a tal punto de que cuando Andrey Amador se vino para acá, coincidimos e hicimos muchas carreras juntos. Para este año teníamos bastantes planes, pero ya luego pasó lo que pasó (accidente de Amador)”.
Raymond González considera que le va bastante bien sobre la bicicleta y aunque asegura que ese chip de competición se trae y no se puede quitar, él lo usa como para salir del día a día.
“Para liberar estrés y no caer hasta en depresiones, porque imagínese, uno estar ahí todo el día con el papá que lo crió a uno y todo, y verlo ahí que no sabe ni quién es uno. Para mí el ciclismo sigue siendo como desde el primer momento, como esa válvula de escape mía, nada más”, afirmó.
Lo demás, lo recibe con gratitud, pero insiste en que lo hace porque lo apasiona, pero principalmente porque es esa válvula liberadora de estrés del día a día.
“Era un hobby, pero he sido tricampeón nacional de eliminator (XCE), tercer lugar centroamericano en Short Track y en XCO (Cross Country Olímpico), y he ganado bastantes carreras internacionales en MTB, con Andrey, en Nica Challenge, en Arenal Epic y en Panamá estuvimos corriendo también”.

El ciclista trabaja como ingeniero electromecánico en una constructora, que se llama JyJ Electromecánica. Además, sigue estudiando de manera virtual.
“Trabajo en esa constructora y gracias a Dios ellos también son parte de los que me patrocinan en el ciclismo y tengo mucha flexibilidad de horario para poder entrenar, correr, hacer bastante trabajo remoto y poder al final tener buenos resultados”, citó.
En plena entrevista, Raymond González reflexiona y dice que hace ocho años no la pasaba nada bien, pero que hoy sabe que es una bendición poder cuidar a su papá.
“Yo era un chiquillo mantenido en la casa, un universitario mantenido, trabajando, un arrimado en la casa, que tenía un trabajo para echarme la plata encima. Salta lo de mi padre y me estaba volviendo loco.
”De la nada tenía que empezar a pagar los recibos de la casa, comprarle las medicinas, que llevarlo al hospital, y hasta un tiempo dejé la universidad, porque no alcanzaba para todo”, recordó.
Literalmente dice: “Soy papá de mi padre desde casi los 20 años”, contento con el rol, porque no hay nadie más importante que él en su vida.
“Somos felices, sea como sea. No lo tenemos todo, pero no nos falta nada”, concluyó Raymond González.
