No podía ser de otra forma. El triunfo más importante en la historia del futbol surcoreano tenía que llegar con un gol de ese calibre, fabricado con una técnica exquisita.
Los anfitriones daban el paso a la segunda ronda con el empate, pero el tanto de Ji Sun Park ratificó la gran labor de su equipo.
Una larga pancarta desplegada en las gradas rezaba "Hiddink: haz que nuestro sueño se haga realidad" , y así lo consiguió el hoy querido técnico holandés.
Portugal, el equipo más goleador en la fase de clasificación europea (33 goles), no tuvo ayer la misma efectividad.
Al principio, las pocas acciones de peligro en ambos marcos respondieron al acuerdo implícito de no hacerse daño.
Los hombres de Hiddink se olvidaron de su ardor guerrero y se unieron en el centro del campo con algunos ataques de compromiso para "lavarse la cara".
Pero Figo no se dio por menos... no es conformista. Buscó el ataque por todas las zonas del campo. Sin embargo, no tuvo un socio en la mediacancha pues Joao Pinto no pudo con la rapidez de los anfitriones.
Su desesperación lo hizo atacar con más fuerza de la necesaria, y al 26í salió expulsado, por falta sobre Chong-guk Song.
Los coreanos no sacaron ventaja de la diferencia de hombres y se ajustaron al mismo esquema de pases sencillos y sin mucho peligro en la medular.
Por el momento la mancha roja que pintó el estadio de Incheon parecía conforme con el desempeño de sus muchachos.
De la calma a la angustia
La tranquilidad con la que terminó el primer tiempo continuó durante los primeros minutos del complemento.
Sin embargo, el ritmo cambió de curso al minuto 65 cuando el portugués Beto también salió expulsado, por doble amarilla.
El árbitro argentino Ángel Sánchez fue demasiado severo con la sanción.
Los lusitanos montaron en desesperación.
Olivera cambió al goleador Pauleta por Nuno Gomes en busca de mayor agresividad en el marco.
A estas alturas el equipo aún estaba clasificado, pero el técnico necesitaba asegurar el resultado.
Sin embargo, la lápida cayó cinco minutos después, cuando Ji Sun Park hizo poesía con el balón y el verso lo concluyó con un gol digno de recordar.
Recibió un pase largo con el pecho, bajó la pelota con la derecha, se hizo un autopase para burlar a un rival y remató con la izquierda... ¡golazo!
La mancha roja se incendió y la algarabía fue incontenible.
Los portugueses debían anotar para seguir con vida, pero ¡qué difícil fue con dos hombres menos! Figo resintió el cansancio y le fue difícil movilizarse en la cancha.
Entonces, Sergio Conceiçao tomó las riendas de la ofensiva apoyado por Gomes.
Aún con el riesgo de sufrir los peligrosos contragolpes de los coreanos, estuvieron a punto de marcar en dos ocasiones: una mal lograda con un fallo increíble de Nuno Gomes y otra con el impacto en el poste tras un disparo de Sergio Conceiçao.
La llamada "generación de oro" del futbol portugués fracasó de nuevo en la alta competición de selecciones.
Sergio Conceiçao lloró sin consuelo, lloró como un niño sentado en el césped del estadio Munhak.
Ahí mismo, los coreanos desataron su fiesta teñida de rojo.
Corea cree y crece.