9 agosto, 2001

Tiene la corpulencia de su padre, el exjugador Álvaro MacDonald, pero lo que lleva en la sangre no es el espíritu defensivo de su progenitor, sino el olfato de los nacidos para el gol, con apenas 19 años.

Anoche el nombre del novato Álvaro Saborío ingresó al libro histórico del futbol mayor como el protagonista clave, por partida doble, de un triunfo laborioso de Saprissa, por 3 a 2, frente a Limonense, un digno rival.

El juego fue intenso y de alternativas. Pero desde el comienzo la iniciativa le perteneció a los morados, por los trazos de Jeaustin Campos y la dinámica de Wálter Centeno.

Los del Atlántico se atrincheraron atrás, con un bloque ordenado y enérgico en la marca, que le cerró todo espacio a gol a los locales.

Saprissa intuyó que así sería y empezó a sorprender con un juego de primera intención, que rindió sus frutos al minuto 9.

Frente a una área poblada de camisetas verdes, el capitán Víctor Cordero recogió un rebote de la zaga rival y, sin pensarlo, la devolvió de seguido.

El receptor fue Saborío, desmarcado al centro. Libre de marcas, sacó a relucir su sangre fría para controlar la pelota y empujarla a la red con clase.

Mientras la presión de Saprissa era asfixiante por los costados, pero sin claridad ni sorpresa, vino un movimiento en contragolpe de los pupilos de Mattera, a los 19 minutos.

El pase profundo de Gutiérrez, para el pique endemoniado de Athim Rooper, otra de las figuras del juego nocturno en el Saprissa. Dejó atrás al asombrado Rándall Row y su definición, casi sin ángulo, fue espectacular para hincar a Lonis.

Saprissa era más en el control de la pelota, pero Limonense, bien plantado atrás, no le permitía ninguna maniobra.

Pero la expulsión de Crístian Escobar, por acumulación de tarjetas, diezmó a los suyos y los puso contra la pared.

Apuesta a ganar

Enrique Rivers, el técnico morado, no estaba satisfecho con las llegadas al arco rival y apostó a todo, con el ingreso de Jorge Ramírez por Esquivel, al comenzar la complementaria.

La sustitución surtió efecto inmediato. Limonense perdió su control defensivo ante un dominio aplanador del Saprissa. El gol de la ventaja era inminente y cayó hasta el minuto 71, cuando el debutante Saborío volvió a hacerse presente en la pizarra con un golazo, típico de los goleadores implacables.

Víquez fue su socio en la jugada. Su acción fue vistosa para hacerle la faena a su marcador Aguilar y centrar al segundo palo para que Saborío la llevara al fondo del marco.

El puntillazo llegó al 81’, con otro gran movimiento colectivo. El centro de Gerald al corazón del área y el cabezazo impecable de Gallegol Ramírez, que no pudo ser atrapada por Grant y la bola se fue adentro. 3 a 1.

La ventaja parecía definitiva, pero Limonense fue honesto con el espectáculo. Su esfuerzo se vio premiado con su segundo tanto, obra de Trino de la O.

Gran juego anoche en Tibás.