El futbol llegó muy tarde ayer, pero valió la pena esperar para gratificarse con un segundo tiempo en el que Santa Bárbara mostró mayor efectividad y venció, con gran dificultad, a Ramonense, 3 goles a 2.
De la primera parte solo se puede decir que fue para el olvido, pues los 22 actores nos mostraron la mejor forma de perder el tiempo y que les paguen por ello.
Escasas emociones que se sintetizan en dos bolas al travesaño, tras sendos tiros de los barbareños Alejandro Sequeira y Max Sánchez.
Por los visitantes solo destacó una hacendoso Geovanni Castro, quien igual defendió que atacó por el carril derecho.
Una primera conclusión: a los delanteros se les olvidó definir cuando están frente al portero o con el marco desguarnecido.
La diferencia se notó en la complementaria, pues dos dos equipos ingresaron con otra mentalidad.
Nada más a los dos minutos del reinicio, el argentino Pablo Gabas recordó cómo se hacen los goles y tras un pase de pecho de Sequeira, venció a Fernando Patterson.
Con este gol “de camerino” arrancó así un festival de buen balompié que contrastó con el marasmo y desgano de la primera parte.
Llegaron las emociones
Ramonense respondió con la mejor arma: se olvidó de preocupaciones defensivas, soltó amarras y atacó sin piedad.
Fue así que a los 56 minutos Wálter Cordero derribó a Whayne Wilson en el área, penal que el uruguayo Alejandro Larrea convirtió en el empate a uno.
Las emociones iban in crescendo , situación propicia para una sociedad con gol: Rayner Robinson y Gabas.
A los 60’ y Santa Bárbara con el control absoluto, el suramericano sirve un pase precioso que el limonense no desdeñó: fue el 2 a 1.
Catorce minutos después revivió la alianza y Gabas, en tiro de esquina, se la puso en bandeja a Robinson, quien en un despiste defensivo visitante, aprovechó para el 3 a 1.
El dominio barbareño era agobiante y nada parecía resucitar a los poetas, pero Wilson y Larrea respondieron con otra sociedad. El charrúa recordó sus años con Saprisssa y le puso un pase perfecto a la cabeza de Whayne.
3 a 2 en favor de Santa Bárbara, pero el rancho ardía porque Ramonense encontró un segundo aire y atacaba sin piedad.
Entonces, se vivieron los mejores pasajes de buen futbol, con los poetas embravecidos mientras los barbareños solo atinaban a defender la diferencia en la pizarra.
Dos remates de Juan Luis Hernández Leal y uno de Gustavo Hernández –ambos ingresaron de refresco–, pudieron decretar el empate.
Una última reflexión: ¿Por qué esperar al segundo tiempo para apurar el paso y brindar emociones a unos fieles (y fiebres) aficionados que pagan el tiquete y esperan salir satisfechos con el espectáculo?
Si la segunda parte fue un dechado de destreza y filigrama, ¿acaso cuesta tanto dar la receta desde el comienzo?
La respuesta hará mejor nuestro futbol y llevará más gente a los desolados estadios.