
Guadalajara. Cuando Roy Myrie anotó el primer gol de Costa Rica ante Jamaica liberó la angustia del peso de un cero inmenso. De paso, también dio rienda suelta a un cúmulo de sentimientos que se agolparon de pronto, tal y como lo hicieron sus compañeros en el rito de la celebración.
“Para mí ese gol significó mucho por todo lo que he pasado cuando me lesioné de la rodilla, por eso lo primero que hice fue agradecerle a Dios el que me haya dado la oportunidad de anotar”, expresó el lateral, perteneciente a L. D. Alajuelense, ayer tras la sesión matutina de la Sub-23.
Después de ese agradecimiento, una seguidilla de dedicatorias gobernaron los siguientes instantes a la sensación de ese primer tanto, marcado al minuto 67 de juego –volvió a figurar en la pizarra en el 73’–.
“Pensé en mis padres (Roy y Maritza) y en mi novia (Pamela)”, confesó este muchacho nacido el 21 de agosto de 1982, quien llegó a la Liga por una gestión de Carlos Chamberlain, quien se lo recomendó a Rafael Ortiz, actual presidente de los tetracampeones nacionales.
“Ese señor Chamberlain me ayudó mucho. Él me hizo el favor de llevarme a la Liga, es un equipo al que le estoy muy agradecido”, recordó Myrie durante la entrevista sostenida en el lobby del hotel Presidente Intercontinental.
El inicio
Oriundo de Puerto Viejo (Limón), pasó la prueba con el juvenil especial de Gerard Lalo Chavarría, pero se topó con la dificultad que no tenía en dónde quedarse.
“No tenía un apartamento y era difícil que me dieran uno en el cual vivir”. Sin embargo, a partir de que fue llamado al proceso de la selección juvenil de Carlos Watson, la que fue al Mundial de Argentina en el 2001, las cosas cambiaron y pudo poner en marcha su proyecto de convertirse en jugador de futbol.
Si usted habla con Myrie se encontrará a un muchacho muy calmado, que no niega la palabra y que piensa bien lo que dice. Pero, como suele suceder, en la cancha las cosas son diferentes.
“Yo soy una persona callada, pero cuando juego meto ‘mucha pata’. No diría que soy uno de los líderes porque soy callado”.
Anotador por partida doble, no cede a la tentación de celebrarse a sí mismo, aunque lo disfrutó.
Como el lunes, ponderó el trabajo de equipo y ayer le agregó un agradecimiento a José Villalobos por la habilitación para ese segundo tanto.
“Cuando metí ese gol fue la locura. Hacer dos goles en un torneo tan importante era algo que no me imaginaba, pero se tiene que rescatar la jugada de Villalobos. ¡Fue una jugadota!”.
Es aficionado al reggae y la salsa, aunque no se confiesa bailarín. Le gusta el rice and bean, pero espera prepararlo algún día (“los domingos mi mamá es titular para eso”).
¿Qué le falta para llegar más lejos? “Experiencia”, contesta sin asomo de duda.
Y en ese camino está.