Caídas, resbalonazos, favoritos que se quedaban atrás, nuevos que llegaban primero, gritos, emoción y aplausos. Así fue como la primera fecha del Torneo de Verano Microtronics estrenó ayer la renovada pista de bicicross del Parque de la Paz.
Ubicada en uno de los extremos del puente peatonal de ese parque, la pista mide 380 metros, aseguró Fernán González, de la Asociación Deportiva de BMX.
La idea es que los jóvenes deportistas puedan competir en un sitio acorde con las medidas internacionales y estén listos para el Campeonato Panamericano de BMX, a realizarse en abril.
Si bien es cierto ayer hubo una mediana participación, con unos 30 corredores entre los 4 y 25 años, lo que sobró fue emoción tanto en las pista como fuera de ella.
Difícil competencia
Y es que los nuevos 75 metros de la pista dejaron sin aire a más de uno.
Incluso se la vio a palitos para poder triunfar Raúl Leandro, de 18 años, quien fue campeón de la fecha al ganar en la categoría de 17 años y más y élite –fundidas ayer en una sola–.
“Estamos empezando a conocer la pista, pero poco a poco le iremos agarrando el toque. Esta competencia fue complicada pues todos los inicios de algo son difíciles”, aseguró el joven, uno de los posibles representantes de Costa Rica en los Panamericanos.
Leandro prácticamente le arrancó el primer lugar a David Hernández.
¿Por qué? Pues porque Hernández ganó los dos primeros hits (vueltas completas a la pista), mas se sintió mal en el tercero y final y llegó en uno de los últimos lugares. En cambio, Leandro llegó dos veces en segundo lugar y en el tercero sacó fuerzas para llegar primero con sobrada ventaja.
Hernández y Leandro empataron en puntos, pero Leandro logró el primer puesto pues ganó el hit final.
En la categoría de 10 años, el “pique” estuvo entre José Pablo Leandro y Daniel Bejarano. El gran favorito era Leandro; no obstante, Bejarano deshizo todas las apuestas y con fuerte pedaleo se puso a la delantera.
Los adelantamientos, caídas y otros sucesos del bicicross fueron seguidos por los gritos de padres, familiares y amigos. Es más, hubo papás más contentos –y también enojados– que los propios hijos.