Madrid . La estrella de Roberto Baggio vuelve a brillar y el Inter de Milán se ha tenido que tragar la soberbia de considerar acabado al gran delantero italiano que despidió a España del Mundial de Estados Unidos de 1994.
A sus 34 años, Baggio está viviendo una segunda juventud en las filas del modesto Brescia después de pasear su calidad futbolística por los tres equipos más grandes de la historia del "calcio" italiano, nada menos que Inter, Juventus y Milán, y por Vicenza, Fiorentina y Bolonia.
"Il codino", el apodo que se ganó por llevar el pelo recogido en una coleta (codino en italiano), ha vuelto a interesar al seleccionador, Giovanni Trapattoni, que acudió ayer, domingo, a Brescia a observar a Baggio en el partido contra el Lecce.
Lástima que Trapattoni se marchara del estadio a 10 minutos del final cuando el Brescia perdía uno a cero. Porque fue en los minutos de prolongación cuando "Robi" empató el encuentro.
Fue un gol muy especial porque hizo que el Brescia sume su vigésimo partido sin perder y porque elevó la actividad goleadora de Baggio en la Liga a 172 tantos, los mismos que el argentino del Roma Gabriel Batistuta.
Además, Baggio celebraba el primer aniversario de su debú con el Brescia (16 de septiembre de 2000), después de que el Inter lo dejara en la estacada hasta el punto de que tuvo que entrenarse por su cuenta mientras buscaba equipo.
El fichaje por el Brescia, un recién ascendido, fue una apuesta arriesgada, pero no pudo salirle mejor al "verdugo" de España en los cuartos de final del Mundial de 1994, cuando se escapó de la defensa, sorteó a Zubizarreta y anotó el gol de la victoria (1-2).
En su primera temporada con el Brescia, jugó 25 partidos y anotó 10 goles para situar al equipo en un inédito séptimo puesto y eliminar al Juventus de la copa Italia.
"Quien me consideraba un jugador acabado, que no aguantaba los 90 minutos, tendrá que tragárselo todo", declaró Baggio seguramente pensando en su entrenador en el Inter, Marcello Lippi, con el que mantuvo serias discrepancias.
Curiosamente Baggio salvó la cabeza de Lippi al final de la temporada 1999-2000 al meter en mayo al Inter en la Liga de Campeones en el partido de desempate con el Parma (1-3, dos goles "mágicos" de Robi).
Baggio demostró en ese partido que, en un futbol donde predomina lo físico, la genialidad y la técnica son casi siempre determinantes.
"Baggio es un espectáculo sólo cuando no es tu adversario", dice con razón el entrenador del Lecce, Alberto Cavasi.
España y otras selecciones probaron esta máxima de Cavasi en el Mundial de Estados Unidos.
Aquella Italia dependía tanto de Baggio, su máximo goleador en ese Mundial, que lo hizo jugar en malas condiciones físicas ante Brasil en la final y hasta dejó en sus botas el penalti decisivo en la final con Brasil. Agotado, falló.
Había comenzado el Mundial en baja forma e incluso la prensa discutió si era oportuno que fuera titular. Arrigo Sacchi cortó la discusión: "Baggio es un capital" del futbol italiano.
La derrota ante Brasil pesó como una maldición en la historia de triunfos de Baggio. Volvió a pasarle en los cuartos de final del Mundial de Francia. De nuevo la lotería de los penaltis. Baggio anotó esta vez el primero, pero fallaron Albertini y Di Baggio. Italia eliminada por Francia.
Acostumbrado a luchar contra las lesiones y las polémicas, Baggio coloca de nuevo su meta en el Mundial del próximo año. "Es el último objetivo de mi carrera, luego dejaré el futbol".
Si Trapattoni, que fue su entrenador en el Juventus, cuenta con él, será sin duda la última oportunidad que tendrá el mundo de contemplar a uno de los jugadores de mayor calidad de los últimos tiempos.