
Lo deseo, lo añoro y lo incluyo en mis oraciones diarias. Bueno, exagero, en mis oraciones no. Siempre he creído que a Dios no le importa el fútbol. Y si acaso ve el Mundial no creo que intervenga en demasía. El asunto es que le deseo a la Sele un mundial a lo Brasil 2014 en Rusia 2018, pero encuentro algunas razones para no ilusionarme más de lo necesario.
No es pesimismo. Prefiero llamarlo optimismo reservado con argumentos en la mano. Vamos a ellos:
1. Cuatro años son cuatro años. Bryan Ruiz ya no llega con sus joviales 28 años sino a punto de soplar 33 velitas. Celso Borges ya no es el chavalo que con rebosantes 26 años llegó a correr más de 12 kilómetros por partido. Tan solo cito dos nombres, por mera ilustración.
Sin duda hoy tienen más experiencia, más roce internacional, más confianza en sus condiciones. Y también cuatro años más de edad.
Ojalá pese má s lo ganado que lo perdido -por qué no- pero me cuesta olvidar lo sucedido con la mejor selección tica en una eliminatoria.
La generación del Aztecazo vivió su apogeo rumbo a Corea-Japón 2002 y, si bien no superó la primera fase, propios y extraños se dieron gusto con sus presentaciones (la única capaz de anotarle dos goles al Brasil que a la postre sería campeón). Cuatro años después, ocho de sus mejores jugadores fueron la base del equipo en Alemania 2006, un mundial para el olvido.
Jervis Drummond, Luis Marín, Gilberto Martínez, Mauricio Solís, Paulo César Wanchope, Wálter Centeno, Rónald Gómez y Harold Wallace no lograron repetir la buena presentación del mundial anterior y por poco ocupan la última casilla del torneo (31).
2. Europeos en su charco. Las selecciones europeas juegan mejor los mundiales jugados en su tierra. ¿Por qué? Solo Dios sabe. Pero antes del triunfo de España en Sudáfrica 2010, ninguna selección europea había campeonizado fuera del Viejo Continente.
Aprovecho aquí para disculparme: en la versión impresa de esta columna, un tanto más pequeña, publicada el domingo en La Nación, aseguré que antes del triunfo de Alemania en Brasil 2014 ninguna selección europea había campeonizado fuera de su tierra. Un lector me señaló el error. Se lo agradezco. Una vez corregido, igual la idea se mantiene.
¿Por qué a los europeos les ha costado ganar lejos de casa? Quizás el clima sea uno de los factores. Costa Rica venció a Italia en el bochornoso calor de Recife, en un partido jugado a la 1 p. m., con 29 grados centígrados y 70% de humedad. Esta vez, abrirá contra Serbia en la fresca y parcialmente nublada Samara, según el pronóstico del tiempo. La temperatura máxima pronósticada para ese día, rondará los 23 grados centígrados y sin duda será de unos cuantos menos a las 4 p. m., hora del juego.
3. Alemania es Alemania. Con todo y mi pesimismo (¡perdón!: mi optimismo moderado), confío en que el juego colectivo, la capacidad del Macho Ramírez, el momento de Keylor Navas y la inspiración del algún otro héroe, hagan posible soñar con el pase a segunda ronda. Sobre todo el juego de equipo.
Ahora bien, suponiendo que Brasil clasifique en primer lugar, el boleto de la Sele lo llevaría a octavos de final por la ruta de Alemania, campeona del mundo y una de las selecciones faavoritas junto a España (podría toparse en semifinales) y el mismo Brasil.
Incluso, con el mismo equipo de hace cuatro años, igual de inspirados, con Keylor volando igual, Bryan tocando igual, Celso corriendo igual, eliminar a la escuadra teutona representa un reto de otro nivel. A ver... Alemania no es la Grecia a la que Costa Rica elimnó en penales en Brasil 2014.
4. Solo Dios sabe. Entre los 23 convocados hay rendimientos inciertos. Algunos podrían sorprender gratamente, como Joel Campbell este domingo ante Irlanda. Atrevido, hábil, encarador, acertado en el pase, disipó las dudas generadas por una temporada de pocos partidos y una larga recuperación.
¿Pasará lo mismo con Bolaños? El volante aún debe pasar de estar bien a tener confianza, según el propio Óscar Ramírez.
¿Y Bryan Ruiz? ¿Volverá a convertirse en el gran conductor? A lo mejor, al 10 le caiga de maravillas no haber jugado por varios meses; a lo mejor llega en su punto. Puede ser, a lo mejor, quién sabe.
Ojalá todas las incertidumbres se resuelvan como jugó Joel Campbell este domingo y no sucedió con Gilberto Martínez en el 2006. Pieza importante en el Mundial anterior, llevado a Alemania con rezagos de lesión, tan solo aguantó 66 minutos de competencia.
En términos generales, la Sele presenta casos inciertos para Rusia 2018, si bien me queda claro que nadie le pasará por encima (por lo mostrado en los fogueos, la capacidad del Macho y la experiencia de los jugadores en la aplicación de un libreto).
Tampoco es que me dejo llevar por el 3 a 0 ante Irlanda; si por eso fuera, Suiza, rival de grupo, le empató este domingo a España.

Usted perdone. Yo también deseo que Costa Rica repita los cuartos de final de Brasil 2014, pero esta vez se presenta más difícil el reto. A no de ser que Dios encienda el tele y diga: le voy a Costa Rica.
Posdata: Tampoco creo, como dice la herramienta del diario El País de España que Costa Rica esté para última del grupo. Recién publicamos esa nota y lo añado a esta columna (1:51 p. m.)
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