El artillero saprissista , que lleva cinco goles en seis partidos del Campeonato de Verano, conversó ayer con La Nación sobre su historia, en su casa de Coronado.
Al llegar a Saprissa usted dijo que iba a hacer un gol por partido. ¿Por qué está tan seguro?
Yo dije que profetizaba que iba a ser goleador y que iba a buscar anotar en cada partido. Dios me ha respaldado. Yo no especifiqué anotar en cada juego, pero sí lo busco y Dios me está honrando. Creo que me va a honrar con más anotaciones, y con mayor cantidad en cada partido, dos o tres.
¿Por qué puede profetizar sus anotaciones con tanta certeza?
Porque creo en un Dios y sé que Dios camina conmigo, vive en mí y escucha mi clamor. Sé que se agrada al bendecir a sus hijos.
¿Qué pasa si sus rivales también son muy creyentes?
Dios no es competitivo. Él tiene un paquete para Alejandro Sequeira, otro para otro creyente que sea jugador. La distribución de sus bendiciones solo en su vasta sabiduría las puede manejar. Pero Él me dijo que yo era goleador y me está respaldando.
En el camerino de Saprissa, ¿cómo les lleva este mensaje a sus compañeros?
Los temas salen solos, los jóvenes piden hablar cosas, ‘Ale, qué piensa de esto’. Se trata de ver qué dice la Palabra (la Biblia).
¿Cómo llegarle a un jugador de 20 años para que no caiga en tentaciones y excesos?
Contando el testimonio. Yo pasé por todo eso. Toqué el fondo producto del alcoholismo y el adulterio, y Dios restauró mi vida y la de mi familia. Una vez Restrepo (Carlos) dijo que la fama es una droga, y es cierto. Si vos no la sabés manejar con los principios de nuestro Señor, te arrasa y te despedaza.
¿En qué momento se dio cuenta de que el alcohol le estaba ganando la batalla?
Cuando mi esposa me planteó el divorcio, en febrero de 2006, y yo no tenía equipo por lo mismo.
¿Qué le decían los entrenadores o los dirigentes?
Muchos me quisieron encauzar, pero yo no tuve la capacidad, o tal vez no tuvieron la intensidad para comunicarme el mensaje.
¿Cómo impactaba su rendimiento deportivo ese tipo de vida que llevaba?
Era fatal. No estaba apto para entrenar porque yo trasnochaba. Me alcoholizaba y no podía rendir, el entrenamiento me era cansado, hasta que llegó el momento en que en Saprissa no me pudieron aguantar más. Tuve la oportunidad de ir a Liberia con mi hermano, y no me contrataron por mi mala reputación. Aún así no reaccionaba, pues estaba atado, ahora sé que era un espíritu inmundo que se apodera de la persona.
“Luego de salir de Cartago, como no tenía equipo, tomaba más, entonces mi esposa me dijo ‘Nos vamos a divorciar, ya esto no lo podés manejar’. Busqué ayuda, un amigo que se llama Miguel Arroyo pasó por problemas similares y conoció a Cristo mucho antes. Me dijo que había una solución, que se llama Jesucristo. Oramos y ese día sentí la presencia de Dios.
¿Recuerda la última vez que tomó licor?
Fue poco antes de ese 26 de mayo de 2006, cuando recibí a Dios y Él sacó el demonio del alcoholismo de mi vida. Esa lucha no la podía ganar con mi propia fuerza.
¿Cómo fue al principio para que los equipos le volvieran a abrir la puerta?
Ahí el Señor utilizó a Juan Carlos Arguedas, del Carmen. Me dijo ‘Diay Alejandro, sos un buen jugador pero no tenés una buena reputación’. Yo le dije que tenía dos o tres meses de conocer a Cristo, ya no iba a tomar más.
Ya en el plano deportivo, ¿está en su peso ideal actualmente?
Sí. Lo puedo mejorar, pero tenía años de no mantener este peso, de 84 kilos. Me siento cómodo.
¿Piensa en la Selección?
Claro, si sigo en este nivel tengo fe en Dios de que me llamarán.