A la cita con Pepe Acuña llegó solo por cumplir. Al final de aquel encuentro, Acuña le soltó una de esas frases demoledoras, capaces de cambiar el rumbo de una vida. La de Erick Lonnis cambió para siempre.
Acuña, en ese entonces entrenador del juvenil de Turrialba, le dijo a Lonnis que tenía todas las condiciones para convertirse en el mejor portero del país. El joven Erick rondaba los 18 años no le creyó para nada y se tomó el elogio como lo que era: una cortesía.
La sentencia del desconocido entrenador se quedó en la atmósfera, pero estaba destinada a cumplirse como un mandato inquebrantable del destino.
Hoy, Lonnis es el mejor guardameta de Costa Rica y todavía con muchos desafíos por cumplir, porque el turrrialbeño es ambicioso y soñador.
"Nunca se me olvida, nunca, nunca, nunca. Empecé en esto por José Pepe Acuña. Fui a verlo por vacilar y cuando terminé mi entrenamiento, él me dijo: "usted tiene las condiciones físicas para ser el mejor portero del país". No le creí pero seguí ahí con él. Gracias a ello, jugué mi primer campeonato juvenil, que perdimos, por cierto, en penales, contra Saprissa".
Ese primer encuentro sería proverbial, pero vendrían otros, tan enriquecedores como el primero.
Carlos Watson, a quien conoció cuando jugaba en la Segunda División, le diría una de las mayores verdades de su carrera. "En un futbolista no solo es importante lo físico. El tiene que usar mucho la cabeza para jugar y comportarse", le dijo.
Watson, además, lo convenció de que debía mejorar su contextura física, por lo que lo envió al gimnasio a fortalecer ese campo.
De la mano de aquel impulso inicial y ahora de Watson, el guardameta crecía en silencio. La estadía de dos años en Carmelita, lo dotaría de la experiencia necesaria para dar el salto esperado a un equipo Saprissa, en el que la huella de su último gran arquero Marco Antonio Rojas rondaba el marco morado como un fantasma dispuesto a quedarse a pesar de los adioses.
De los porteros costarricenses, Lonnis es el que posee más juegos clase A, con un total de 43. En la Copa de Naciones es, junto con Rolando Fonseca, el de mayor apariciones con la Tricolor, con 12.
Vocación y disciplina
Aunque Erick decidió tardíamente ser portero, la vocación lo llamaba al arco desde pequeño. Pese a ello, el hoy capitán de la Selección dirigida por Francisco Maturana, hizo sus ensayos como volante en su etapa escolar y colegial.
"En las selecciones del colegio jugaba como volante. Una vez no llegó el portero y me querían poner a mí, pero no me pusieron porque era muy pequeño. Ese día, paradójicamente, perdimos con goles que nos hicieron por abajo".
Lasel Lonnis, su padre, fue arquero. Jugó en Primera División con Turrialba y por conocer lo sacrificado del puesto y lo "injusto", como dice su hijo, pretendía que Erick jugara en cualquier posición, menos de portero.
Cuando su hijo empezó a demostrar que valía la pena el riesgo de ser guardameta, Lasel se animó y se encargó de dirigir los primeros entrenamientos.
"Una vez que tomé la decisión de ser portero, él empezó a entrenar conmigo. El me ayudaba mucho. Yo entrenaba con unos buzos de tela y cuando llovía se volvían pesadísimos. El quería matarme en las prácticas. Le gustaba que uno terminaba bien cansado. Ese esfuerzo, con la ropa mojada, llena de barro, después me sirvió de mucho".
Ahí, en los primeros pasos, Lonnis mostraba una disposición hacia el entrenamiento que más tarde sería uno de sus ángeles.
"A veces la gente, los niños, como me sucedió la última vez, me preguntan que cómo hago para llegar a los ángulos, para ser tan rápido, y les contesto de la misma manera: "hay que entrenarse mucho, de manera que cada músculo del cuerpo ayude a reaccionar rápido y le permita a uno tener un mayor alcance" ".
Convencido
"Al Saprissa llegué con la convicción de jugar siempre bien. Siempre, siempre".
Esa determinación sería crucial en la vida deportiva de Lonnis, quien logró consolidarse en una portería por la que pasaron, después de Marco Rojas, Miguel el Oso Pereira, Miguel Segura, Facundo Leal, Giovanny Ramírez, Alvaro Fuentes, Kurt Kelly, Víctor Monge y Jorge Arturo Hidalgo.
"El momento en que arribé a Saprissa no era fácil porque la gente todavía extrañaba a Marco Rojas. Con el respeto que me merecen, ninguno de los porteros que había pasado después de Rojas había logrado hacer que la afición dejara de extrañarlo. Incluso, uno sentía que la afición deseaba el regreso de Marco.
"Yo sabía que me iba a enfrentar a eso. Sabías otras cosas, pero me propuse jugar siempre bien. Tenía que mentalizarme de que era la persona indicada para el puesto.
"En el Saprissa había que tener carácter fuerte y yo lo tenía".
La determinación que cargó Lonnis resultó fundamental para adueñarse de un marco difícil y complicado como es el de los morados.
"Antes de mí, hubo porteros que poseían todas las condiciones físicas para que les fuera bien. Entonces, me preguntaba qué había marcado la diferencia. Y es cuando creo que fue la preparación psicológica la que me ayudó".
Tras aquel encuentro con Pepe Acuña pasaron varios años, con la ventaja de que la demoledora sentencia del entrenador ya superó las barreras de la incertidumbre.