Alajuela. La afición rojinegra montó el festejo cuando Wílliam Mattus largó el pitazo final. Broche del partido y arranque de la celebración. Tres a uno en los cartones ante el incómodo Cartaginés, un contendiente que suele convertirse en jaqueca cada vez que el equipo disputa algo importante.
Alajuelense es el subcampeón del Torneo de Apertura y se imponía celebrar porque Herediano, el otro competidor por el liderato, finalmente quedó en el camino.
Noche fresca y de buen futbol.En los albores del cotejo, la Liga progresó en los movimientos que le dieron los espacios para asegurar la pelota, el control del partido y, principalmente, la rapidez para poner el balón en el área de enfrente. Sobresalió la Pantera Smith, un "tren-bala" destapado por la derecha, en frecuente diálogo con el colombiano Perea.
Escenario de gol
Fue el suramericano quien montó el escenario para el 1 a 0. Habilitado en profundidad, por el costado izquierdo del área blanquiazul, cayó víctima de una falta. Tiro libre. Trallazo de Miso al costado izquierdo de Hermidio Barrantes. ¡Gol¡ El festejo rojinegro se instaló en la tribuna, pero Vinicio Alvarado, de cabeza, puso el 1 a 1, al enderezar sobre puerta un saque de esquina de Marco Tulio Hidalgo. Todo esto en los minutos 5 y 8. Buen presagio para el futbol.
A partir de entonces, el choque creció en intensidad. Mejor la Liga porque encaró el partido con una filosofía futbolística definida: toque, desmarque, circulación. Cuidado celoso de la pelota y su destino. Gracias a López, Arnáez y Guillén, el cuadro roninegro se adueñó del balón y lo administró con una dinámica imprescindible: de primera, localizando al compañero y pasando enseguida a buscar un espacio libre para convertirse en nuevo receptor.
Y se desgranó, entonces, el rosario recurrente de ocasiones perdidas. Primero Perea, que obligó a Barrantes a un desvío espectacular, luego Guillén, con un par de bólidos, después Wílmer... de nuevo Nisson.
Cartaginés le guardó fidelidad a la tradición y perturbó cada vez que pudo. Con Mullins, una gacela lanzada en velocidad, que obligó al Capataz Enrique Smith a sacar lo mejor de su repertorio; con Jéwisson Bennett, desperdigando rivales por el camino; con Marco Tulio, inquieto, punzante, encarador, en permanente duelo con la Pantera.
Sin líder
A Cartaginés le faltó personalidad y un caudillo atrás. Un hombre que serene, que con un grito ponga las mentes y los cuerpos en cero para volver a empezar. Se vio mal en este sector porque el líbero, Sánchez Lazo, no manejó bien los principios de tiempo y distancia, y tuvo muchos dolores de cabeza con el eslovaco Miso.
En el medio, López sacó una buena faena. Marcó de cerca a su hermano Wílmer, en lo que los aficionados llamaron el "duelo familiar".
Para el complemento, la Liga sorprendió con el gol decisivo de Luis Marín al minuto 58. Arnález cobró un tiro libre desde la derecha. La pelota sobrepasó a un complaciente Hermidio Barrantes, que no tuvo más remedio que pagar su error con el viaje a los mecates para sacar la pelota.
Cartaginés se desinfló porque Hárold, a diferencia del primer tiempo,
fracasó en su función fundamental de administrar el juego, regular el ritmo, hacer la pausa y manejar los tiempos. Defraudó en la tarea de frenar, tener panorama, equilibrar. Se perdió en la imprecisión y el equipo lo resintió.
La Liga puntuó más y vino el 3 a 1. Enrique Smith puso un balón alto al corazón del área blanquiazul. Hermidio salió por la pelota, la soltó y Wílmer la envió a la red. Hasta ahí llegó Cartaginés.
Revitalizado con los cambios de Hárold Wallace, Johnny Cubero y Giovanni Hidalgo, que le proporcionaron llegada por el costado derecho, control en el medio y peso en el eje de ataque, Alajuelense allanó el camino para el festejo.
Por eso, cuando Mattus largó el pitazo final, la hinchada rojinegra redondeó en las gradas la fiesta que habían augurado los goles decisivos de Marín y López.