
Nunca se da por vencido. Es un luchador permanente, que no desmaya y que, a sus 69 años recién cumplidos, lo convierte en todo un ejemplo a seguir para los jóvenes, aunque se niegue a aceptar esa realidad.
“No encuentro que sea un ejemplo. Es una filosofía de la vida. Es bonito mantenerse activo, aprendiendo. Mientras pueda hacerlo, nunca dejaré de tirar”, respondió con firmeza, cuando La Nación lo abordó anteayer, en el polígono de La Sabana, San José.
El incansable Hugo Chamberlain Trejos está más vigente que nunca, pues a comienzos de este mes se adjudicó dos campeonatos nacionales de tiro al blanco, en las modalidades de rifle tendido ( match inglés) y rifle en tres posiciones (tendido, rodilla y de pie, con 40 disparos en cada posición).
No es ningún improvisado. Acaba de cumplir 50 años en esta tradicional disciplina. Su dilatada carrera recoge Juegos Olímpicos, Mundiales, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.
“No sé por qué otros se retiran. Yo sigo en esto. Me gusta. No lo hago mal y puedo enseñar algo, no como un entrenador europeo o americano. Pero algo he aprendido en estos 50 años de estar tirando. He leído muchísimo, visto muchas películas y he conseguido tanta información en Internet”.
Pasión sin límites
A su familia siempre le gustó el tiro. Su padre le explicó sus secretos a los nueve años. “Fue en la finca de mi abuelo en la Línea Vieja, entre Siquirres y Guápiles. Teníamos rifles para matar los ‘bichos’ que eran plaga para el cultivo. Empezó como cacería, pero me fascinaba disparar a larga distancia a las piedras”.
Después, con 12 años, se fue a estudiar a un colegio de secundaria en Nueva York (EE. UU.), donde asistió también a las galerías de tiro. “Encontré que era mágico disparar muy largo, para quebrar una bombilla o botar un patillo de madera”, especificó don Hugo.
Su primera competencia oficial fue en una Semana Universitaria, en 1953, aunque su primer triunfo se dio en un torneo nacional de principiantes de rifle de pie, a 50 metros, en el 55.
El josefino ubicó su primera medalla en el Torneo Centroamericano de 1961, en Guatemala, como el título más significativo de su carrera. Otro momento que no olvida es cuando impuso un récord del istmo en los Juegos 1977 de El Salvador.
Su peor momento fue en la Olimpiada de Montreal 76. Arrancó bien en la eliminatoria, pero al día siguiente todo se derrumbó. “Empecé nervioso y boté muchos tiros. No quedé de último, pero fue una desilusión, porque me preparé bien pero tuve mala suerte y fallé mentalmente. No estaba preparado para estar tan cerca de los mejores del mundo”.
Con su eterna juventud, nació para ganar 40 cetros locales en tres posiciones y 24 en tendido, además de dos marcas: 591 puntos en tendido (1992) y 1.108 en tres posiciones (2001).
¿Cuál es el secreto de su vigencia?, se le preguntó. “La fiebre. No he perdido la ilusión. Siento entusiasmo. Soy un luchador con carácter, cabezón, persistente y con capacidad de análisis. Tal vez nunca sea un gran vencedor, pero por lo menos no me sentiré revolcado”.
Su respuesta fue sincera, aunque sabe que ya no le dedica al tiro las 20 horas semanales, como lo hizo en los años 70. Ahora entrena mucho menos: unas 12 horas por semana.
Insistió que no tiene fecha para su retiro. “Sueño con estar en el Mundial del 2006 en Zagreb, Croacia. Quizás deje de tirar el día que no me aguante el rifle, pero aún se puede. Si boxeara o jugara futbol, ya me hubiera retirado hace tiempo”.
Así es. Hugo Chamberlain tiene claro el panorama. “Algunos piensan que soy viejo en un juego de chiquitos. El campeón olímpico Lones Wigger ganó a mi edad el campeonato de Estados Unidos y dijo: ‘contra la juventud y la habilidad, la vejez y la sagacidad siempre vencerán’. Yo lo aplico también, aunque sé que gané escasamente a mis rivales”, subrayó el viejo tirador de 69 años.