
La jornada estuvo a punto de fracasar. Los fuertes vientos que azotaban Tilarán el sábado en la mañana hicieron pensar lo peor.
Los participantes de esta Clásica no se asustaron y pusieron rumbo al sur del embalse.
Pasaron por Tronadora y río Chiquito, hasta llegar al poblado El Castillo, en las propias faldas del volcán Arenal.
El calor corporal, el plateado lago y el profundo bosque hicieron de la lluvia un aliado y casi todos disfrutaron del baño natural.
Niños, mujeres, adultos mayores, jóvenes, grupos de amigos, familias completas. Esos fueron los protagonistas de este recorrido anual de 137 kilómetros.
Fue fácil destacar la presencia de visitantes centroamericanos, estadounidenses y europeos.
La holandesa Liz Bismark contó que el año pasado para estas fechas, en su primera visita a Costa Rica, leyó sobre el evento, alquiló una bicicleta e hizo el recorrido.
Este año convenció a su novio a venir y con ellos trajeron sus bicicletas desde Amsterdam.
Domingo brillante. En la segunda etapa predominó el clima perfecto para la práctica del ciclismo.
Sol suficiente para calentar y fresca brisa fue lo que enmarcó la jornada del domingo, para un pelotón que había perdido un cuarto de sus participantes.
La mayoría quedó fuera por cansancio, lesiones o problemas mecánicos, dijeron los organizadores.
Muy temprano, desde El Castillo los ciclistas se dirigieron hacia la represa y empezaron a bordear el lado norte del lago, pasando por Nueva Arenal y de ahí a sortear los múltiples huecos en la vía, antes de llegar a Tilarán, de nuevo, a media tarde.
Una vez más esta actividad anual contó con la organización del comité de ciclismo recreativo de Tilarán, que junto a decenas de voluntarios hicieron posible otra exitosa edición.