París. La eliminación en octavos de final de Chile, Paraguay y México dejó al Mundial de Francia 98 sin el aporte de seis jugadores que durante más de dos semanas acapararon miradas de admiración y en algunos casos de envidia.
Junto con el resto de sus compañeros marcharon a casa para dejar un poco huérfana de calidad a la cita francesa los chilenos Marcelo El Matador Salas e Iván Bam Bam Zamorano, así como el mexicano Luis Hernández y los paraguayos Celso Ayala, Carlos Gamarra y José Luis Chilavert.
Chile sucumbió en octavos ante Brasil por un expresivo marcador de 4 a 1, México abandonó la cita al caer por un apretado 2 a 1 frente a Alemania y Paraguay resignó su posibilidad contra Francia, en partido que se definió en la prórroga y con gol de oro del zaguero Laurent Blanc.
Chilavert (Vélez Sarsfield-Argentina) más que nadie, en su carácter de buen futbolista pero además líder espiritual de una escuadra que vendió muy cara su piel.
"Monsieur Chilavert", como lo denominaron los franceses, se constituyó en el alma de un equipo con pocas luces a la hora de definir, pero sumamente expeditivo cuando de defender se trata.
Por el efecto multiplicador de sus punzantes palabras -el portero no tiene pelos en la lengua- su actuación en Francia 98 se agigantó a punto tal que durante la estadía de los paraguayos El Chila fue referencia ineludible para la prensa y los aficionados.
Junto al corpulento guardameta también brillaron, aunque solo dentro del terreno de juego, los zagueros Carlos Colorado Gamarra (Corinthians-Brasil) y Celso Ayala (River Plate-Argentina).
Fuertes, seguros, impasables en el juego aéreo, Gamarra y Ayala constituyeron la muralla de un equipo que jugó todas sus cartas a la efectividad de su línea de cuatro, la que solo falló una vez: en el gol de oro que Blanc le convirtió el domingo.
Chile aportó de su lado las figuras de Zamorano (Inter-Italia) y Salas, reciente multimillonaria incorporación del club romano Lazio, el primero archiconocido y el segundo haciendo sus primeras armas en el futbol de alto vuelo.
Zamorano tomó para sí la responsabilidad de convertirse en abanderado de su selección, mientras Salas presentaba cartas credenciales con cuatro goles, dos de ellos a Italia.
Por último el mexicano Hernández, apodado como Salas El Matador, también se transformó en goleador de su equipo con cuatro dianas y dejó a su paso por el Mundial la imagen de un jugador extremadamente peligroso.
Aunque las tres selecciones quedaron por el camino aquellos seis jugadores se fijaron en las retinas del público. No seguirán en el Mundial, pero se les recordará porque ayudaron, y mucho, a escribir la historia de la cita francesa.