Silencio (Quepos). A Guillermo Guardia se le mira trabajar con un incansable entusiasmo. Ordena, grita, corre, juega. Suda. Es la actitud de un técnico que sabe que en el afán del entrenamiento está la ciencia de la superación.
A su Pérez Zeledón, que lo sabe modesto, lo quiere en una real y férrea lucha por el cuarto puesto en el próximo Torneo de Apertura.
La clave está en hacer de la casa un hogar de victoria. Y junto a ello, un reto enorme como escalar el Cerro Chirripó que precede al Valle de El General: cambiar la actitud conformista de sus muchachos por una más positiva. Por una actitud de ganadores.
Guardia, en sus tiempos de jugador, aprendió que en el Saprissa o en Alajuelense ser segundo no cuenta. En Pérez debería primar esa idea, para que esta los lleve por mejores peldaños que en campañas pasadas.
"Todos los equipos parten con la meta de ganar el campeonato y en esa medida nosotros no podemos renunciar a ella, pero en términos reales aspiramos a un cuarto puesto.
Ese es un buen sitio para nuestro equipo, en la temporada anterior pudimos alcanzarlo", dijo un convencido Guillermo Guardia.
"Quiero a un equipo sólido, que sepa administrar la pelota en los distintos sectores de la cancha y que respete el juego".
Con un grupo sin nombres estruendosos y más lleno de juventud que de experiencia, Guardia se trazó la meta de hacer de su Pérez Zeledón un rival respetable en su patio, para luego ir a afuera a jugar con más soltura, sin la presión de tener que derribar de un solo golpe a uno de los grandes en casa, porque ello implica más riesgos de los permitidos.
Para alcanzar su objetivo, el entrenador generaleño cuenta con un importante factor: la mayoría del equipo que disputó el torneo pasado defenderá otra vez los colores blanquiazules de los Guerreros.
Uno de esos guerreros es Taylor Morales, emblema del grupo, por su larga estancia en Pérez Zeledón, y quien alaba el que se haya podido conservar el equipo en un 95 por ciento.
Solo Róger Gómez y los hermanos Juan Carlos y Freddy Gamboa partieron del club.
Tres jugadores de experiencia y que promovían, cada uno a su modo, un liderazgo silencioso y útil.
En su lugar, Wílberth Pérez retornó a su hogar de siempre, tras un paso insulso por un Cartaginés plagado de contratiempos en el último Clausura.
Con un equipo sin estrellas, Guardia emprenderá la ardua tarea de hacer de Pérez un conjunto aguerrido, agresivo y luchador.
Guardia reconoce, sin embargo, que carece de un número diez en sus filas, por lo que Marvin Chinchilla o Géiner Segura tendrían que asumir las funciones creativas.
Convencido, realista y trabajador: Guardia busca un Pérez Zeledón sin complejos.